Bloque 15 · Los mandamientos sexto, séptimo y octavo (P. 134–142)
Edición de estudio comentada
Tesis del bloque
La segunda tabla protege, en estos tres mandamientos, los tres grandes bienes del prójimo: su vida (6.º), su pureza y matrimonio (7.º) y sus bienes (8.º). En nueve preguntas, en tres movimientos. El sexto mandamiento (P. 134–136): «No matarás» exige todo esfuerzo lícito por preservar la vida propia y ajena —con mansedumbre, paciencia y perdón— (P. 135), y prohíbe quitar la vida injustamente —salvo en justicia pública, guerra lícita o defensa necesaria—, junto con la ira, el odio y todo cuanto tienda a destruir la vida (P. 136). El séptimo mandamiento (P. 137–139): «No cometerás adulterio» exige la castidad en cuerpo, mente y conducta, y el matrimonio para quienes no tienen el don de continencia (P. 138), y prohíbe el adulterio y toda impureza de obra, palabra y pensamiento (P. 139). El octavo mandamiento (P. 140–142): «No hurtarás» exige la verdad y la justicia en los tratos, el dar a cada uno lo suyo y la mayordomía diligente de los bienes (P. 141), y prohíbe el hurto, el fraude, la opresión, la codicia y todo modo injusto de dañar los bienes propios o ajenos (P. 142). Lo que el Menor enuncia en fórmulas brevísimas (CMe 67–75), el Mayor lo despliega aplicando la espiritualidad y amplitud de la ley (B11, reglas 2 y 6). La Confesión trata materias conexas en sus capítulos del magistrado (CFW 23, la guerra lícita), del matrimonio (CFW 24) y de la propiedad (CFW 26.3).
Texto catequético
P. 134. ¿Cuál es el sexto mandamiento? R. El sexto mandamiento es: «No matarás».
P. 135. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el sexto mandamiento? R. Los deberes exigidos en el sexto mandamiento son: todo cuidadoso estudio y esfuerzo lícito para preservar nuestra propia vida y la de otros, resistiendo todos los pensamientos y propósitos, sometiendo todas las pasiones y evitando todas las ocasiones, tentaciones y prácticas que tiendan a quitar injustamente la vida de alguien; la justa defensa de ella contra la violencia; el soportar con paciencia la mano de Dios, la quietud de mente, la alegría de espíritu; el uso sobrio de la comida, la bebida, la medicina, el sueño, el trabajo y las recreaciones; los pensamientos caritativos, el amor, la compasión, la mansedumbre, la apacibilidad, la bondad; las palabras y conductas pacíficas, suaves y corteses; la tolerancia, la prontitud para reconciliarse, el sufrir con paciencia y perdonar las injurias, y el devolver bien por mal; el consolar y socorrer a los afligidos, y el proteger y defender a los inocentes.
P. 136. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el sexto mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el sexto mandamiento son: el quitar la vida a nosotros mismos o a otros, excepto en caso de justicia pública, guerra lícita o defensa necesaria; el descuidar o retirar los medios lícitos y necesarios para la preservación de la vida; la ira pecaminosa, el odio, la envidia, el deseo de venganza; todas las pasiones excesivas y los cuidados que distraen; el uso inmoderado de la comida, la bebida, el trabajo y las recreaciones; las palabras provocadoras, la opresión, las riñas, el golpear, el herir, y todo cuanto tienda a la destrucción de la vida de cualquiera.
P. 137. ¿Cuál es el séptimo mandamiento? R. El séptimo mandamiento es: «No cometerás adulterio».
P. 138. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el séptimo mandamiento? R. Los deberes exigidos en el séptimo mandamiento son: la castidad en cuerpo, mente, afectos, palabras y conducta, y la preservación de ella en nosotros mismos y en otros; la vigilancia sobre los ojos y todos los sentidos; la templanza, el mantener compañías castas, la modestia en el vestir; el matrimonio de aquellos que no tienen el don de continencia, el amor conyugal y la cohabitación; el trabajo diligente en nuestras vocaciones; el evitar toda ocasión de impureza y el resistir sus tentaciones.
P. 139. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el séptimo mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el séptimo mandamiento, además del descuido de los deberes requeridos, son: el adulterio, la fornicación, la violación, el incesto, la sodomía y toda concupiscencia contra naturaleza; todas las imaginaciones, pensamientos, propósitos y afectos impuros; toda comunicación corrompida o inmunda, y el prestarle oído; las miradas lascivas, la conducta impúdica o liviana, el vestir inmodesto; el prohibir los matrimonios lícitos y el dispensar los ilícitos; el permitir, tolerar o mantener prostíbulos, y el frecuentarlos; los votos enredadores de vida célibe, la indebida dilación del matrimonio, el tener más de una esposa o de un marido al mismo tiempo; el divorcio injusto o el abandono; la ociosidad, la glotonería, la embriaguez, las compañías impúdicas; las canciones, libros, pinturas, danzas y representaciones teatrales lascivas; y toda otra provocación a la impureza, o acto de ella, sea en nosotros mismos o en otros.
