Bloque 19 · Los sacramentos: el bautismo y la Cena del Señor (P. 161–177)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

Tras la Palabra (Bloque 18), el Catecismo expone el segundo de los medios de gracia: los sacramentos. En diecisiete preguntas, en cuatro movimientos. Los sacramentos en general (P. 161–164): se hacen eficaces no por poder propio ni por la piedad del que los administra, sino por el Espíritu y la bendición de Cristo (P. 161); un sacramento es una santa ordenanza que significa, sella y presenta realmente los beneficios de la mediación de Cristo (P. 162), con dos partes —señal externa y gracia interna— (P. 163); y bajo el nuevo testamento son solo dos, el bautismo y la Cena (P. 164). El bautismo (P. 165–167): el lavamiento con agua en el nombre trino, señal y sello del injerto en Cristo y de los beneficios del pacto (P. 165), administrado a los que profesan la fe y a los infantes de los creyentes (P. 166); y que ha de «mejorarse» toda la vida (P. 167). La Cena del Señor (P. 168–175): el dar y recibir pan y vino que anuncia la muerte de Cristo y alimenta espiritualmente al que comulga dignamente (P. 168–170); con la debida preparación y examen (P. 171), el consuelo del que duda (P. 172), el apartar de los ignorantes y escandalosos (P. 173), y los deberes durante y después (P. 174–175). Comparación (P. 176–177): en qué concuerdan y difieren los dos sacramentos. Lo que el Menor enuncia en siete preguntas (CMe 91–97), el Mayor lo despliega con mucho mayor detalle, sobre todo en la doctrina de la presencia espiritual (P. 170) y el uso pastoral de la Cena (P. 172–175). La Confesión funda estos puntos en sus capítulos 27 (los sacramentos), 28 (el bautismo) y 29 (la Cena del Señor).

Texto catequético

P. 161. ¿Cómo vienen a ser los sacramentos medios eficaces de salvación? R. Los sacramentos vienen a ser medios eficaces de salvación, no por algún poder en ellos mismos, ni por virtud alguna derivada de la piedad o intención de aquel por quien son administrados, sino solamente por la operación del Espíritu Santo y la bendición de Cristo, por quien fueron instituidos.

P. 162. ¿Qué es un sacramento? R. Un sacramento es una santa ordenanza instituida por Cristo en su iglesia, para significar, sellar y presentar realmente a los que están dentro del pacto de gracia los beneficios de su mediación; para fortalecer y aumentar su fe y todas las demás gracias; para obligarlos a la obediencia; para testificar y fomentar su amor y comunión unos con otros; y para distinguirlos de los que están fuera.

P. 163. ¿Cuáles son las partes de un sacramento? R. Las partes de un sacramento son dos: la una, una señal externa y sensible, usada conforme a la institución del mismo Cristo; la otra, una gracia interna y espiritual, por ella significada.

P. 164. ¿Cuántos sacramentos ha instituido Cristo en su iglesia bajo el nuevo testamento? R. Bajo el nuevo testamento, Cristo ha instituido en su iglesia solamente dos sacramentos: el bautismo y la Cena del Señor.

P. 165. ¿Qué es el bautismo? R. El bautismo es un sacramento del nuevo testamento, en el cual Cristo ha ordenado el lavamiento con agua en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, para ser señal y sello del injerto en él mismo, de la remisión de pecados por su sangre y de la regeneración por su Espíritu, de la adopción y de la resurrección para vida eterna; y por el cual los bautizados son solemnemente admitidos en la iglesia visible y entran en un compromiso abierto y profesado de ser entera y exclusivamente del Señor.

P. 166. ¿A quiénes ha de administrarse el bautismo? R. El bautismo no ha de administrarse a ninguno de los que están fuera de la iglesia visible, y por tanto extraños al pacto de la promesa, hasta que profesen su fe en Cristo y obediencia a él; pero los infantes descendientes de padres que profesan la fe en Cristo y la obediencia a él, sea de ambos o de uno solo de ellos, están, en ese respecto, dentro del pacto, y han de ser bautizados.

