Capítulo 17 · De la perseverancia de los santos
Texto para la lectura de la iglesia
17.1. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en su Amado, eficazmente llamados y santificados por su Espíritu, no pueden caer del estado de gracia ni total ni finalmente, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán eternamente salvos.
Referencias bíblicas: Fil 1:6; 2 P 1:10; Jn 10:28, 29; 1 Jn 3:9; 1 P 1:5, 9; Job 17:9.
17.2. Esta perseverancia de los santos no depende de su propio libre albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de elección, que fluye del amor libre e inmutable de Dios Padre; de la eficacia del mérito y de la intercesión de Jesucristo; de la permanencia del Espíritu y de la simiente de Dios en ellos; y de la naturaleza del pacto de gracia; de todo lo cual surge también la certeza e infalibilidad de ella.
Referencias bíblicas: 2 Ti 2:18, 19; Jer 31:3; He 10:10, 14; 13:20, 21; 9:12–15; Ro 8:33–39; Jn 17:11, 24; Lc 22:32; He 7:25; Jn 14:16, 17; 1 Jn 2:27; 3:9; Jer 32:40; Jn 10:28; 2 Ts 3:3; 1 Jn 2:19; He 8:10–12; 1 Ts 5:23, 24.
17.3. Sin embargo, ellos pueden, por las tentaciones de Satanás y del mundo, por el predominio de la corrupción que queda en ellos y por el descuido de los medios de su preservación, caer en pecados graves, y por algún tiempo permanecer en ellos; por lo cual incurren en el desagrado de Dios, y entristecen a su Espíritu Santo; quedan privados de alguna medida de sus gracias y consuelos; tienen sus corazones endurecidos y sus conciencias heridas; dañan y escandalizan a otros, y atraen sobre sí juicios temporales.
Referencias bíblicas: Mt 26:70, 72, 74; Sal 51:14; Is 64:5, 7, 9; 2 S 11:27; Ef 4:30; Sal 51:8, 10, 12; Ap 2:4; Cnt 5:2–4, 6; Is 63:17; Mr 6:52; 16:14; Sal 32:3, 4; 51:8; 2 S 12:14; Sal 89:31, 32; 1 Co 11:32; 2 S 12:9, 13; Sal 95:8.
