Bloque 6 · Cristo el Mediador: su persona, sus dos naturalezas y sus oficios (P. 36–45)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

El pacto de gracia se hace «con Cristo… y en él con todos los elegidos» (Bloque 5, P. 31); resta, pues, preguntar quién es este Mediador. El Catecismo responde en diez preguntas, en tres movimientos. La persona (P. 36–37): el único Mediador es el Señor Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, consustancial con el Padre, que en el cumplimiento del tiempo se hizo hombre, y así es Dios y hombre en dos naturalezas enteras y distintas y una sola persona, para siempre (P. 36); se hizo hombre tomando un cuerpo verdadero y un alma racional, concebido por el Espíritu Santo de la virgen María, mas sin pecado (P. 37). La necesidad de la encarnación (P. 38–40): el Mediador debía ser Dios (para dar valor a su obra y satisfacer la justicia infinita, P. 38), hombre (para obedecer, padecer e interceder en nuestra naturaleza, P. 39) y Dios y hombre en una sola persona (para que las obras de ambas naturalezas fuesen una sola obra aceptada por Dios, P. 40). Los nombres y los oficios (P. 41–45): Jesús, porque salva a su pueblo de sus pecados (P. 41); Cristo, porque fue ungido con el Espíritu sin medida para los oficios de profeta, sacerdote y rey (P. 42); oficios que ejecuta revelando la voluntad de Dios (profeta, P. 43), ofreciéndose una sola vez e intercediendo (sacerdote, P. 44), y reuniendo, gobernando, defendiendo y venciendo (rey, P. 45). Lo que el Menor enuncia en seis preguntas (CMe 21–26) y la Confesión en su capítulo 8, el Mayor lo desarrolla con la lógica de la necesidad (por qué Dios, por qué hombre, por qué uno) y la amplitud del oficio real.

Texto catequético

P. 36. ¿Quién es el Mediador del pacto de gracia? R. El único Mediador del pacto de gracia es el Señor Jesucristo, quien, siendo el eterno Hijo de Dios, de una misma sustancia con el Padre e igual a él, en el cumplimiento del tiempo se hizo hombre; y así fue y sigue siendo Dios y hombre, en dos naturalezas enteras y distintas, y una sola persona, para siempre.

P. 37. ¿Cómo se hizo hombre Cristo, siendo el Hijo de Dios? R. Cristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre tomando para sí un cuerpo verdadero y un alma racional, siendo concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella, y nacido de ella, mas sin pecado.

P. 38. ¿Por qué era necesario que el Mediador fuese Dios? R. Era necesario que el Mediador fuese Dios para que pudiera sostener y guardar la naturaleza humana de hundirse bajo la ira infinita de Dios y el poder de la muerte; dar valor y eficacia a sus padecimientos, obediencia e intercesión; y para satisfacer la justicia de Dios, procurar su favor, adquirir para sí un pueblo propio, darle su Espíritu, vencer a todos sus enemigos y llevarlos a la salvación eterna.

P. 39. ¿Por qué era necesario que el Mediador fuese hombre? R. Era necesario que el Mediador fuese hombre para que pudiera elevar nuestra naturaleza, prestar obediencia a la ley, padecer e interceder por nosotros en nuestra naturaleza, y compadecerse de nuestras debilidades; para que nosotros recibiéramos la adopción de hijos, y tuviéramos consuelo y acceso con confianza al trono de la gracia.

P. 40. ¿Por qué era necesario que el Mediador fuese Dios y hombre en una sola persona? R. Era necesario que el Mediador, que había de reconciliar a Dios y al hombre, fuese él mismo Dios y hombre, y esto en una sola persona, para que las obras propias de cada naturaleza fuesen aceptadas por Dios a nuestro favor, y nosotros confiáramos en ellas, como obras de la persona entera.

P. 41. ¿Por qué fue llamado Jesús nuestro Mediador? R. Nuestro Mediador fue llamado Jesús porque salva a su pueblo de sus pecados.