P. 167. ¿Cómo ha de ser mejorado por nosotros nuestro bautismo? R. El deber, necesario pero muy descuidado, de mejorar nuestro bautismo ha de ser cumplido por nosotros toda la vida, especialmente en tiempo de tentación y cuando estamos presentes en la administración de él a otros: mediante una consideración seria y agradecida de su naturaleza y de los fines para los cuales Cristo lo instituyó, de los privilegios y beneficios conferidos y sellados por él, y de nuestro voto solemne hecho en él; mediante la humillación por nuestra contaminación pecaminosa, por quedarnos cortos de la gracia del bautismo y de nuestros compromisos, y por andar contrarios a ellos; mediante el crecer hasta la certeza del perdón de pecado y de todas las demás bendiciones selladas a nosotros en ese sacramento; mediante el sacar fuerzas de la muerte y resurrección de Cristo, en quien fuimos bautizados, para la mortificación del pecado y la vivificación de la gracia; y mediante el esfuerzo por vivir por fe, por conducirnos en santidad y justicia como quienes en él han entregado su nombre a Cristo, y por andar en amor fraternal, como bautizados por un mismo Espíritu en un solo cuerpo.

P. 168. ¿Qué es la Cena del Señor? R. La Cena del Señor es un sacramento del nuevo testamento, en el cual, mediante el dar y recibir pan y vino conforme a la institución de Jesucristo, se anuncia su muerte; y los que comulgan dignamente se alimentan de su cuerpo y sangre para su nutrición espiritual y crecimiento en gracia; tienen confirmada su unión y comunión con él; testifican y renuevan su gratitud y compromiso con Dios, y su mutuo amor y comunión unos con otros, como miembros de un mismo cuerpo místico.

P. 169. ¿Cómo ha ordenado Cristo que el pan y el vino sean dados y recibidos en el sacramento de la Cena del Señor? R. Cristo ha ordenado a los ministros de su Palabra que, en la administración de este sacramento de la Cena del Señor, aparten el pan y el vino del uso común mediante la palabra de institución, la acción de gracias y la oración; que tomen y partan el pan, y que den tanto el pan como el vino a los comulgantes, quienes, por la misma institución, han de tomar y comer el pan y beber el vino, en agradecida memoria de que el cuerpo de Cristo fue partido y dado, y su sangre derramada, por ellos.

P. 170. ¿Cómo se alimentan del cuerpo y la sangre de Cristo los que comulgan dignamente en la Cena del Señor? R. Como el cuerpo y la sangre de Cristo no están corporal ni carnalmente presentes en, con o bajo el pan y el vino en la Cena del Señor, y sin embargo están espiritualmente presentes a la fe del que recibe, no menos verdadera y realmente que los elementos mismos lo están a sus sentidos externos, así los que comulgan dignamente en el sacramento de la Cena del Señor se alimentan en él del cuerpo y la sangre de Cristo, no de manera corporal y carnal, sino espiritual; pero verdadera y realmente, en cuanto por la fe reciben y aplican a sí mismos a Cristo crucificado y todos los beneficios de su muerte.

P. 171. ¿Cómo han de prepararse los que reciben el sacramento de la Cena del Señor antes de venir a él? R. Los que reciben el sacramento de la Cena del Señor han de prepararse antes de venir a él: examinándose a sí mismos de su estar en Cristo, de sus pecados y carencias, de la verdad y medida de su conocimiento, fe y arrepentimiento, del amor a Dios y a los hermanos, de la caridad para con todos los hombres, perdonando a los que les han hecho mal, de sus deseos de Cristo y de su nueva obediencia; y renovando el ejercicio de estas gracias mediante seria meditación y ferviente oración.

P. 172. ¿Puede venir a la Cena del Señor quien duda de su estar en Cristo o de su debida preparación? R. Quien duda de su estar en Cristo o de su debida preparación para el sacramento de la Cena del Señor puede tener verdadera parte en Cristo aunque aún no esté seguro de ello; y a los ojos de Dios la tiene, si está debidamente afectado por la aprehensión de carecer de ella y desea sin fingimiento ser hallado en Cristo y apartarse de la iniquidad; en cuyo caso (por cuanto las promesas fueron hechas, y este sacramento fue instituido, para alivio aun de los cristianos débiles y dudosos) ha de lamentar su incredulidad y esforzarse por ver resueltas sus dudas; y, haciéndolo así, puede y debe venir a la Cena del Señor, para ser más fortalecido.