P. 140. ¿Cuál es el octavo mandamiento? R. El octavo mandamiento es: «No hurtarás».
P. 141. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el octavo mandamiento? R. Los deberes exigidos en el octavo mandamiento son: la verdad, la fidelidad y la justicia en los contratos y el comercio entre los hombres; el dar a cada uno lo que le es debido; la restitución de los bienes ilícitamente retenidos a sus legítimos dueños; el dar y prestar libremente, conforme a nuestras capacidades y a las necesidades de otros; la moderación de nuestros juicios, voluntades y afectos en cuanto a los bienes terrenales; el cuidado y estudio providentes para adquirir, conservar, usar y disponer las cosas necesarias y convenientes para el sustento de nuestra naturaleza y adecuadas a nuestra condición; una vocación lícita y la diligencia en ella; la frugalidad; el evitar pleitos innecesarios y fianzas u otras obligaciones semejantes; y el procurar, por todos los medios justos y lícitos, adquirir, preservar y aumentar el bienestar y los bienes externos de otros, tanto como los nuestros.
P. 142. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el octavo mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el octavo mandamiento, además del descuido de los deberes requeridos, son: el hurto, el robo, el plagio de hombres y el recibir cosa robada; el trato fraudulento, las pesas y medidas falsas, el remover los linderos, la injusticia y la infidelidad en los contratos entre los hombres o en los asuntos de confianza; la opresión, la extorsión, la usura, el soborno, los pleitos vejatorios, los cercamientos injustos y la depredación; el acaparar mercancías para encarecer el precio; las vocaciones ilícitas y toda otra manera injusta o pecaminosa de tomar o retener lo que pertenece a nuestro prójimo, o de enriquecernos a nosotros mismos; la codicia; el estimar y amar desordenadamente los bienes terrenales; los cuidados y afanes desconfiados y que distraen en el adquirirlos, conservarlos y usarlos; el envidiar la prosperidad de otros; como también la ociosidad, la prodigalidad, el juego dilapidador; y toda otra manera con que indebidamente perjudicamos nuestros propios bienes externos, y el defraudarnos a nosotros mismos del debido uso y consuelo de los bienes que Dios nos ha dado.
Armonía interna de los Estándares
Este bloque corresponde a CMe 67–75 y, en la Confesión, a materias conexas: la guerra lícita (CFW 23.2), el matrimonio y el divorcio (CFW 24) y la propiedad (CFW 26.3). CMa 134 y CMe 67: el sexto mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 135 y CMe 68: el deber coincide —el Menor: «todos los esfuerzos lícitos para preservar nuestra propia vida y la vida de otros» (CMe 68); el Mayor lo despliega (defensa justa, mansedumbre, perdón, socorro a los afligidos)—. CMa 136 y CMe 69: los pecados coinciden —el Menor: «quitarnos la vida a nosotros mismos, o quitar injustamente la vida a nuestro prójimo, y todo cuanto tienda a ello» (CMe 69); el Mayor añade las excepciones (justicia pública, guerra lícita, defensa necesaria) y los pecados del corazón—. CMa 137 y CMe 70: el séptimo mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 138 y CMe 71: el deber coincide —el Menor: «la preservación de nuestra propia castidad y la de nuestro prójimo, en corazón, palabra y conducta» (CMe 71); el Mayor lo amplía (vigilancia de los sentidos, modestia, matrimonio)—. CMa 139 y CMe 72: los pecados coinciden —el Menor los resume: «todos los pensamientos, palabras y acciones impuros» (CMe 72); el Mayor enumera—. CMa 140 y CMe 73: el octavo mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 141 y CMe 74: el deber coincide —el Menor: «procurar y promover lícitamente la riqueza y los bienes exteriores de nosotros mismos y de otros» (CMe 74); el Mayor lo despliega (justicia en los contratos, restitución, frugalidad, mayordomía)—. CMa 142 y CMe 75: los pecados coinciden —el Menor: «todo lo que impida o pueda impedir injustamente nuestra riqueza o bienes exteriores, o los de nuestro prójimo» (CMe 75); el Mayor enumera (hurto, fraude, opresión, usura, codicia)—. La armonía es plena: el Menor da la fórmula general (lo que preserva o daña vida, castidad, bienes), el Mayor la espiritualidad y amplitud (Mt 5).
