Bloque 17 · La incapacidad de guardar la ley, los agravantes del pecado y lo que Dios exige (P. 149–153)
Texto para la lectura de la iglesia
P. 149. ¿Es alguien capaz de guardar perfectamente los mandamientos de Dios? R. Ningún hombre es capaz, ni por sí mismo ni por gracia alguna recibida en esta vida, de guardar perfectamente los mandamientos de Dios, sino que diariamente los quebranta en pensamiento, palabra y obra.
P. 150. ¿Son todas las transgresiones de la ley de Dios igualmente atroces en sí mismas y a los ojos de Dios? R. No todas las transgresiones de la ley de Dios son igualmente atroces, sino que algunos pecados, en sí mismos y por razón de diversos agravantes, son más atroces a los ojos de Dios que otros.
P. 151. ¿Cuáles son aquellos agravantes que hacen a algunos pecados más atroces que otros? R. Los pecados reciben sus agravantes: 1. De las personas que ofenden: si son de edad más madura, de mayor experiencia o gracia, eminentes por su profesión, dones, lugar u oficio, guías de otros, y cuyo ejemplo es probable que otros sigan. 2. De las partes ofendidas: si es inmediatamente contra Dios, sus atributos y su adoración; contra Cristo y su gracia; contra el Espíritu Santo, su testimonio y sus operaciones; contra los superiores, los hombres de eminencia y aquellos con quienes estamos especialmente relacionados y comprometidos; contra cualquiera de los santos, particularmente los hermanos débiles, contra sus almas o las de cualquier otro, y contra el bien común de todos o de muchos. 3. De la naturaleza y cualidad de la ofensa: si es contra la letra expresa de la ley; si quebranta muchos mandamientos, si contiene en sí muchos pecados; si no solo es concebida en el corazón, sino que estalla en palabras y acciones, escandaliza a otros y no admite reparación; si es contra los medios, las misericordias, los juicios, la luz de la naturaleza, la convicción de la conciencia, la amonestación pública o privada, las censuras de la iglesia, los castigos civiles; y contra nuestras oraciones, propósitos, promesas, votos, pactos y compromisos con Dios o con los hombres; si se comete deliberada, voluntaria, presuntuosa, descarada, jactanciosa, maliciosa, frecuente y obstinadamente, con deleite, con persistencia, o recayendo después del arrepentimiento. 4. De las circunstancias de tiempo y lugar: si es en el día del Señor u otros tiempos de la adoración divina, o inmediatamente antes o después de estos, o de otras ayudas para prevenir o remediar tales caídas; si es en público o en presencia de otros que probablemente sean con ello provocados o contaminados.
P. 152. ¿Qué merece cada pecado de la mano de Dios? R. Cada pecado, aun el más pequeño, siendo contra la soberanía, la bondad y la santidad de Dios, y contra su justa ley, merece su ira y maldición, tanto en esta vida como en la venidera; y no puede ser expiado sino por la sangre de Cristo.
P. 153. ¿Qué requiere Dios de nosotros para que escapemos de su ira y maldición, debidas a nosotros por la transgresión de la ley? R. Para que escapemos de la ira y maldición de Dios, debidas a nosotros por la transgresión de la ley, él requiere de nosotros arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo, y el uso diligente de los medios externos por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de su mediación.