P. 173. ¿Pueden ser apartados de la Cena del Señor algunos que profesan la fe y desean venir a ella? R. Los que sean hallados ignorantes o escandalosos, no obstante su profesión de fe y su deseo de venir a la Cena del Señor, pueden y deben ser apartados de ese sacramento por el poder que Cristo ha dejado en su iglesia, hasta que reciban instrucción y manifiesten su reforma.

P. 174. ¿Qué se requiere de los que reciben el sacramento de la Cena del Señor durante el tiempo de su administración? R. Se requiere de los que reciben el sacramento de la Cena del Señor que, durante el tiempo de su administración, con toda santa reverencia y atención esperen en Dios en esa ordenanza, observen diligentemente los elementos y acciones sacramentales, disciernan atentamente el cuerpo del Señor y mediten con afecto en su muerte y padecimientos, y con ello se despierten a un vigoroso ejercicio de sus gracias: juzgándose a sí mismos y doliéndose por el pecado; con un ardiente hambre y sed de Cristo, alimentándose de él por la fe, recibiendo de su plenitud, confiando en sus méritos, regocijándose en su amor, dando gracias por su gracia; renovando su pacto con Dios y su amor a todos los santos.

P. 175. ¿Cuál es el deber de los cristianos después de haber recibido el sacramento de la Cena del Señor? R. El deber de los cristianos, después de haber recibido el sacramento de la Cena del Señor, es considerar seriamente cómo se han conducido en él y con qué fruto: si hallan vivificación y consuelo, bendecir a Dios por ello, rogar su continuación, velar contra las recaídas, cumplir sus votos y animarse a la asistencia frecuente a esa ordenanza; pero si no hallan beneficio presente, revisar con más exactitud su preparación para el sacramento y su conducta en él: en lo cual, si pueden aprobarse delante de Dios y de sus propias conciencias, han de esperar el fruto de él a su debido tiempo; pero si ven que han fallado en lo uno o en lo otro, han de humillarse y asistir después con más cuidado y diligencia.

P. 176. ¿En qué concuerdan los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor? R. Los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor concuerdan en que el autor de ambos es Dios; la parte espiritual de ambos es Cristo y sus beneficios; ambos son sellos del mismo pacto, han de ser dispensados por ministros del evangelio y por ningún otro, y han de continuarse en la iglesia de Cristo hasta su segunda venida.

