Bloque 14 · El quinto mandamiento y la suma de la segunda tabla (P. 122–133)
Edición de estudio comentada
Tesis del bloque
Abierta la segunda tabla —el deber para con el hombre—, el Catecismo dedica todo un bloque al quinto mandamiento, fundamento de todo orden social. En doce preguntas, en tres movimientos. La suma y el alcance (P. 122–126): la suma de los seis mandamientos es amar al prójimo como a uno mismo y hacer a otros lo que quisiéramos que nos hicieran (P. 122); por «padre» y «madre» se entienden no solo los padres naturales, sino todos los superiores ordenados por Dios en la familia, la iglesia y la república (P. 124–125); y el alcance general del mandamiento es el cumplimiento de los deberes mutuos «como inferiores, superiores o iguales» (P. 126). Los deberes y pecados de cada relación (P. 127–132): la honra y los pecados de los inferiores hacia los superiores (P. 127–128), los deberes y pecados de los superiores hacia los inferiores (P. 129–130), y los deberes y pecados de los iguales entre sí (P. 131–132). La razón aneja (P. 133): la promesa de larga vida y prosperidad, en cuanto sirva para la gloria de Dios y el bien de los que guardan el mandamiento. Lo que el Menor enuncia en tres breves preguntas (CMe 64–66), el Mayor lo despliega en una ética relacional completa. La Confesión no dedica un capítulo al quinto mandamiento como tal: trata las relaciones específicas en los capítulos del magistrado (CFW 23) y del matrimonio y el divorcio (CFW 24).
Texto catequético
P. 122. ¿Cuál es la suma de los seis mandamientos que contienen nuestro deber para con el hombre? R. La suma de los seis mandamientos que contienen nuestro deber para con el hombre es: amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y hacer a otros lo que quisiéramos que ellos nos hicieran a nosotros.
P. 123. ¿Cuál es el quinto mandamiento? R. El quinto mandamiento es: «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da».
P. 124. ¿Quiénes se entienden por «padre» y «madre» en el quinto mandamiento? R. Por «padre» y «madre», en el quinto mandamiento, se entienden no solo los padres naturales, sino todos los superiores en edad y dones; y especialmente aquellos que, por ordenanza de Dios, están sobre nosotros en lugar de autoridad, ya sea en la familia, la iglesia o la república.
P. 125. ¿Por qué los superiores son llamados «padre» y «madre»? R. Los superiores son llamados «padre» y «madre» para enseñarles que, en todos sus deberes para con sus inferiores, han de mostrarles, como padres naturales, amor y ternura, según sus diversas relaciones; y para mover a los inferiores a mayor buena voluntad y alegría en el cumplimiento de sus deberes para con sus superiores, como para con sus padres.
P. 126. ¿Cuál es el alcance general del quinto mandamiento? R. El alcance general del quinto mandamiento es el cumplimiento de aquellos deberes que mutuamente nos debemos en nuestras diversas relaciones, como inferiores, superiores o iguales.
P. 127. ¿Cuál es la honra que los inferiores deben a sus superiores? R. La honra que los inferiores deben a sus superiores es: toda la debida reverencia de corazón, palabra y conducta; la oración y acción de gracias por ellos; la imitación de sus virtudes y gracias; la obediencia voluntaria a sus mandatos y consejos lícitos; la debida sumisión a sus correcciones; la fidelidad a sus personas y autoridad, y la defensa y el sostenimiento de ellas, según sus diversos rangos y la naturaleza de sus lugares; el sobrellevar sus flaquezas y cubrirlas con amor, para que así sean ellos una honra para ellos y para su gobierno.
P. 128. ¿Cuáles son los pecados de los inferiores contra sus superiores? R. Los pecados de los inferiores contra sus superiores son: todo descuido de los deberes requeridos para con ellos; la envidia, el desprecio y la rebelión contra sus personas y lugares, en sus consejos, mandatos y correcciones lícitos; la maldición, la burla y toda conducta refractaria y escandalosa que resulte en vergüenza y deshonra para ellos y su gobierno.
