Bloque 9 · Justificación, fe, adopción y santificación (P. 70–77)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

De la unión con Cristo brota la comunión en gracia (Bloque 8, P. 69): la participación de los beneficios de su mediación. El Catecismo los expone ahora uno a uno —el corazón del orden de la salvación y la doctrina central de la Reforma—. En ocho preguntas, en cuatro movimientos. La justificación (P. 70–71): un acto de la libre gracia de Dios en que perdona todos los pecados y acepta y cuenta como justa la persona del pecador, no por cosa obrada en él, sino solo por la obediencia y satisfacción de Cristo, imputadas y recibidas por la fe sola (P. 70); acto de pura gracia, porque Dios mismo proveyó al fiador cuya satisfacción acepta (P. 71). La fe justificadora (P. 72–73): la gracia salvadora por la cual el pecador recibe y descansa en Cristo y su justicia (P. 72), y que justifica no por su valor ni por las obras que produce, sino solo como el instrumento que recibe a Cristo (P. 73). La adopción (P. 74): el acto de gracia por el cual los justificados son recibidos como hijos de Dios, con su nombre, su Espíritu, su cuidado paterno y la herencia con Cristo. La santificación (P. 75–77): la obra de la gracia por la cual los elegidos son renovados en todo su hombre conforme a la imagen de Dios, muriendo al pecado y viviendo en novedad (P. 75); que incluye el arrepentimiento para vida (P. 76); y que, aunque inseparable de la justificación, difiere de ella (P. 77). Lo que el Menor enuncia en breves definiciones (CMe 33–35, 86–87), el Mayor lo precisa con cuidado —sobre todo la fe como instrumento (P. 73) y la diferencia entre justificación y santificación (P. 77)—.

Texto catequético

P. 70. ¿Qué es la justificación? R. La justificación es un acto de la libre gracia de Dios para con los pecadores, en el cual él perdona todos sus pecados, y acepta y cuenta sus personas como justas a sus ojos; no por cosa alguna obrada en ellos o hecha por ellos, sino solamente por la perfecta obediencia y la plena satisfacción de Cristo, imputadas a ellos por Dios y recibidas por la fe sola.

P. 71. ¿Cómo es la justificación un acto de la libre gracia de Dios? R. Aunque Cristo, por su obediencia y muerte, hizo una satisfacción propia, real y plena a la justicia de Dios a favor de los que son justificados, sin embargo, por cuanto Dios acepta la satisfacción de un fiador, la cual podría haber demandado de ellos, y proveyó él mismo este fiador, su propio Hijo unigénito, imputando su justicia a ellos y no requiriendo de ellos para su justificación sino la fe, la cual también es don suyo, su justificación es para ellos de pura gracia.

P. 72. ¿Qué es la fe justificadora? R. La fe justificadora es una gracia salvadora, obrada en el corazón de un pecador por el Espíritu y la Palabra de Dios, por la cual él, convencido de su pecado y de su miseria, y de la incapacidad en sí mismo y en toda otra criatura para recuperarlo de su condición perdida, no solamente asiente a la verdad de la promesa del evangelio, sino que recibe y descansa en Cristo y su justicia, ofrecidos en ella, para perdón de pecado, y para que su persona sea aceptada y contada como justa a los ojos de Dios para salvación.

P. 73. ¿Cómo justifica la fe a un pecador a los ojos de Dios? R. La fe justifica a un pecador a los ojos de Dios, no por causa de aquellas otras gracias que siempre la acompañan, ni de las buenas obras que son frutos de ella, ni como si la gracia de la fe, o algún acto de ella, le fuese imputada para su justificación; sino solamente porque es un instrumento por el cual él recibe y aplica a Cristo y su justicia.

P. 74. ¿Qué es la adopción? R. La adopción es un acto de la libre gracia de Dios, en su único Hijo Jesucristo y por causa de él, por el cual todos los que son justificados son recibidos en el número de sus hijos, llevan su nombre puesto sobre ellos, les es dado el Espíritu de su Hijo, están bajo su cuidado y dispensaciones paternales, son admitidos a todas las libertades y privilegios de los hijos de Dios, y son hechos herederos de todas las promesas y coherederos con Cristo en gloria.