P. 177. ¿En qué difieren los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor? R. Los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor difieren en que el bautismo ha de administrarse una sola vez, con agua, para ser señal y sello de nuestra regeneración e injerto en Cristo, y eso aun a los infantes; mientras que la Cena del Señor ha de administrarse con frecuencia, en los elementos de pan y vino, para representar y presentar realmente a Cristo como alimento espiritual del alma y confirmar nuestra permanencia y crecimiento en él, y eso solamente a los que tienen edad y capacidad para examinarse a sí mismos.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde a los capítulos 27 (los sacramentos), 28 (el bautismo) y 29 (la Cena del Señor) de la Confesión, y a CMe 91–97. CMa 161 y CMe 91: la eficacia coincide —el Mayor: «no por algún poder en ellos mismos, ni por virtud alguna derivada de la piedad o intención de aquel por quien son administrados, sino solamente por la operación del Espíritu Santo y la bendición de Cristo» (CMa 161); el Menor: «no por virtud alguna que haya en ellos, ni en el que los administra, sino solamente por la bendición de Cristo y la obra de su Espíritu en los que los reciben por fe» (CMe 91)—; el Menor añade «en los que los reciben por fe». CMa 162 y CMe 92: la definición coincide, con variante —el Mayor: «para significar, sellar y presentar realmente… los beneficios de su mediación» (CMa 162; el tercer verbo vierte el exhibere / exhibit del original); el Menor: «Cristo y los beneficios del nuevo pacto son representados, sellados y aplicados a los creyentes» (CMe 92)—. CMa 164 y CMe 93: los dos sacramentos coinciden. CMa 165 y CMe 94: el bautismo coincide —el Mayor más detallado (injerto, remisión, regeneración, adopción, resurrección, admisión a la iglesia visible); el Menor: «significa y sella nuestro injerto en Cristo, nuestra participación de los beneficios del pacto de gracia, y nuestro compromiso de ser del Señor» (CMe 94)—. CMa 166 y CMe 95 / CFW 28.4: a quiénes se administra coincide —el Menor: «los infantes de los que son miembros de la iglesia visible han de ser bautizados» (CMe 95); la Confesión: «No solo los que efectivamente profesan fe en Cristo y obediencia a él, sino también los infantes de uno o ambos padres creyentes, han de ser bautizados» (28.4)—. CMa 168 y CMe 96: la Cena coincide —el Menor: «los que la reciben dignamente son hechos partícipes, no de manera corporal y carnal, sino por la fe, de su cuerpo y de su sangre, con todos sus beneficios, para su nutrición espiritual y su crecimiento en gracia» (CMe 96)—. CMa 170 / CFW 29.7 (con 29.5–6): la presencia espiritual coincide —la Confesión guarda que los elementos «en sustancia y naturaleza, siguen siendo verdadera y únicamente pan y vino, como eran antes» (29.5), contra la transubstanciación—. CMa 171, 174 y CMe 97: el examen y la recepción digna coinciden —el Menor: «que se examinen a sí mismos… no sea que, viniendo indignamente, coman y beban juicio para sí mismos» (CMe 97)—. CMa 167, 169, 172, 173, 175, 176–177: mejorar el bautismo, la administración, el dudoso, el cercar la mesa, el deber posterior y la comparación son propios del Mayor. La armonía es plena: el Mayor desarrolla con amplitud lo que el Menor comprime, y la Confesión funda la presencia espiritual y el bautismo de infantes.

Exposición

Los sacramentos en general (P. 161–164). ¿De dónde viene su poder? «No por algún poder en ellos mismos, ni por virtud alguna derivada de la piedad… de aquel por quien son administrados, sino solamente por la operación del Espíritu Santo y la bendición de Cristo» (P. 161). Dos errores quedan excluidos: el ex opere operato (el sacramento no obra por sí), y el donatismo (su validez no depende de la santidad del ministro). Un sacramento (P. 162) es «una santa ordenanza instituida por Cristo» para «significar, sellar y presentar realmente» los beneficios de su mediación —significar (la señal), sellar (la garantía) y presentar realmente (ofrecer y comunicar a la fe lo significado, no «mostrar en vitrina»: del exhibere latino, exhibit inglés)—; y para fortalecer la fe, obligar a la obediencia, fomentar la comunión y distinguir a los del pacto. Tiene dos partes (P. 163): la señal externa y la gracia interna significada —unidas, pero no confundidas—. Y son «solamente dos» (P. 164): el bautismo y la Cena —contra los siete de Roma—.

El bautismo (P. 165–167). El bautismo (P. 165) es «el lavamiento con agua en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo», señal y sello «del injerto en él mismo, de la remisión de pecados… de la regeneración… de la adopción y de la resurrección para vida eterna», y admisión a la iglesia visible. ¿A quiénes? (P. 166). A los que profesan la fe, y también a «los infantes descendientes de padres que profesan la fe… [que] están… dentro del pacto, y han de ser bautizados» —el bautismo de infantes, fundado en la continuidad del pacto de gracia (CFW 28.4)—. Y el Catecismo añade un deber distintivo y «muy descuidado» (P. 167): mejorar nuestro bautismo «toda la vida» —recordar su sentido, humillarnos por quedarnos cortos, crecer en certeza, sacar fuerzas de la muerte y resurrección de Cristo «en quien fuimos bautizados»—. El bautismo no es un rito que queda atrás, sino una realidad que se aprovecha de por vida.

