Bloque 16 · Los mandamientos noveno y décimo (P. 143–148)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

El Decálogo se cierra con la verdad y el corazón: el noveno mandamiento guarda la verdad y el buen nombre del prójimo; el décimo, al prohibir la codicia, alcanza los primeros movimientos del alma y prueba que la ley es espiritual. En seis preguntas, en dos movimientos. El noveno mandamiento (P. 143–145): exige preservar y promover la verdad y el buen nombre del prójimo tanto como el nuestro, hablar la verdad sincera y plenamente, y la estima caritativa (P. 144), y prohíbe todo perjuicio de la verdad y del buen nombre —el falso testimonio, la mentira, la calumnia, el chisme, la adulación, el juicio temerario— (P. 145). El décimo mandamiento (P. 146–148): exige pleno contentamiento con la propia condición y una disposición caritativa del alma hacia el prójimo (P. 147), y prohíbe el descontento, la envidia y «todos los movimientos y afectos desordenados» hacia lo que es del prójimo (P. 148). El décimo es decisivo: al prohibir los movimientos interiores —aun los primeros e involuntarios—, muestra que la ley alcanza el corazón y que nadie la guarda perfectamente, lo que prepara el bloque siguiente (P. 149). Lo que el Menor enuncia en fórmulas breves (CMe 76–81), el Mayor lo despliega, sobre todo en el extenso catálogo de los pecados de la lengua. Estos dos mandamientos no tienen capítulo propio en la Confesión.

Texto catequético

P. 143. ¿Cuál es el noveno mandamiento? R. El noveno mandamiento es: «No hablarás contra tu prójimo falso testimonio».

P. 144. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el noveno mandamiento? R. Los deberes exigidos en el noveno mandamiento son: el preservar y promover la verdad entre los hombres, y el buen nombre de nuestro prójimo tanto como el nuestro; el comparecer y dar la cara por la verdad; y el hablar la verdad, y solo la verdad, de corazón, sincera, libre, clara y plenamente, en asuntos de juicio y justicia y en cualesquiera otras cosas; la estima caritativa de nuestros prójimos; el amar, desear y gozarnos de su buen nombre; el dolernos de sus flaquezas y cubrirlas; el reconocer libremente sus dones y gracias, y defender su inocencia; la pronta recepción del buen informe y la renuencia a admitir el malo en cuanto a ellos; el desalentar a los chismosos, aduladores y calumniadores; el amor y cuidado de nuestro propio buen nombre, y el defenderlo cuando sea necesario; el guardar las promesas lícitas; y el pensar y practicar todo lo que es verdadero, honesto, amable y de buen nombre.

P. 145. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el noveno mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el noveno mandamiento son: todo perjuicio de la verdad y del buen nombre de nuestro prójimo, tanto como del nuestro, especialmente en juicio público; el dar falso testimonio, el sobornar testigos falsos, el comparecer y abogar a sabiendas por una causa mala, el desafiar y atropellar la verdad; el dictar sentencia injusta, el llamar al mal bien y al bien mal, el retribuir a los malvados según la obra de los justos y a los justos según la obra de los malvados; la falsificación, el ocultar la verdad, el silencio indebido en una causa justa, y el callar cuando la iniquidad reclama de nosotros una reprensión o una queja ante otros; el decir la verdad a destiempo, o maliciosamente para un fin torcido, o pervertirla a un sentido errado, o en expresiones dudosas y equívocas, en perjuicio de la verdad o de la justicia; el hablar mentira, el mentir, el calumniar, el murmurar, el detractar, el chismear, el susurrar, el escarnecer, el vilipendiar, el censurar temeraria, áspera y parcialmente; el torcer intenciones, palabras y acciones; la adulación, la jactancia vanagloriosa, el pensar o hablar demasiado alto o demasiado bajo de nosotros mismos o de otros; el negar los dones y gracias de Dios; el agravar las faltas menores; el esconder, excusar o atenuar los pecados cuando somos llamados a una libre confesión; el descubrir innecesariamente las flaquezas; el levantar falsos rumores, el recibir y dar acogida a malos informes, y el tapar nuestros oídos a la justa defensa; la sospecha malvada; el envidiar o dolernos del crédito merecido de alguien, el procurar o desear menguarlo, el gozarnos de su desgracia e infamia; el desprecio burlón, la admiración desmedida; el quebrantar las promesas lícitas; el descuidar las cosas que son de buen nombre, y el practicar, o no evitar en nosotros mismos, o no impedir en cuanto podamos en otros, las cosas que acarrean mal nombre.

P. 146. ¿Cuál es el décimo mandamiento? R. El décimo mandamiento es: «No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo».

P. 147. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el décimo mandamiento? R. Los deberes exigidos en el décimo mandamiento son: un contentamiento tan pleno con nuestra propia condición, y una disposición tan caritativa de toda el alma hacia nuestro prójimo, que todos nuestros movimientos y afectos interiores que le tocan tiendan a todo el bien que es suyo y lo promuevan.