P. 75. ¿Qué es la santificación? R. La santificación es una obra de la gracia de Dios, por la cual aquellos a quienes Dios, antes de la fundación del mundo, escogió para que fuesen santos, son en el tiempo, por la poderosa operación de su Espíritu que aplica a ellos la muerte y resurrección de Cristo, renovados en todo su hombre conforme a la imagen de Dios; teniendo las semillas del arrepentimiento para vida y de todas las demás gracias salvadoras puestas en sus corazones, y esas gracias de tal manera avivadas, aumentadas y fortalecidas, que mueren más y más al pecado y se levantan a novedad de vida.

P. 76. ¿Qué es el arrepentimiento para vida? R. El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora, obrada en el corazón de un pecador por el Espíritu y la Palabra de Dios, por la cual, a la vista y sentido, no solo del peligro, sino también de la inmundicia y odiosidad de sus pecados, y por la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo para con los penitentes, él se duele de sus pecados y los aborrece de tal manera, que se vuelve de todos ellos a Dios, proponiéndose y esforzándose constantemente por andar con él en todos los caminos de la nueva obediencia.

P. 77. ¿En qué difieren la justificación y la santificación? R. Aunque la santificación va inseparablemente unida a la justificación, difieren sin embargo en que Dios, en la justificación, imputa la justicia de Cristo, y en la santificación su Espíritu infunde gracia y capacita para su ejercicio; en aquella el pecado es perdonado, en esta es sometido; la una libra igualmente a todos los creyentes de la ira vengadora de Dios, y eso perfectamente en esta vida, de modo que nunca caen en condenación; la otra ni es igual en todos, ni perfecta en ninguno en esta vida, sino que va creciendo hacia la perfección.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde a los capítulos 11 (justificación), 12 (adopción), 13 (santificación) y 14–15 (fe y arrepentimiento) de la Confesión, y a CMe 33–35, 86–87. CMa 70 y CMe 33 / CFW 11.1: la justificación coincide —el Menor: «un acto de la libre gracia de Dios, por el cual él perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos ante sus ojos, solamente por la justicia de Cristo a nosotros imputada, y recibida por la sola fe» (CMe 33); la Confesión: «no infundiendo justicia en ellos, sino perdonándoles sus pecados, y contando y aceptando sus personas como justas… imputándoles la obediencia y satisfacción de Cristo» (11.1)—; el Mayor especifica «la perfecta obediencia y la plena satisfacción de Cristo» (CMa 70). CMa 71 / CFW 11.3: la pura gracia de la justificación coincide —la Confesión: Cristo «hizo una satisfacción propia, real y plena a la justicia de su Padre… para que tanto la exacta justicia como la rica gracia de Dios fuesen glorificadas» (11.3)—. CMa 72 y CMe 86 / CFW 14.2: la fe justificadora coincide —el Menor: «una gracia salvadora, por la cual le recibimos, y descansamos en él solo para salvación, tal como él nos es ofrecido en el evangelio» (CMe 86)—; el Mayor añade que la fe no solo «asiente a la verdad de la promesa», sino que «recibe y descansa en Cristo» (CMa 72). CMa 73 / CFW 11.2: la fe como instrumento coincide —la Confesión: «La fe, que así recibe a Cristo y su justicia y descansa en ellos, es el único instrumento de la justificación; pero no está sola… sino que obra por el amor» (11.2); el Mayor: «solamente porque es un instrumento por el cual él recibe y aplica a Cristo y su justicia» (CMa 73)—. CMa 74 y CMe 34 / CFW 12.1: la adopción coincide —el Menor: «somos recibidos en el número de los hijos de Dios y tenemos derecho a todos sus privilegios» (CMe 34); la Confesión: «recibidos en el número de los hijos de Dios… tienen puesto sobre sí el nombre de él; reciben el Espíritu de adopción… heredan las promesas» (12.1)—. CMa 75 y CMe 35 / CFW 13.1: la santificación coincide —el Menor: «somos renovados en todo el hombre conforme a la imagen de Dios, y somos capacitados más y más para morir al pecado y vivir para la justicia» (CMe 35); la Confesión: «santificados, real y personalmente, por la virtud de la muerte y resurrección de Cristo, por su Palabra y su Espíritu» (13.1)—. CMa 76 y CMe 87: el arrepentimiento coincide —el Menor: «se vuelve de su pecado a Dios, con dolor y odio de él, y con pleno propósito de nueva obediencia» (CMe 87)—; el Mayor añade «no solo del peligro, sino también de la inmundicia y odiosidad de sus pecados» (CMa 76). CMa 77: la diferencia entre justificación y santificación es propia del Mayor (el Menor no la formula en pregunta aparte). La armonía es plena: el Mayor es el más preciso en los puntos disputados (la fe instrumental, P. 73; la distinción justificación/santificación, P. 77).