Exposición
El sexto mandamiento: la vida (P. 134–136). «No matarás.» El Catecismo lee el mandamiento según las reglas (B11). Es positivo: no solo prohíbe el homicidio, sino que manda «todo cuidadoso estudio y esfuerzo lícito para preservar nuestra propia vida y la de otros» (P. 135), con mansedumbre, paciencia, «prontitud para reconciliarse», perdón de las injurias y «el consolar y socorrer a los afligidos». Es espiritual: prohíbe «la ira pecaminosa, el odio, la envidia, el deseo de venganza» (P. 136) —la raíz del homicidio en el corazón (Mt 5:21–22)—. Y es preciso en sus excepciones: quitar la vida es pecado «excepto en caso de justicia pública, guerra lícita o defensa necesaria» —tres tomas lícitas de la vida (la pena del magistrado, la guerra justa, la legítima defensa)—; el mandamiento no enseña pacifismo absoluto. Y prohíbe el suicidio («quitar la vida a nosotros mismos») y el descuido de los medios de preservarla.
El séptimo mandamiento: la pureza (P. 137–139). «No cometerás adulterio.» El mandamiento guarda la castidad y el matrimonio. Sus deberes (P. 138): «la castidad en cuerpo, mente, afectos, palabras y conducta», la vigilancia de los ojos y los sentidos, la modestia, las compañías castas, y «el matrimonio de aquellos que no tienen el don de continencia» con «el amor conyugal y la cohabitación» —el matrimonio es el orden de Dios para la sexualidad—. Sus pecados (P. 139) los nombra el Catecismo sin rodeos, según la Escritura: «el adulterio, la fornicación, la violación, el incesto, la sodomía y toda concupiscencia contra naturaleza», y también «todas las imaginaciones, pensamientos, propósitos y afectos impuros», «las miradas lascivas», el «vestir inmodesto», los «prostíbulos», «los votos enredadores de vida célibe» (contra el celibato obligado), «el tener más de una esposa o de un marido» (contra la poligamia), «el divorcio injusto o el abandono», y las «canciones, libros, pinturas, danzas y representaciones teatrales lascivas». La amplitud (regla 6) alcanza causas, ocasiones y provocaciones; la espiritualidad (regla 2) alcanza el corazón (Mt 5:27–28). El Catecismo enseña aquí lo que la Escritura enseña, con sobriedad y sin minimizarlo.
El octavo mandamiento: los bienes (P. 140–142). «No hurtarás.» El mandamiento establece y protege la propiedad y exige la mayordomía. Sus deberes (P. 141): «la verdad, la fidelidad y la justicia en los contratos», «el dar a cada uno lo que le es debido», «la restitución de los bienes ilícitamente retenidos», «el dar y prestar libremente», la moderación de los afectos hacia los bienes, «una vocación lícita y la diligencia en ella», «la frugalidad», y procurar «el bienestar y los bienes externos de otros, tanto como los nuestros». Sus pecados (P. 142) son amplios: «el hurto, el robo, el plagio de hombres», el fraude, «las pesas y medidas falsas», «la opresión, la extorsión, la usura» (el préstamo opresivo), «el soborno», «el acaparar mercancías para encarecer el precio», «la codicia», «el estimar y amar desordenadamente los bienes terrenales», «el envidiar la prosperidad de otros», y también «la ociosidad, la prodigalidad, el juego dilapidador». Nótese el doble filo final: el octavo prohíbe perjudicar los bienes ajenos y los propios —incluido «el defraudarnos a nosotros mismos del debido uso y consuelo de los bienes que Dios nos ha dado»—: la avaricia mezquina que no goza de los dones de Dios también lo viola. La propiedad privada es supuesta y guardada (cf. CFW 26.3): la comunión de los santos obliga a la liberalidad, no a la abolición del dominio.
Usos eclesiales
Este bloque forma el conocimiento del amor al prójimo en su vida, su pureza y sus bienes. Donde se enseña bien, la conciencia se examina más allá de la letra: no basta no matar, no adulterar, no hurtar; el mandamiento alcanza el corazón y obliga a hacer el bien.
En la catequesis. El Mayor permite enseñar la espiritualidad de estos mandamientos (la ira, la lujuria y la codicia ya los violan), las excepciones lícitas del sexto (justicia pública, guerra, defensa), el orden de Dios para la sexualidad en el matrimonio (P. 138), y la mayordomía del octavo (propiedad, trabajo, liberalidad). La P. 139 enseña la ética sexual cristiana según la Escritura, sin atenuarla.
En la predicación. Predíquese el sexto contra el odio y la falta de perdón (P. 136), no solo contra el homicidio. Predíquese el séptimo contra la lujuria del corazón y de los ojos (P. 138–139; Mt 5), y a favor del matrimonio y la castidad, con compasión hacia el caído y firmeza en la verdad. Predíquese el octavo contra la codicia y la opresión del pobre, y a favor del trabajo, la honradez y la liberalidad.