P. 42. ¿Por qué fue llamado Cristo nuestro Mediador? R. Nuestro Mediador fue llamado Cristo porque fue ungido con el Espíritu Santo sin medida; y así fue apartado y plenamente dotado de toda autoridad y capacidad para ejecutar los oficios de profeta, sacerdote y rey de su iglesia, en el estado tanto de su humillación como de su exaltación.

P. 43. ¿Cómo ejecuta Cristo el oficio de profeta? R. Cristo ejecuta el oficio de profeta revelando a la iglesia, en todas las edades, por su Espíritu y su Palabra, en diversas maneras de administración, toda la voluntad de Dios, en todo lo concerniente a su edificación y salvación.

P. 44. ¿Cómo ejecuta Cristo el oficio de sacerdote? R. Cristo ejecuta el oficio de sacerdote ofreciéndose a sí mismo una sola vez en sacrificio sin mancha a Dios, para ser reconciliación por los pecados de su pueblo, y haciendo continua intercesión por ellos.

P. 45. ¿Cómo ejecuta Cristo el oficio de rey? R. Cristo ejecuta el oficio de rey llamando del mundo a un pueblo para sí, y dándole oficiales, leyes y censuras, por las cuales lo gobierna visiblemente; otorgando gracia salvadora a sus elegidos, recompensando su obediencia y corrigiéndolos por sus pecados, preservándolos y sosteniéndolos en todas sus tentaciones y padecimientos, refrenando y venciendo a todos sus enemigos, y ordenando poderosamente todas las cosas para su propia gloria y el bien de ellos; y también tomando venganza de los demás, que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde al capítulo 8 de la Confesión (De Cristo el Mediador, §§1–3) y a CMe 21–26. CMa 36 y CMe 21 / CFW 8.2: la persona del Mediador coincide —el Menor: «el eterno Hijo de Dios, se hizo hombre; y así fue, y continúa siendo, Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una sola persona, para siempre» (CMe 21); el Mayor añade «de una misma sustancia con el Padre e igual a él» (CMa 36); la Confesión: «dos naturalezas enteras, perfectas y distintas, la divinidad y la humanidad, fueron inseparablemente unidas en una persona, sin conversión, composición ni confusión… verdadero Dios y verdadero hombre, mas un solo Cristo» (8.2)—. CMa 37 y CMe 22 / CFW 8.2: la encarnación coincide —ambos dicen, en su tramo idéntico, «tomando para sí un cuerpo verdadero y un alma racional, siendo concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María» y «nacido de ella, mas sin pecado»; el Mayor intercala «de la sustancia de ella» (CMa 37), que el Menor (CMe 22) omite; la Confesión también la trae: «de la sustancia de ella» (8.2)—. CMa 38–40 / CFW 8.2–3: la necesidad de las dos naturalezas en una persona es propia del Mayor (el Menor no la expone); descansa en la unión personal que la Confesión describe (8.2) y en la unción para el oficio (8.3). CMa 42 y CMe 23 / CFW 8.1, 8.3: los oficios coinciden —el Menor: «ejecuta los oficios de profeta, de sacerdote y de rey, tanto en su estado de humillación como en el de exaltación» (CMe 23); la Confesión nombra a Cristo «el Profeta, Sacerdote y Rey» (8.1) y lo dice «ungido con el Espíritu Santo sobre toda medida» (8.3)—. CMa 43 y CMe 24: el oficio profético coincide —el Menor: «revelándonos, por su Palabra y su Espíritu, la voluntad de Dios para nuestra salvación» (CMe 24); el Mayor amplía: «a la iglesia, en todas las edades… en diversas maneras de administración, toda la voluntad de Dios» (CMa 43)—. CMa 44 y CMe 25: el oficio sacerdotal coincide —el Menor: «ofreciéndose a sí mismo, una sola vez, como sacrificio para satisfacer la justicia divina y reconciliarnos con Dios, e intercediendo continuamente por nosotros» (CMe 25); el Mayor: «una sola vez en sacrificio sin mancha… para ser reconciliación… y haciendo continua intercesión» (CMa 44)—. CMa 45 y CMe 26: el oficio real coincide, con el Mayor mucho más amplio —el Menor lo resume: «sujetándonos a sí mismo, gobernándonos y defendiéndonos, y refrenando y venciendo a todos los enemigos suyos y nuestros» (CMe 26); el Mayor detalla el gobierno por «oficiales, leyes y censuras» y la venganza sobre los que no obedecen al evangelio (CMa 45)—. La armonía es plena: el Mayor añade la lógica de la encarnación (P. 38–40) y la amplitud del reino (P. 45).