P. 129. ¿Qué se requiere de los superiores para con sus inferiores? R. Se requiere de los superiores, según el poder que reciben de Dios y la relación en que están: amar a sus inferiores, orar por ellos y bendecirlos; instruirlos, aconsejarlos y amonestarlos; aprobar, alabar y recompensar a los que hacen bien, y desaprobar, reprender y castigar a los que hacen mal; protegerlos y proveerles todas las cosas necesarias para el alma y el cuerpo; y, con una conducta grave, sabia, santa y ejemplar, procurar gloria a Dios y honra para sí mismos, y así preservar la autoridad que Dios ha puesto sobre ellos.
P. 130. ¿Cuáles son los pecados de los superiores? R. Los pecados de los superiores son, además del descuido de los deberes que se les requieren: la búsqueda desordenada de sí mismos, de su propia gloria, comodidad, provecho o placer; el mandar cosas ilícitas, o que no están en el poder de los inferiores cumplir; el aconsejarles, animarles o favorecerles en lo que es malo; el disuadirles, desanimarles o desaprobarles en lo que es bueno; el corregirles indebidamente; el exponerles por descuido, o dejarles expuestos, al mal, la tentación y el peligro; el provocarles a ira; o el deshonrarse a sí mismos de cualquier manera, o menguar su autoridad, por una conducta injusta, indiscreta, rigurosa o negligente.
P. 131. ¿Cuáles son los deberes de los iguales? R. Los deberes de los iguales son: estimar la dignidad y el valor de cada uno, prefiriéndose unos a otros en cuanto a honra; y gozarse en los dones y el adelantamiento de los otros como en los propios.
P. 132. ¿Cuáles son los pecados de los iguales? R. Los pecados de los iguales son, además del descuido de los deberes requeridos: el menospreciar el valor, envidiar los dones y dolerse del adelantamiento o prosperidad de los otros; y el usurpar la preeminencia unos sobre otros.
P. 133. ¿Cuál es la razón aneja al quinto mandamiento para reforzarlo más? R. La razón aneja al quinto mandamiento, en estas palabras: «para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da», es una promesa expresa de larga vida y prosperidad, en cuanto sirva para la gloria de Dios y el bien de ellos, a todos los que guardan este mandamiento.
Armonía interna de los Estándares
Este bloque corresponde a CMe 63–66 y, en la Confesión, a los capítulos que tratan relaciones específicas (CFW 23, el magistrado; CFW 24, el matrimonio y el divorcio), pues la Confesión no dedica un capítulo al quinto mandamiento como tal. CMa 122 y CMe 42: la suma de la segunda tabla —el Mayor: «amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y hacer a otros lo que quisiéramos que ellos nos hicieran» (CMa 122); el Menor da en CMe 42 la suma de los diez, que incluye «y a nuestro prójimo como a nosotros mismos» como la segunda mitad—. CMa 123 y CMe 63: el quinto mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 124–126 y CMe 64: el alcance coincide —el Menor: «preservar el honor y cumplir los deberes que corresponden a cada uno en sus diversos lugares y relaciones, como superiores, inferiores o iguales» (CMe 64); el Mayor lo desarrolla, precisando primero quiénes son «padre y madre» (P. 124) y el alcance «mutuo» (P. 126)—. CMa 127–130 y CMe 64–65: los deberes y pecados de superiores e inferiores coinciden —el Menor los reúne en CMe 64 (lo requerido) y CMe 65 (lo prohibido: «descuidar el honor y el deber… o hacer cualquier cosa contra ellos»); el Mayor los desdobla en cuatro preguntas detalladas—. CMa 131–132 y CMe 64–65: los deberes y pecados de los iguales, que el Menor incluye en su fórmula general, el Mayor los expone aparte (P. 131–132). CMa 133 y CMe 66: la razón aneja coincide —ambos: «una promesa… de larga vida y prosperidad… a todos los que guardan este mandamiento»; con la cláusula calificadora, que el Mayor lee «en cuanto sirva para la gloria de Dios y el bien de ellos» (CMa 133) y el Menor «en la medida en que sirvan para la gloria de Dios y el bien de ellos» (CMe 66)—. La armonía es plena: el Mayor convierte la fórmula general del Menor (lugares y relaciones) en una ética relacional articulada por superiores, inferiores e iguales.
Exposición
La suma de la segunda tabla (P. 122). «Amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y hacer a otros lo que quisiéramos que ellos nos hicieran.» Como la primera tabla se resume en el amor a Dios (P. 102), la segunda se resume en el amor al prójimo, con la regla de oro (Mt 7:12). Los seis mandamientos restantes son la explicitación de ese amor en las relaciones concretas.
