Capítulo 33 · Del juicio final
Texto para la lectura de la iglesia
33.1. Dios ha designado un día en el cual juzgará al mundo con justicia por Jesucristo, a quien el Padre ha dado todo poder y juicio. En aquel día no solo serán juzgados los ángeles apóstatas, sino que también todas las personas que han vivido sobre la tierra comparecerán ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus pensamientos, palabras y obras, y para recibir conforme a lo que hayan hecho en el cuerpo, sea bueno o malo. Referencias bíblicas: Hch 17:31; Jn 5:22, 27; 1 Co 6:3; Jud 6; 2 P 2:4; 2 Co 5:10; Ec 12:14; Ro 2:16; Ro 14:10, 12; Mt 12:36, 37
33.2. El fin de Dios al designar este día es la manifestación de la gloria de su misericordia en la salvación eterna de los elegidos, y de su justicia en la condenación de los réprobos, que son malvados y desobedientes. Entonces los justos entrarán en la vida eterna y recibirán aquella plenitud de gozo y de refrigerio que vendrá de la presencia del Señor; pero los malvados, que no conocen a Dios y no obedecen al evangelio de Jesucristo, serán arrojados a tormentos eternos y castigados con perdición eterna, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. Referencias bíblicas: Mt 25:31-46; Ro 2:5, 6; Ro 9:22, 23; Mt 25:21; Hch 3:19; 2 Ts 1:7, 8, 9, 10
33.3. Así como Cristo quiere que estemos ciertamente persuadidos de que habrá un día de juicio, tanto para disuadir a todos del pecado como para mayor consuelo de los piadosos en su adversidad, así también quiere que ese día sea desconocido para los hombres, a fin de que se desprendan de toda seguridad carnal y estén siempre vigilantes, porque no saben a qué hora vendrá el Señor, y a fin de que estén siempre preparados para decir: «Ven, Señor Jesús, ven pronto. Amén». Referencias bíblicas: 2 P 3:11, 14; 2 Co 5:10, 11; 2 Ts 1:5, 6, 7; Lc 21:27, 28; Ro 8:23, 24, 25; Mt 24:36, 42, 43, 44; Mr 13:35, 36, 37; Lc 12:35, 36; Ap 22:20