La Cena del Señor (P. 168–175). La Cena (P. 168) anuncia la muerte de Cristo, y «los que comulgan dignamente se alimentan de su cuerpo y sangre para su nutrición espiritual». El ministro aparta los elementos «del uso común mediante la palabra de institución, la acción de gracias y la oración», y da el pan y el vino a los comulgantes (P. 169) —ambas especies, contra la práctica romana de negar la copa—. El corazón de la doctrina está en P. 170: el cuerpo y la sangre de Cristo «no están corporal ni carnalmente presentes en, con o bajo el pan y el vino» —contra la transubstanciación romana y la consubstanciación luterana—, «y sin embargo están espiritualmente presentes a la fe del que recibe, no menos verdadera y realmente que los elementos mismos lo están a sus sentidos externos» —contra el mero memorialismo, que vaciaría la Cena—. El comulgante «se alimenta… no de manera corporal y carnal, sino espiritual; pero verdadera y realmente». Es la doctrina reformada de la presencia espiritual real: Cristo se da verdaderamente, pero al modo espiritual, recibido por la fe. Sobre esa base, el Catecismo es eminentemente pastoral: exige preparación y autoexamen (P. 171); consuela al dudoso, que «puede y debe venir… para ser más fortalecido», pues el sacramento fue instituido «para alivio aun de los cristianos débiles y dudosos» (P. 172); manda apartar a los ignorantes y escandalosos «por el poder que Cristo ha dejado en su iglesia» (P. 173, el cercar la mesa); guía la conducta durante (discernir el cuerpo, alimentarse por la fe, P. 174) y después (examinar el fruto, P. 175).

Concordancias y diferencias (P. 176–177). Ambos sacramentos concuerdan (P. 176): su autor es Dios, su parte espiritual es Cristo y sus beneficios, son sellos del mismo pacto, los dispensan solo los ministros, y duran hasta la segunda venida. Y difieren (P. 177): el bautismo, una sola vez, con agua, sello de la regeneración, aun a los infantes; la Cena, frecuente, con pan y vino, para confirmar el crecimiento, solo a los que pueden examinarse. La diferencia explica por qué se bautiza a los infantes pero no se les admite a la Cena: el bautismo sella la incorporación (que precede a la fe consciente), la Cena nutre al que ya puede discernir y examinarse.

Usos eclesiales

Este bloque forma el conocimiento de los sacramentos, que la iglesia ha de administrar y recibir rectamente. Donde se enseña bien, la iglesia honra los sacramentos sin idolatrarlos ni vaciarlos: ni magia (ex opere operato) ni mero símbolo, sino señales y sellos hechos eficaces por el Espíritu.

En la catequesis. El Mayor permite enseñar qué es un sacramento y de dónde su eficacia (P. 161–163); los dos sacramentos contra los siete (P. 164); el bautismo de infantes y el pacto (P. 166); el deber de mejorar el bautismo (P. 167); y la presencia espiritual real frente a la transubstanciación y el memorialismo (P. 170). Enséñese el consuelo del dudoso (P. 172) y el cercar la mesa (P. 173).

En la predicación. Predíquese la Cena como verdadero alimento espiritual del alma (P. 168, 170), no como mero recuerdo ni como repetición del sacrificio. Predíquese el autoexamen (P. 171) sin excluir al débil (P. 172): la mesa es para los pecadores que se duelen y desean a Cristo. Predíquese el bautismo como sello del pacto, a aprovechar toda la vida (P. 167).

En la formación. El oficial debe exponer la eficacia sacramental por el Espíritu, no ex opere operato ni por la santidad del ministro (P. 161; CFW 27.3); los dos sacramentos (P. 164); el bautismo de infantes y su fundamento pactual (P. 166; CFW 28.4); la presencia espiritual real (P. 170; CFW 29.7 (con 29.5–6)) frente a Roma, Lutero y Zuinglio; el cercar la mesa por la disciplina (P. 173); y la admisión a la Cena solo de los que pueden examinarse (P. 177), que distingue la Cena del bautismo. Él mismo aparta los elementos y administra ambas especies (P. 169).