A quién honra el quinto mandamiento (P. 123–126). «Honra a tu padre y a tu madre.» El Catecismo lee el mandamiento con amplitud: «padre» y «madre» son «no solo los padres naturales, sino todos los superiores en edad y dones; y especialmente aquellos que, por ordenanza de Dios, están sobre nosotros en lugar de autoridad… en la familia, la iglesia o la república» (P. 124). El quinto mandamiento es, pues, la base de todo orden social: gobierna las relaciones de autoridad en los tres gobiernos (doméstico, eclesiástico, civil). Y la elección del nombre «padre/madre» es deliberada (P. 125): enseña a los superiores a ejercer la autoridad «con amor y ternura, como padres naturales» —no como tiranos—, y mueve a los inferiores a obedecer con afecto, no por temor servil. El alcance general (P. 126) es «el cumplimiento de aquellos deberes que mutuamente nos debemos» —la clave del bloque: la honra es recíproca—.
Inferiores y superiores (P. 127–130). El Catecismo expone los deberes y pecados de cada lado. Los inferiores deben a sus superiores «toda la debida reverencia de corazón, palabra y conducta… la obediencia voluntaria a sus mandatos y consejos lícitos… la fidelidad… el sobrellevar sus flaquezas y cubrirlas con amor» (P. 127); su pecado es la envidia, el desprecio, la rebelión, la burla (P. 128). Pero —y esto distingue al Catecismo— los superiores tienen deberes igual de exigentes: «amar a sus inferiores, orar por ellos… instruirlos… recompensar a los que hacen bien… castigar a los que hacen mal… protegerlos y proveerles todas las cosas necesarias para el alma y el cuerpo» y dar ejemplo santo (P. 129); y sus pecados (P. 130) son nombrados sin contemplaciones: «la búsqueda desordenada de sí mismos… el mandar cosas ilícitas… el provocarles a ira… o el deshonrarse a sí mismos… por una conducta injusta, indiscreta, rigurosa o negligente». La autoridad no es licencia: el tirano peca contra el quinto mandamiento tanto como el rebelde. Nótese también el límite de la obediencia: «mandatos y consejos lícitos» (P. 127) —ninguna autoridad humana obliga a pecar—.
Los iguales (P. 131–132). El mandamiento gobierna también a los pares: deben «estimar la dignidad y el valor de cada uno, prefiriéndose unos a otros en cuanto a honra; y gozarse en los dones y el adelantamiento de los otros como en los propios» (P. 131; Ro 12:10; Flp 2:3). Su pecado es la envidia y «el usurpar la preeminencia unos sobre otros» (P. 132). Contra el orgullo que se exalta y la envidia que se duele del bien ajeno.
La promesa (P. 133). «Para que tus días se alarguen.» Es «el primer mandamiento con promesa» (Ef 6:2): «una promesa expresa de larga vida y prosperidad… a todos los que guardan este mandamiento». Pero el Catecismo la califica con cuidado: «en cuanto sirva para la gloria de Dios y el bien de ellos». La promesa no es mecánica —no todo el que honra a sus padres vive muchos años, ni la prosperidad es automática—; es la regla general de la bondad de Dios hacia la obediencia, subordinada a su gloria y al verdadero bien del creyente (algunos santos mueren jóvenes, y eso también es para su bien, B10 P. 85). Así el Catecismo guarda la promesa del evangelio de la prosperidad.
Usos eclesiales
Este bloque forma el conocimiento del orden que Dios ha puesto en las relaciones humanas. Donde se enseña bien, se honra la autoridad legítima sin idolatrarla y se ejerce sin tiranizar, y los iguales se prefieren en amor.
En la catequesis. El Mayor permite enseñar la amplitud del quinto mandamiento (todos los superiores, no solo los padres, P. 124), la reciprocidad de los deberes (P. 126), y —lo más necesario hoy— que los superiores también pecan (P. 130). Enséñese el límite de la obediencia: solo a lo lícito (P. 127).