Exposición

La justificación (P. 70). «Un acto de la libre gracia de Dios… en el cual él perdona todos sus pecados, y acepta y cuenta sus personas como justas a sus ojos; no por cosa alguna obrada en ellos o hecha por ellos, sino solamente por la perfecta obediencia y la plena satisfacción de Cristo, imputadas a ellos por Dios y recibidas por la fe sola.» Cada palabra es una trinchera de la Reforma. Es un acto (no un proceso, a diferencia de la santificación) de la libre gracia de Dios. En él Dios perdona (quita la deuda) y acepta y cuenta como justa la persona —un veredicto forense, declarativo: Dios declara justo, no infunde justicia (CFW 11.1)—. Y el fundamento es enteramente externo: «no por cosa alguna obrada en ellos», sino «solamente por la perfecta obediencia y la plena satisfacción de Cristo» —su obediencia activa (cumplió la ley por nosotros) y pasiva (sufrió la pena), B7—, «imputadas» (puestas a nuestra cuenta) y «recibidas por la fe sola». Aquí está el evangelio: una justicia ajena, perfecta, imputada, recibida solo por la fe.

De pura gracia (P. 71). ¿Cómo es esto gracia, si hubo una satisfacción real? El Catecismo responde con cuidado. Cristo «hizo una satisfacción propia, real y plena» —la justicia de Dios fue plenamente satisfecha, no pasada por alto—; pero Dios «acepta la satisfacción de un fiador, la cual podría haber demandado de ellos, y proveyó él mismo este fiador, su propio Hijo unigénito». De modo que la justicia es estricta (la deuda se pagó) y, a la vez, la salvación es de pura gracia (Dios mismo proveyó al pagador, y solo pide la fe, «la cual también es don suyo»). Así se glorifican juntas «la exacta justicia» y «la rica gracia» de Dios (CFW 11.3): la cruz no es gracia a costa de la justicia, sino gracia que satisface la justicia.

La fe justificadora (P. 72–73). ¿Qué es esta fe? «Una gracia salvadora, obrada… por el Espíritu y la Palabra», por la cual el pecador —convencido de su pecado y de su total incapacidad— «no solamente asiente a la verdad de la promesa del evangelio, sino que recibe y descansa en Cristo y su justicia» (P. 72). La fe tiene, pues, conocimiento y asentimiento, pero su corazón es la confianza que recibe y descansa en Cristo. Y —punto decisivo— ¿cómo justifica la fe? «No por causa de aquellas otras gracias que siempre la acompañan, ni de las buenas obras que son frutos de ella, ni como si la gracia de la fe, o algún acto de ella, le fuese imputada… sino solamente porque es un instrumento por el cual él recibe y aplica a Cristo y su justicia» (P. 73). La fe no justifica como virtud (no se imputa la fe en lugar de la justicia), sino como instrumento: la mano vacía que recibe el don. Esto guarda contra el sutil error de hacer de la fe misma la justicia que Dios acepta —error que reintroduciría la obra por la puerta trasera—.

La adopción (P. 74). «Un acto de la libre gracia de Dios, en su único Hijo Jesucristo y por causa de él, por el cual todos los que son justificados son recibidos en el número de sus hijos.» A la justificación (relación jurídica: el reo absuelto) se añade la adopción (relación filial: el extraño hecho hijo). El Catecismo despliega los privilegios: el nombre de Dios sobre ellos, el Espíritu del Hijo, el cuidado y la disciplina paternales, todas las libertades de los hijos, y la herencia —«coherederos con Cristo en gloria»—. El justificado no es solo perdonado; es recibido en la familia.

La santificación (P. 75). «Una obra de la gracia de Dios, por la cual aquellos a quienes Dios… escogió para que fuesen santos, son en el tiempo, por la poderosa operación de su Espíritu que aplica a ellos la muerte y resurrección de Cristo, renovados en todo su hombre conforme a la imagen de Dios.» Nótese: es una obra (proceso, no acto puntual); su raíz está en la elección eterna; su agente es el Espíritu, que aplica «la muerte y resurrección de Cristo» (morimos con él al pecado, resucitamos con él a la vida); su alcance es «todo su hombre» (no una parcela de la vida); y su dinámica es doble —«mueren más y más al pecado» (mortificación) «y se levantan a novedad de vida» (vivificación)—. La santificación no es el esfuerzo humano por mejorar, sino la obra del Espíritu que aviva las gracias sembradas.