Exposición

La persona del Mediador (P. 36). «El único Mediador del pacto de gracia es el Señor Jesucristo, quien, siendo el eterno Hijo de Dios, de una misma sustancia con el Padre e igual a él, en el cumplimiento del tiempo se hizo hombre; y así fue y sigue siendo Dios y hombre, en dos naturalezas enteras y distintas, y una sola persona, para siempre.» Tres afirmaciones sostienen toda la cristología. Cristo es el eterno Hijo de Dios, «de una misma sustancia con el Padre e igual a él» —verdadero Dios, no una criatura exaltada (contra el arrianismo)—. Se hizo hombre «en el cumplimiento del tiempo» —la encarnación, en un punto de la historia—. Y «fue y sigue siendo Dios y hombre, en dos naturalezas enteras y distintas, y una sola persona, para siempre» —la fórmula de Calcedonia: dos naturalezas (no una sola fundida, contra Eutiques) y distintas (cada una íntegra), en una sola persona (no dos, contra Nestorio), y «para siempre» (la humanidad asumida no se depone)—.

La encarnación (P. 37). «Cristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre tomando para sí un cuerpo verdadero y un alma racional, siendo concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella, y nacido de ella, mas sin pecado.» La humanidad de Cristo es completa: «cuerpo verdadero» (no aparente, contra el docetismo) y «alma racional» (no solo carne animada por el Verbo, contra el apolinarismo). Es verdaderamente nuestra: «de la sustancia de ella», tomada de María (no traída del cielo). Y es sin pecado: concebido «por el poder del Espíritu Santo», no por generación ordinaria (P. 22, 26), de modo que no contrajo pecado original ni cometió actual. Así el Mediador es uno de nosotros, pero sin la culpa que nos arruina.

Por qué Dios, por qué hombre, por qué uno (P. 38–40). Aquí el Mayor expone la necesidad de la encarnación, que el Menor calla. Debía ser Dios (P. 38): para «sostener… la naturaleza humana de hundirse bajo la ira infinita de Dios», «dar valor y eficacia a sus padecimientos, obediencia e intercesión» y «satisfacer la justicia de Dios» —solo una persona divina podía soportar la ira infinita y dar valor infinito a una obra finita—. Debía ser hombre (P. 39): para «prestar obediencia a la ley, padecer e interceder por nosotros en nuestra naturaleza, y compadecerse de nuestras debilidades» —la deuda era del hombre, y en la naturaleza que pecó había de pagarse; y así tenemos «consuelo y acceso con confianza al trono de la gracia»—. Y debía ser Dios y hombre en una sola persona (P. 40): «para que las obras propias de cada naturaleza fuesen aceptadas por Dios a nuestro favor, y nosotros confiáramos en ellas, como obras de la persona entera» —la obediencia y el padecimiento son del hombre, pero, siendo una la persona, son del Hijo de Dios, y por eso tienen valor infinito—. Es la lógica de Cur Deus Homo, recibida con sobriedad: la salvación pedía un Mediador que fuera a la vez capaz de pagar (hombre) y capaz de dar valor infinito al pago (Dios), y uno solo (para que la obra fuese una).