P. 148. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el décimo mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el décimo mandamiento son: el descontento con nuestra propia condición; la envidia y el dolor por el bien de nuestro prójimo, junto con todos los movimientos y afectos desordenados hacia cualquier cosa que es suya.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde a CMe 76–81; el noveno y el décimo mandamientos no tienen capítulo propio en la Confesión (el noveno toca la verdad, que la Confesión trata al hablar de los juramentos, CFW 22; el décimo, la corrupción cuyos movimientos son pecado, CFW 6.5). CMa 143 y CMe 76: el noveno mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 144 y CMe 77: el deber coincide —el Menor: «mantener y promover la verdad entre los hombres, y el buen nombre tanto nuestro como de nuestro prójimo, especialmente en el dar testimonio» (CMe 77); el Mayor lo despliega (comparecer por la verdad, estima caritativa, cubrir flaquezas, desalentar a los calumniadores)—. CMa 145 y CMe 78: los pecados coinciden —el Menor los resume: «todo lo que perjudique a la verdad, o dañe nuestro buen nombre o el de nuestro prójimo» (CMe 78); el Mayor enumera un largo catálogo de los pecados de la lengua—. CMa 146 y CMe 79: el décimo mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 147 y CMe 80: el deber coincide —el Menor: «pleno contentamiento con nuestra propia condición, con una recta y caritativa disposición de espíritu hacia nuestro prójimo y todo lo que es suyo» (CMe 80); el Mayor: «un contentamiento tan pleno… y una disposición tan caritativa de toda el alma… que todos nuestros movimientos y afectos interiores… tiendan a todo el bien que es suyo» (CMa 147)—. CMa 148 y CMe 81: los pecados coinciden —el Menor: «todo descontento con nuestra propia condición, el envidiar o dolerse del bien de nuestro prójimo, y todos los movimientos y afectos desordenados hacia cualquier cosa que sea suya» (CMe 81); el Mayor dice lo mismo casi a la letra—. La armonía es plena: en el noveno el Mayor amplía enormemente; en el décimo, Mayor y Menor casi coinciden palabra por palabra.

Exposición

El noveno mandamiento: la verdad y el buen nombre (P. 143–145). «No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.» El mandamiento nace en el tribunal (el falso testimonio en juicio), pero, por la amplitud de la ley (B11, regla 6), abarca toda la verdad y toda la reputación. Sus deberes (P. 144) son notablemente positivos: «preservar y promover la verdad… y el buen nombre de nuestro prójimo tanto como el nuestro», «hablar la verdad, y solo la verdad… sincera, libre, clara y plenamente», la «estima caritativa», «el dolernos de sus flaquezas y cubrirlas», «el desalentar a los chismosos, aduladores y calumniadores», y «el pensar y practicar todo lo que es verdadero, honesto, amable y de buen nombre» (Flp 4:8). Incluye también el cuidado del propio buen nombre. Sus pecados (P. 145) son uno de los catálogos más extensos del Catecismo: el falso testimonio y la sentencia injusta, pero también «el hablar mentira, el mentir, el calumniar, el murmurar, el detractar, el chismear, el susurrar», «la adulación, la jactancia vanagloriosa», «el censurar temeraria, áspera y parcialmente», «la sospecha malvada», «el gozarnos de su desgracia e infamia». El noveno mandamiento gobierna, pues, toda la vida de la lengua y del juicio sobre el prójimo (Stg 3).

El décimo mandamiento: el corazón (P. 146–148). «No codiciarás… cosa alguna de tu prójimo.» Aquí la ley desciende a su raíz. El décimo mandamiento no prohíbe un acto exterior, sino la codicia —el deseo desordenado del corazón—; su deber es «un contentamiento tan pleno con nuestra propia condición, y una disposición tan caritativa de toda el alma… que todos nuestros movimientos y afectos interiores… tiendan a todo el bien» del prójimo (P. 147). Y su pecado es «el descontento con nuestra propia condición; la envidia y el dolor por el bien de nuestro prójimo, junto con todos los movimientos y afectos desordenados» (P. 148). Lo decisivo está en la palabra movimientos: el décimo mandamiento prohíbe «todos los movimientos y afectos desordenados» —incluidos los primeros e involuntarios del alma—. Por eso este mandamiento es el que prueba que la ley es espiritual y que nadie puede guardarla: fue el «no codiciarás» el que convenció a Pablo de pecado (Ro 7:7). Y por eso esos movimientos, aun no consentidos, son «verdadera y propiamente pecado» (CFW 6.5) —contra la doctrina romana de que la concupiscencia no consentida no es pecado—. Así el Decálogo termina cerrando toda escapatoria: no basta la conducta externa; Dios juzga el corazón. Esto prepara la pregunta siguiente (P. 149): si la ley alcanza hasta aquí, ¿puede alguien guardarla perfectamente?

Usos eclesiales

Este bloque forma el conocimiento del gobierno divino sobre la lengua y el corazón. Donde se enseña bien, se ama la verdad y el buen nombre del prójimo y se busca el contentamiento, sabiendo que Dios juzga aun los primeros movimientos del alma.