En la formación. El oficial debe exponer la lectura espiritual y amplia de estos mandamientos (B11, reglas 2 y 6); las excepciones lícitas del sexto frente al pacifismo absoluto (P. 136; CFW 23.2); la ética sexual del séptimo según el estándar, incluida la materia del matrimonio y el divorcio (P. 138–139; CFW 24); y la doctrina de la propiedad y la mayordomía del octavo (P. 141–142; CFW 26.3) frente al comunitarismo y a la avaricia.
Errores que el bloque corrige
- Pacifismo absoluto: que «No matarás» prohíbe toda toma de vida. Responde P. 136: hay excepciones lícitas —justicia pública, guerra lícita, defensa necesaria—.
- Reducir el homicidio al acto externo: Responde P. 135–136: el sexto manda preservar la vida y prohíbe la ira y el odio del corazón (Mt 5).
- Reducir el adulterio al acto físico: Responde P. 138–139: la castidad es del cuerpo y de la mente; la mirada lasciva ya peca (Mt 5:27–28).
- Negación de la ética sexual bíblica: Responde P. 139, que nombra los pecados sexuales según la Escritura, sin atenuación.
- Celibato obligado y poligamia: Responde P. 139: «los votos enredadores de vida célibe» y «el tener más de una esposa o de un marido».
- Comunitarismo / abolición de la propiedad: Responde P. 141 y CFW 26.3: el octavo establece y protege la propiedad privada.
- Codicia, opresión y usura: Responde P. 142: la explotación del prójimo viola el octavo tanto como el hurto.
- Avaricia mezquina: Responde P. 142: «defraudarnos a nosotros mismos del debido uso y consuelo de los bienes».
Preguntas de estudio
- ¿Por qué el sexto mandamiento es a la vez positivo y espiritual (P. 135–136)?
- ¿Cuáles son las tres tomas lícitas de la vida que el sexto exceptúa (P. 136)?
- ¿Cómo alcanza el séptimo mandamiento el corazón y los ojos (P. 138–139; Mt 5)?
- ¿Cuál es el orden de Dios para la sexualidad según P. 138?
- ¿Qué pecados nombra P. 139, y por qué el Catecismo no los atenúa?
- ¿Cómo establece y protege el octavo mandamiento la propiedad privada (P. 141; CFW 26.3)?
- ¿En qué sentido la «usura» del octavo no condena todo préstamo (P. 141–142)?
- ¿Cómo viola el octavo mandamiento la avaricia que no goza de los dones de Dios (P. 142)?
Glosario del bloque
Sexto mandamiento — manda preservar la vida propia y ajena; prohíbe el homicidio injusto, el suicidio y la ira del corazón (P. 135–136). Tomas lícitas de la vida — la justicia pública (pena capital), la guerra lícita y la defensa necesaria, exceptuadas del sexto mandamiento (P. 136; CFW 23.2). Séptimo mandamiento — manda la castidad de cuerpo y mente y el matrimonio; prohíbe el adulterio y toda impureza de obra, palabra y pensamiento (P. 138–139). Castidad — la pureza en cuerpo, mente, afectos, palabras y conducta, guardada en uno mismo y en otros (P. 138). Octavo mandamiento — manda la justicia en los tratos y la mayordomía de los bienes; prohíbe el hurto, el fraude, la opresión y la codicia (P. 141–142). Mayordomía — el adquirir, conservar, usar y disponer de los bienes con diligencia, frugalidad y liberalidad, dando a cada uno lo suyo (P. 141). Usura — en uso del s. XVII, típicamente el préstamo opresivo o excesivo (no todo interés); el dar y prestar libremente es deber del mandamiento (P. 141–142; lectura histórico-léxica). Propiedad — el dominio sobre los bienes, supuesto y protegido por el octavo mandamiento; la comunión de los santos obliga a la liberalidad, no a su abolición (P. 141; CFW 26.3).
Bibliografía comentada
- Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (voz registrada pertinente al octavo: estate → «bienes/estado», doble acepción; cf. el pie 142 del CMa base).
- Catecismo Menor: CMe 67–69 (sexto), 70–72 (séptimo), 73–75 (octavo) — fórmulas generales que el Mayor despliega aplicando la espiritualidad y amplitud de la ley.
- Confesión: no hay capítulos del sexto y octavo mandamientos como tales; las materias conexas están en el cap. 23.2 (la guerra lícita del magistrado), el cap. 24 (Del matrimonio y el divorcio) y el cap. 26.3 (la comunión de los santos no abole la propiedad); véanse los cap-23, cap-24 y cap-26 de esta edición de fusión.
- T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).