El arrepentimiento para vida (P. 76). Parte de la santificación es el arrepentimiento, «gracia salvadora» por la cual el pecador, «a la vista y sentido, no solo del peligro, sino también de la inmundicia y odiosidad de sus pecados, y por la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo… se duele de sus pecados y los aborrece de tal manera, que se vuelve de todos ellos a Dios». Dos rasgos lo distinguen de la falsa penitencia: aborrece el pecado por su inmundicia (no solo teme el castigo —eso sería mera atrición—), y nace de «la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo» (el evangelio, no solo la ley, produce el arrepentimiento). Y no es solo sentir, sino volverse: «proponiéndose y esforzándose constantemente por andar… en todos los caminos de la nueva obediencia».

Justificación y santificación (P. 77). El Catecismo cierra con la distinción más importante de la vida cristiana. Las dos «van inseparablemente unidas» —no hay justificado que no sea santificado—, pero «difieren». En la justificación Dios imputa la justicia de Cristo (algo fuera de nosotros, puesto a nuestra cuenta); en la santificación su Espíritu infunde gracia (algo dentro de nosotros, obrado en el corazón). En la una el pecado es perdonado; en la otra, sometido. La una «libra igualmente a todos los creyentes de la ira vengadora de Dios, y eso perfectamente en esta vida, de modo que nunca caen en condenación» —es perfecta, igual e inmediata—; la otra «ni es igual en todos, ni perfecta en ninguno en esta vida, sino que va creciendo hacia la perfección» —es progresiva, desigual e imperfecta aquí—. Confundirlas (como Roma) destruye el consuelo del evangelio (haría depender la aceptación de un proceso siempre incompleto); separarlas (como el antinomismo) destruye la santidad (pretendería un perdón sin transformación). El Catecismo las une sin fundirlas: distintas, inseparables.

Usos eclesiales

Este bloque forma el conocimiento del evangelio mismo: cómo el pecador es aceptado por Dios. Donde se enseña bien, el creyente descansa su aceptación enteramente en la justicia imputada de Cristo, recibida por la fe, y se entrega a la santidad como fruto, no como fundamento, de esa aceptación.

En la catequesis. El Mayor permite enseñar la justificación forense (P. 70), la fe como instrumento y no como obra (P. 73), la adopción (P. 74) y la distinción justificación/santificación (P. 77) —el remedio contra la confusión más dañina en la vida cristiana—. Enséñese que la fe justifica como mano vacía, no como mérito.

En la predicación. Predíquese la justificación por la fe sola como el centro del evangelio (P. 70): una justicia ajena, perfecta, recibida y no ganada. Predíquese la santificación como obra del Espíritu y deber del creyente, fruto de la justificación, no su causa (P. 75, 77). Predíquese el arrepentimiento evangélico —nacido de la misericordia, que aborrece el pecado y se vuelve a Dios (P. 76)—, no la mera contrición por el castigo.

En la formación. El oficial debe exponer la justificación forense frente a la infusión romana (P. 70; CFW 11.1); la fe como instrumento frente al neonomianismo (P. 73); la pura gracia que satisface la justicia (P. 71; CFW 11.3); la adopción (P. 74; CFW 12); la santificación como obra del Espíritu, real y progresiva (P. 75; CFW 13.1); el arrepentimiento verdadero frente a la atrición (P. 76); y, sobre todo, la distinción inseparable entre justificación y santificación (P. 77) frente a Roma y al antinomismo.