Los nombres: Jesús y Cristo (P. 41–42). Jesús (P. 41): «porque salva a su pueblo de sus pecados» —el nombre dice la obra (Mt 1:21)—. Cristo (P. 42): «porque fue ungido con el Espíritu Santo sin medida; y así fue apartado y plenamente dotado de toda autoridad y capacidad para ejecutar los oficios de profeta, sacerdote y rey» —Cristo = ungido; la unción lo consagra y capacita para el triple oficio—. Y nótese: ejerce estos oficios «en el estado tanto de su humillación como de su exaltación» (lo que prepara el Bloque siguiente).

El triple oficio (P. 43–45). Como profeta (P. 43), Cristo revela «a la iglesia, en todas las edades, por su Espíritu y su Palabra… toda la voluntad de Dios, en todo lo concerniente a su edificación y salvación» —no solo enseñó en los días de su carne, sino que revela en todas las edades por su Espíritu y su Palabra—. Como sacerdote (P. 44), se ofreció «a sí mismo una sola vez en sacrificio sin mancha a Dios, para ser reconciliación por los pecados de su pueblo, y haciendo continua intercesión» —el sacrificio único (contra todo sacrificio repetido) y la intercesión perpetua, las dos partes del oficio sacerdotal—. Como rey (P. 45), ejerce un gobierno amplísimo: «llamando del mundo a un pueblo para sí, y dándole oficiales, leyes y censuras, por las cuales lo gobierna visiblemente» —el gobierno de la iglesia—, «otorgando gracia salvadora… recompensando… corrigiéndolos… preservándolos… refrenando y venciendo a todos sus enemigos, y ordenando… todas las cosas para su propia gloria y el bien de ellos» —el gobierno de la gracia y de la providencia—, «y también tomando venganza de los demás, que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio» —el juicio sobre los rebeldes—. El reino de Cristo abarca, pues, su iglesia, sus elegidos, todas las cosas y sus enemigos.

Usos eclesiales

Este bloque forma el conocimiento de Cristo, en quien está toda la salvación del pacto. Donde se enseña bien, el creyente conoce a quién cree —verdadero Dios y verdadero hombre, suficiente Mediador— y descansa en su triple oficio: enseñado por el Profeta, reconciliado por el Sacerdote, gobernado y defendido por el Rey.

En la catequesis. El Mayor permite enseñar con orden la persona de Cristo (dos naturalezas, una persona, P. 36–37), la necesidad de la encarnación (P. 38–40) y el triple oficio (P. 42–45). Enséñese la cristología de Calcedonia con sus negaciones (ni confusión ni división) como guarda contra las antiguas herejías, que aún reaparecen.

En la predicación. Predíquese a Cristo en su triple oficio: como Profeta que habla hoy por su Palabra (P. 43), como Sacerdote cuyo único sacrificio basta y cuya intercesión sostiene (P. 44), como Rey que gobierna, defiende y vence (P. 45). La «continua intercesión» (P. 44) es consuelo para el creyente tentado; el sacrificio «una sola vez» (P. 44) cierra la puerta a toda expiación añadida.

En la formación. El oficial debe exponer la unión hipostática sin confundir ni dividir las naturalezas (P. 36; CFW 8.2); la verdadera y completa humanidad de Cristo, sin pecado (P. 37); la lógica de la necesidad de la encarnación (P. 38–40); y el triple oficio, en especial el reino de Cristo por «oficiales, leyes y censuras» (P. 45), que funda el gobierno de la iglesia (bloques posteriores). Debe poder nombrar y refutar el arrianismo, el nestorianismo, el eutiquianismo, el apolinarismo y el docetismo desde el texto.