En la predicación. Predíquese la honra debida a la autoridad (P. 127) y, con igual fuerza, los deberes de los superiores y sus pecados (P. 129–130) —contra la tiranía doméstica, eclesiástica o civil—. Predíquese la promesa (P. 133) sin convertirla en evangelio de la prosperidad: la larga vida y prosperidad se dan «en cuanto sirva para la gloria de Dios y el bien de ellos».
En la formación. El oficial debe exponer el quinto mandamiento como fundamento del orden en los tres gobiernos (P. 124); la reciprocidad de los deberes (P. 126); los deberes y pecados de los superiores (P. 129–130), pues él mismo es superior en la iglesia; el límite de la obediencia a lo lícito (P. 127); y la promesa calificada (P. 133). Debe guardar el equilibrio entre la sumisión debida y la resistencia a lo ilícito.
Errores que el bloque corrige
- Reducir el quinto mandamiento a los padres biológicos: Responde P. 124: abarca todos los superiores ordenados por Dios en la familia, la iglesia y la república.
- Tiranía / autoridad unilateral: que los superiores tienen derechos pero no deberes. Responde P. 129–130: los superiores deben amor y provisión, y sus pecados (autobúsqueda, provocar a ira) son nombrados.
- Obediencia incondicional: que se debe obedecer a la autoridad aun en lo pecaminoso. Responde P. 127: la obediencia es a los mandatos «lícitos».
- Rebelión y desprecio de la autoridad legítima: Responde P. 128.
- Orgullo y envidia entre iguales: Responde P. 131–132: preferirse en honra, gozarse del bien ajeno, no usurpar la preeminencia.
- Evangelio de la prosperidad (lectura mecánica de la promesa): Responde P. 133: la promesa es «en cuanto sirva para la gloria de Dios y el bien de ellos».
Preguntas de estudio
- ¿Cómo se resume la segunda tabla, y qué relación tiene con la regla de oro (P. 122)?
- ¿A quiénes abarca «padre y madre», y en qué tres esferas (P. 124)?
- ¿Por qué se llama a los superiores «padre» y «madre» (P. 125)?
- ¿Qué significa que el alcance del mandamiento es de deberes «mutuos» (P. 126)?
- ¿Cuál es el límite de la obediencia que los inferiores deben a los superiores (P. 127)?
- ¿Qué deberes y qué pecados tienen los superiores (P. 129–130)?
- ¿Qué deben los iguales entre sí, y contra qué pecados (P. 131–132)?
- ¿En qué sentido la promesa de larga vida «no es mecánica» (P. 133)?
Glosario del bloque
Suma de la segunda tabla — amar al prójimo como a uno mismo y hacer a otros lo que quisiéramos que nos hicieran (regla de oro) (P. 122; Mt 7:12). «Padre» y «madre» — no solo los padres naturales, sino todos los superiores ordenados por Dios en la familia, la iglesia y la república (P. 124). Superiores, inferiores e iguales — el marco relacional del quinto mandamiento: los deberes mutuos según el lugar de cada uno (P. 126). Honra de los inferiores — reverencia, obediencia a lo lícito, fidelidad y sostén de la autoridad legítima (P. 127). Deberes de los superiores — amor, provisión, instrucción, recompensa y castigo justos, y ejemplo santo, preservando la autoridad de Dios (P. 129). Pecados de los superiores — la autobúsqueda, el mandar lo ilícito, el provocar a ira, y el deshonrar la autoridad por conducta injusta o negligente (P. 130). Deberes de los iguales — preferirse en honra y gozarse del bien ajeno como del propio (P. 131; Ro 12:10). Promesa calificada — la larga vida y prosperidad prometidas a la obediencia, en cuanto sirvan a la gloria de Dios y al bien del creyente; no mecánica (P. 133; CMe 66; Ef 6:2).
Bibliografía comentada
- Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (instrumento rector terminológico).
- Catecismo Menor: CMe 63 (el mandamiento), 64 (lo requerido), 65 (lo prohibido), 66 (la razón aneja) — fórmula general que el Mayor articula en superiores/inferiores/iguales (P. 124–132); CMe 66 «en la medida en que sirvan» / CMa 133 «en cuanto sirva».
- Confesión: no hay un capítulo del quinto mandamiento como tal; las relaciones específicas se tratan en el cap. 23 (Del magistrado civil) y el cap. 24 (Del matrimonio y del divorcio); véanse los cap-23 y cap-24 de esta edición de fusión.
- T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).