Errores que el bloque corrige

  • Justificación romana (justicia infundida; fe más obras): que la justificación es el hacer justo por gracia infundida y cooperación. Responde P. 70 y CFW 11.1: Dios «acepta y cuenta» como justa la persona (CMa 70) —un veredicto forense, «no infundiendo justicia» (CFW 11.1)—, solo por la justicia de Cristo imputada.
  • La fe como mérito o como la justicia misma (neonomianismo): que la fe se imputa en lugar de la justicia, o que justifica por su valor. Responde P. 73: la fe justifica «solamente porque es un instrumento» que recibe a Cristo.
  • Fe de solo asentimiento: que creer es solo asentir a la verdad —error que el sandemanianismo del s. XVIII llevaría al extremo, aunque la Asamblea enfrentaba más bien la fides informis y la fe meramente histórica o temporal—. Responde P. 72: la fe «recibe y descansa en Cristo».
  • Antinomianismo: que, justificados, la santidad es indiferente. Responde P. 77: la santificación va «inseparablemente unida» a la justificación.
  • Perfeccionismo: que el creyente puede ser perfectamente santo en esta vida. Responde P. 77: la santificación «ni… perfecta en ninguno en esta vida».
  • Atrición / arrepentimiento por solo temor: que basta temer el castigo. Responde P. 76: el arrepentimiento aborrece «la inmundicia y odiosidad» del pecado y nace de la misericordia de Dios.

Preguntas de estudio

  1. ¿Por qué la justificación es un acto forense y no una infusión, y contra qué error (P. 70; CFW 11.1)?
  2. ¿Qué se imputa al creyente en la justificación, y de dónde viene (P. 70; B7)?
  3. ¿Cómo puede ser de pura gracia la justificación si hubo una satisfacción real (P. 71)?
  4. ¿Qué distingue la fe justificadora del mero asentimiento (P. 72)?
  5. ¿Por qué la fe justifica «solamente porque es un instrumento» y no por su valor (P. 73)?
  6. ¿Qué añade la adopción a la justificación (P. 74)?
  7. ¿Cuáles son las dos dinámicas de la santificación, y en qué se funda (P. 75)?
  8. ¿En qué difieren la justificación y la santificación, y por qué importa no confundirlas ni separarlas (P. 77)?

Glosario del bloque

Justificación — acto de la libre gracia de Dios que perdona los pecados y acepta y cuenta como justa la persona, solo por la justicia de Cristo imputada, recibida por la fe sola; forense, no infusión (P. 70; CFW 11.1). Imputación — el poner Dios a la cuenta del creyente la obediencia y satisfacción de Cristo; misma categoría forense que la imputación del pecado de Adán (P. 70; B4; Glosario v2.4, sección E). Fiador — Cristo, que responde en su propia persona por la deuda de los suyos, provisto por Dios mismo, de modo que la justicia se satisface y la salvación es de pura gracia (P. 71; CFW 11.3; cf. 8.3). No «garante» (registro comercial moderno): «fiador» es el término fijado por el Glosario v2.4 (sección M, surety). Fe justificadora — la gracia salvadora por la cual el pecador recibe y descansa en Cristo y su justicia; confianza, no mero asentimiento (P. 72; CMe 86). Fe como instrumento — que la fe justifica no por su valor ni como obra, sino como la mano que recibe a Cristo (P. 73; CFW 11.2). Adopción — acto de gracia por el cual los justificados son recibidos como hijos de Dios, con su nombre, su Espíritu, su cuidado paterno y la herencia con Cristo (P. 74; CFW 12). Santificación — obra de la gracia por la cual el Espíritu, aplicando la muerte y resurrección de Cristo, renueva en todo su hombre a los elegidos, que mueren al pecado y viven en novedad; infusión, real y progresiva (P. 75; CFW 13.1). Mortificación y vivificación — las dos dinámicas de la santificación: morir más y más al pecado y levantarse a novedad de vida (P. 75). Arrepentimiento para vida — gracia salvadora que, por el sentido de la inmundicia del pecado y la misericordia de Dios en Cristo, se duele de él, lo aborrece y se vuelve a Dios en nueva obediencia (P. 76; CMe 87).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (sección E: imputación; justificación forense; fe instrumental).
  • Catecismo Menor: CMe 33 (justificación), 34 (adopción), 35 (santificación), 86 (la fe), 87 (el arrepentimiento) — definiciones breves que el Mayor precisa; el Menor no formula la diferencia justificación/santificación (P. 77).
  • Confesión: caps. 11 (De la justificación: forense 11.1, fe el único instrumento 11.2, pura gracia 11.3), 12 (De la adopción), 13 (De la santificación: real y personal 13.1), 14 (la fe salvadora) y 15 (el arrepentimiento para vida); véanse los cap-11, cap-12 y cap-13 de esta edición de fusión.
  • T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).