Errores que el bloque corrige

  • Arrianismo / socinianismo: que el Hijo no es verdadero Dios. Responde P. 36: «el eterno Hijo de Dios, de una misma sustancia con el Padre e igual a él».
  • Nestorianismo: que en Cristo hay dos personas. Responde P. 36, 40: «una sola persona».
  • Eutiquianismo / monofisismo: que las dos naturalezas se funden en una. Responde CFW 8.2: «sin conversión, composición ni confusión»; «dos naturalezas… distintas».
  • Docetismo y apolinarismo: que Cristo no tuvo cuerpo verdadero, o no tuvo alma racional humana. Responde P. 37: «un cuerpo verdadero y un alma racional».
  • Negación del sacrificio único (la misa como re-sacrificio): Responde P. 44: «una sola vez en sacrificio sin mancha».
  • Reducción de Cristo a maestro o ejemplo: que niega su sacerdocio y su reino. Responde el triple oficio (P. 42–45): no solo Profeta, sino Sacerdote y Rey.

Preguntas de estudio

  1. ¿Qué tres afirmaciones sobre la persona de Cristo contiene P. 36, y contra qué herejías?
  2. ¿Qué significa «dos naturalezas enteras y distintas, y una sola persona», y qué añaden las negaciones de CFW 8.2?
  3. ¿Por qué importa que Cristo tomara su humanidad «de la sustancia» de María, y «mas sin pecado» (P. 37)?
  4. ¿Por qué era necesario que el Mediador fuese Dios (P. 38)? ¿Y hombre (P. 39)?
  5. ¿Por qué debía ser Dios y hombre en una sola persona (P. 40)?
  6. ¿Qué significan los nombres «Jesús» y «Cristo» (P. 41–42)?
  7. ¿En qué consiste cada uno de los tres oficios (P. 43–45)?
  8. ¿Qué amplitud tiene el oficio real de Cristo, según P. 45?

Glosario del bloque

Mediador — el único que reconcilia a Dios y al hombre: el Señor Jesucristo, Dios y hombre en una persona (P. 36; CFW 8.1). Dos naturalezas, una persona (unión hipostática) — que en Cristo la divinidad y la humanidad, enteras y distintas, están unidas en una sola persona, sin confusión ni división, para siempre (P. 36; CFW 8.2; Calcedonia 451). Encarnación — el hacerse hombre el Hijo de Dios, tomando cuerpo verdadero y alma racional de la sustancia de María, por el Espíritu Santo, sin pecado (P. 37). Jesússalvador: «porque salva a su pueblo de sus pecados» (P. 41; Mt 1:21). Cristoungido: ungido con el Espíritu sin medida para los oficios de profeta, sacerdote y rey (P. 42). Triple oficio (munus triplex) — profeta (revela la voluntad de Dios), sacerdote (se ofrece e intercede) y rey (reúne, gobierna, defiende y vence) (P. 43–45; CMe 23–26). Sacrificio único — la ofrenda de Cristo «una sola vez», suficiente e irrepetible (P. 44; He 10:10). Reino de Cristo — su gobierno visible de la iglesia por oficiales, leyes y censuras, su gracia a los elegidos, su providencia sobre todo y su juicio sobre los enemigos (P. 45).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (sección M: el oficio triple de Cristo / munus triplex).
  • Catecismo Menor: CMe 21 (la persona), 22 (la encarnación), 23 (los oficios), 24–26 (profeta, sacerdote, rey) — paralelos más escuetos; el Menor no expone la necesidad de las dos naturalezas (P. 38–40).
  • Confesión: capítulo 8 (De Cristo el Mediador), §§1–3 — la elección y ordenación del Mediador (8.1), la unión de las dos naturalezas (8.2) y la unción para el oficio (8.3); véase el cap-08 de esta edición de fusión.
  • Definición de Calcedonia (451) — fuente histórica de la fórmula «dos naturalezas, una persona»; T. Ridgley y J. G. Vos, comentarios al Catecismo Mayor (voces de corroboración, bajo el Catecismo).