Errores que el bloque corrige

  • Eficacia ex opere operato (romana) y donatismo: que el sacramento obra por sí o depende de la santidad del ministro. Responde P. 161: la eficacia es del Espíritu y de la bendición de Cristo.
  • Siete sacramentos (romana): Responde P. 164: solo dos, el bautismo y la Cena.
  • Anti-paidobautismo: que solo los profesantes han de ser bautizados. Responde P. 166 y CFW 28.4: los infantes de los creyentes están en el pacto y han de ser bautizados.
  • Transubstanciación (romana) y consubstanciación (luterana): que el cuerpo de Cristo está corporalmente «en, con o bajo» los elementos. Responde P. 170: «no corporal ni carnalmente presentes».
  • Mero memorialismo (zuingliano): que la Cena es solo un recuerdo. Responde P. 170: Cristo está «verdadera y realmente» presente a la fe, y el comulgante se alimenta de él.
  • Comunión bajo una sola especie (romana): Responde P. 169: el ministro da «tanto el pan como el vino a los comulgantes».
  • Mesa abierta sin disciplina: Responde P. 173: los ignorantes y escandalosos han de ser apartados.
  • Exclusión del creyente débil o dudoso: Responde P. 172: el dudoso puede y debe venir, para ser fortalecido.

Preguntas de estudio

  1. ¿De dónde viene la eficacia de los sacramentos, y contra qué dos errores (P. 161)?
  2. ¿Qué significan los tres verbos «significar, sellar y presentar realmente» (P. 162; el tercero vierte el exhibere / exhibit del original)?
  3. ¿Por qué hay solo dos sacramentos (P. 164)?
  4. ¿Por qué se bautiza a los infantes de los creyentes (P. 166; CFW 28.4)?
  5. ¿Qué es «mejorar» el bautismo, y por qué es un deber de por vida (P. 167)?
  6. ¿En qué sentido está Cristo presente en la Cena, y en qué sentido no (P. 170)?
  7. ¿Puede venir a la Cena quien duda de su fe, y por qué (P. 172)?
  8. ¿En qué difieren el bautismo y la Cena, y por qué se bautiza a los infantes pero no se les admite a la Cena (P. 177)?

Glosario del bloque

Sacramento — santa ordenanza instituida por Cristo, con señal externa y gracia interna, para significar, sellar y presentar realmente los beneficios de su mediación a los del pacto (P. 162–163). Eficacia sacramental — que los sacramentos son eficaces no por poder propio ni por la piedad del ministro, sino por el Espíritu y la bendición de Cristo (P. 161; no ex opere operato). Presentar realmente (exhibere / exhibit) — ofrecer y comunicar realmente a la fe lo que el sacramento significa, no «mostrar en vitrina» (P. 162). Decisión del corpus exhibir → «presentar realmente» ADOPTADA por el comité editorial (2026-06-26) y aplicada al cuerpo de CMa 162 y 177; se conserva la documentación del original latino e inglés. Bautismo — sacramento del lavamiento con agua en el nombre trino, señal y sello del injerto en Cristo y de los beneficios del pacto; administrado a profesantes y a los infantes de los creyentes (P. 165–166). Bautismo de infantes — el bautizar a los hijos de los creyentes por estar dentro del pacto de la promesa (P. 166; CFW 28.4). Mejorar el bautismo — el deber de aprovechar toda la vida la realidad del propio bautismo (P. 167). Cena del Señor — sacramento del pan y el vino que anuncia la muerte de Cristo y alimenta espiritualmente al que comulga dignamente (P. 168). Presencia espiritual real — que Cristo no está corporal ni carnalmente en los elementos, sino verdadera y realmente presente a la fe del que recibe (P. 170; CFW 29.7 (con 29.5–6)). Cercar la mesa — el apartar de la Cena a los ignorantes y escandalosos por el poder de la disciplina (P. 173).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (secciones J: el sacramento; K: la Cena del Señor; exhibir → «presentar realmente»).
  • Catecismo Menor: CMe 91 (la eficacia), 92 (qué es un sacramento; «aplicados»), 93 (los dos sacramentos), 94–95 (el bautismo), 96–97 (la Cena y el examen) — fórmulas que el Mayor despliega; el Menor no trae mejorar el bautismo (P. 167), el dudoso (P. 172) ni el cercar la mesa (P. 173).
  • Confesión: cap. 27 (De los sacramentos: eficacia no por el administrador), cap. 28 (Del bautismo: infantes de creyentes, 28.4) y cap. 29 (De la Cena del Señor: los elementos siguen siendo pan y vino, 29.5; la presencia espiritual real); véanse los cap-27, cap-28 y cap-29 de esta edición de fusión.
  • T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).