Bloque 18 · Los medios de gracia y la Palabra (P. 154–160)

Texto para la lectura de la iglesia

P. 154. ¿Cuáles son los medios externos por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de su mediación? R. Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo comunica a su iglesia los beneficios de su mediación son todas sus ordenanzas, especialmente la Palabra, los sacramentos y la oración; todos los cuales son hechos eficaces a los elegidos para su salvación.

P. 155. ¿Cómo es hecha la Palabra eficaz para salvación? R. El Espíritu de Dios hace de la lectura, pero especialmente de la predicación de la Palabra, un medio eficaz para iluminar, convencer y humillar a los pecadores; para sacarlos de sí mismos y atraerlos a Cristo; para conformarlos a su imagen y someterlos a su voluntad; para fortalecerlos contra las tentaciones y corrupciones; para edificarlos en la gracia y afirmar sus corazones en santidad y consuelo por la fe para salvación.

P. 156. ¿Ha de ser leída la Palabra de Dios por todos? R. Aunque no a todos ha de permitirse leer la Palabra públicamente a la congregación, todos los hombres de toda clase están obligados a leerla aparte por sí mismos y con sus familias; para lo cual las Santas Escrituras han de ser traducidas de los originales a las lenguas vulgares.

P. 157. ¿Cómo ha de ser leída la Palabra de Dios? R. Las Santas Escrituras han de ser leídas con una alta y reverente estima de ellas; con la firme persuasión de que son la misma Palabra de Dios y de que solo él puede capacitarnos para entenderlas; con deseo de conocer, creer y obedecer la voluntad de Dios revelada en ellas; con diligencia y atención a la materia y el alcance de ellas; con meditación, aplicación, abnegación y oración.

P. 158. ¿Por quién ha de ser predicada la Palabra de Dios? R. La Palabra de Dios ha de ser predicada solamente por aquellos que están suficientemente dotados, y además debidamente aprobados y llamados a ese oficio.

P. 159. ¿Cómo ha de ser predicada la Palabra de Dios por aquellos que son llamados a ello? R. Los que son llamados a trabajar en el ministerio de la Palabra han de predicar sana doctrina: diligentemente, a tiempo y fuera de tiempo; con claridad, no con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder; fielmente, dando a conocer todo el consejo de Dios; sabiamente, acomodándose a las necesidades y capacidades de los oyentes; celosamente, con ferviente amor a Dios y a las almas de su pueblo; sinceramente, buscando su gloria y la conversión, edificación y salvación de ellos.

P. 160. ¿Qué se requiere de los que oyen la Palabra predicada? R. Se requiere de los que oyen la Palabra predicada que la atiendan con diligencia, preparación y oración; que examinen por las Escrituras lo que oyen; que reciban la verdad con fe, amor, mansedumbre y prontitud de ánimo, como Palabra de Dios; que mediten en ella y la conversen; que la guarden en sus corazones y produzcan su fruto en sus vidas.