En la catequesis. El Mayor permite enseñar la amplitud del noveno (no solo el perjurio, sino el chisme, la calumnia, la adulación y el juicio temerario, P. 145) y la hondura del décimo (la codicia del corazón, los primeros movimientos, P. 148). Enséñese que esos movimientos son pecado (CFW 6.5), contra quien excusa la concupiscencia no consentida.

En la predicación. Predíquese el noveno contra los pecados de la lengua (Stg 3) y a favor de la verdad y la caridad en el juicio sobre otros. Predíquese el décimo para llevar al oyente al fin de sí mismo: si la ley juzga el corazón, nadie se justifica por ella —y esto empuja a Cristo (la ley como ayo, B11)—. El contentamiento (P. 147) se predica como gracia, no como estoicismo.

En la formación. El oficial debe exponer la amplitud del noveno mandamiento (P. 144–145); la espiritualidad del décimo y la doctrina de que los primeros movimientos son pecado (P. 148; CFW 6.5) frente a Roma; y la función del décimo mandamiento como prueba de la incapacidad humana (P. 148–149; Ro 7), que conduce a Cristo.

Errores que el bloque corrige

  • Reducir el noveno mandamiento al perjurio en juicio: Responde P. 145: abarca la mentira, la calumnia, el chisme, la adulación y el juicio temerario.
  • La mentira como inofensiva: Responde P. 144: el deber es hablar «la verdad, y solo la verdad… sincera, libre, clara y plenamente».
  • El juicio temerario y la sospecha malvada: Responde P. 145: censurar «temeraria, áspera y parcialmente» y «la sospecha malvada» violan el mandamiento.
  • Reducir el décimo mandamiento a los actos externos: Responde P. 147–148: prohíbe la codicia y «todos los movimientos y afectos desordenados» del corazón.
  • Negar que los primeros movimientos sean pecado (doctrina romana de la concupiscencia): Responde P. 148 y CFW 6.5: los movimientos desordenados, aun no consentidos, son verdadera y propiamente pecado.
  • El descontento y la envidia: Responde P. 147–148: el deber es el pleno contentamiento con la propia condición.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué el noveno mandamiento es más que el perjurio en juicio (P. 144–145)?
  2. ¿Qué deberes positivos exige el noveno respecto del buen nombre del prójimo y del propio (P. 144)?
  3. ¿Cuáles son algunos de los pecados de la lengua que prohíbe el noveno (P. 145)?
  4. ¿Qué prohíbe el décimo mandamiento que ningún otro alcanza tan directamente (P. 147–148)?
  5. ¿Qué significa que el décimo prohíbe «todos los movimientos y afectos desordenados» (P. 148)?
  6. ¿Por qué fue el «no codiciarás» el que convenció a Pablo de pecado (P. 148; Ro 7:7)?
  7. ¿Cómo muestra el décimo mandamiento que la ley es espiritual y que nadie la guarda?
  8. ¿Por qué los primeros movimientos del corazón son pecado, contra la doctrina romana (P. 148; CFW 6.5)?

Glosario del bloque

Noveno mandamiento — manda preservar y promover la verdad y el buen nombre del prójimo y el propio; prohíbe todo perjuicio de la verdad y de la reputación (P. 144–145). Buen nombre — la reputación del prójimo y la propia, que el noveno mandamiento manda amar, defender y no dañar (P. 144). Pecados de la lengua — la mentira, la calumnia, el chisme, la adulación, el juicio temerario y la sospecha malvada, prohibidos por el noveno (P. 145; Stg 3). Décimo mandamiento — manda el contentamiento y la caridad del corazón; prohíbe la codicia y los movimientos desordenados del alma (P. 147–148). Codicia — el deseo desordenado del corazón hacia lo que es del prójimo, prohibido por el décimo (P. 146, 148). Contentamiento — la plena satisfacción con la propia condición que Dios ha dado, deber del décimo mandamiento (P. 147; 1 Ti 6:6; Flp 4:11). Primeros movimientos — las inclinaciones interiores e involuntarias del alma, que el décimo prohíbe y que son verdadera y propiamente pecado (P. 148; CFW 6.5; Ro 7:7). Espiritualidad de la ley (clímax) — que la ley alcanza el corazón hasta sus primeros movimientos, de modo que nadie la guarda perfectamente (P. 148; prepara P. 149).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (instrumento rector terminológico; sin entrada específica para los mandamientos 9.º–10.º).
  • Catecismo Menor: CMe 76–78 (noveno mandamiento), 79–81 (décimo mandamiento) — fórmulas breves que el Mayor despliega; en el décimo, Mayor y Menor casi coinciden palabra por palabra.
  • Confesión: el noveno y el décimo mandamientos no tienen capítulo propio; el noveno toca la verdad de los juramentos (CFW 22), y el décimo, la corrupción cuyos movimientos son verdadera y propiamente pecado (CFW 6.5); véanse los cap-06 y cap-22 de esta edición de fusión.
  • T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).