Bloque 10 · Perseverancia, seguridad y comunión en gloria (P. 78–90)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

Este bloque corona la primera parte del Catecismo —lo que hemos de creer acerca de Dios— llevando la comunión con Cristo desde esta vida imperfecta hasta la gloria perfecta. En trece preguntas, en tres movimientos. La santificación imperfecta, la perseverancia y la seguridad (P. 78–81): la santificación es imperfecta en esta vida por los restos del pecado (P. 78), pero los verdaderos creyentes no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia (P. 79), pueden estar infaliblemente seguros de su salvación (P. 80), aunque tal certeza no es de la esencia de la fe y puede faltar o debilitarse, sin caer nunca en total desesperación (P. 81). La comunión en gloria en esta vida y en la muerte (P. 82–86): la comunión en gloria es en esta vida (primicias y arras: el sentido del amor de Dios, la paz, el gozo, la esperanza, P. 82–83), atraviesa la muerte —que aun a los justos alcanza, mas sin aguijón ni maldición, por amor de Dios (P. 84–85)— y, tras ella, las almas son hechas perfectas en santidad y reciben en los más altos cielos, contemplando el rostro de Dios (P. 86). La resurrección y el juicio (P. 87–90): habrá resurrección general de justos e injustos (P. 87), seguida del juicio final de ángeles y hombres (P. 88), en que los malvados serán condenados al infierno para siempre (P. 89) y los justos, absueltos y recibidos en el cielo, en la inmediata visión y fruición de Dios por toda la eternidad (P. 90). Así el Catecismo regresa a su comienzo: el fin del hombre —glorificar a Dios y gozar de él para siempre (P. 1)— se consuma en la visión beatífica. Lo que el Menor resume en tres preguntas (CMe 36–38), el Mayor lo despliega con todo el arco de las últimas cosas.

Texto catequético

P. 78. ¿De dónde procede la imperfección de la santificación en los creyentes? R. La imperfección de la santificación en los creyentes procede de los restos del pecado que permanecen en cada parte de ellos, y de las perpetuas concupiscencias de la carne contra el espíritu; por lo cual son a menudo vencidos por las tentaciones, caen en muchos pecados, son estorbados en todos sus servicios espirituales, y sus mejores obras son imperfectas y contaminadas a los ojos de Dios.

P. 79. ¿No pueden los verdaderos creyentes, por razón de sus imperfecciones y de las muchas tentaciones y pecados que los sorprenden, caer del estado de gracia? R. Los verdaderos creyentes, por razón del amor inmutable de Dios y de su decreto y pacto de darles perseverancia, de su unión inseparable con Cristo, de la continua intercesión de Cristo por ellos, y del Espíritu y la simiente de Dios que permanecen en ellos, no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia, sino que son guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para salvación.

P. 80. ¿Pueden los verdaderos creyentes estar infaliblemente seguros de que están en el estado de gracia y de que perseverarán en él hasta la salvación? R. Los que verdaderamente creen en Cristo y se esfuerzan por andar en toda buena conciencia delante de él pueden, sin revelación extraordinaria, por la fe fundada en la verdad de las promesas de Dios, y por el Espíritu que los capacita para discernir en sí mismos aquellas gracias a las cuales están hechas las promesas de vida, y que da testimonio juntamente con su espíritu de que son hijos de Dios, estar infaliblemente seguros de que están en el estado de gracia y de que perseverarán en él hasta la salvación.

P. 81. ¿Están todos los verdaderos creyentes, en todo tiempo, seguros de que están ahora en el estado de gracia y de que serán salvos? R. No siendo la certeza de la gracia y de la salvación de la esencia de la fe, los verdaderos creyentes pueden esperar mucho tiempo antes de obtenerla; y, después de gozarla, pueden verla debilitada e interrumpida por múltiples dolencias, pecados, tentaciones y deserciones; pero nunca son dejados sin aquella presencia y sostén del Espíritu de Dios que los guarda de hundirse en total desesperación.

P. 82. ¿Qué es la comunión en gloria que los miembros de la iglesia invisible tienen con Cristo? R. La comunión en gloria que los miembros de la iglesia invisible tienen con Cristo es en esta vida, inmediatamente después de la muerte, y al fin perfeccionada en la resurrección y el día del juicio.

P. 83. ¿Cuál es la comunión en gloria con Cristo que los miembros de la iglesia invisible gozan en esta vida? R. A los miembros de la iglesia invisible les son comunicadas en esta vida las primicias de la gloria con Cristo, por cuanto son miembros de él, su cabeza, y así, en él, tienen parte en aquella gloria que él posee plenamente; y, como arras de ella, gozan del sentido del amor de Dios, de la paz de conciencia, del gozo en el Espíritu Santo y de la esperanza de la gloria; así como, por el contrario, el sentido de la ira vengadora de Dios, el horror de conciencia y una temerosa expectación del juicio son para los malvados el comienzo de los tormentos que padecerán después de la muerte.

P. 84. ¿Habrán de morir todos los hombres? R. Habiendo sido amenazada la muerte como la paga del pecado, está establecido para todos los hombres que mueran una sola vez, por cuanto todos pecaron.

P. 85. Siendo la muerte la paga del pecado, ¿por qué no son librados de la muerte los justos, siendo que todos sus pecados son perdonados en Cristo? R. Los justos serán librados de la muerte misma en el día postrero, y aun en la muerte son librados de su aguijón y maldición; de modo que, aunque mueren, esto procede del amor de Dios, para librarlos perfectamente del pecado y de la miseria, y para hacerlos capaces de la ulterior comunión con Cristo en gloria, en la cual entran entonces.

P. 86. ¿Cuál es la comunión en gloria con Cristo que los miembros de la iglesia invisible gozan inmediatamente después de la muerte? R. La comunión en gloria con Cristo que los miembros de la iglesia invisible gozan inmediatamente después de la muerte es que sus almas son entonces hechas perfectas en santidad y recibidas en los más altos cielos, donde contemplan el rostro de Dios en luz y gloria, esperando la plena redención de sus cuerpos, los cuales, aun en la muerte, continúan unidos a Cristo, y reposan en sus tumbas como en sus lechos, hasta que en el día postrero sean reunidos otra vez con sus almas. En cambio, las almas de los malvados son a su muerte arrojadas al infierno, donde permanecen en tormentos y en las tinieblas de afuera, y sus cuerpos son guardados en sus tumbas, como en sus prisiones, hasta la resurrección y el juicio del gran día.

P. 87. ¿Qué hemos de creer acerca de la resurrección? R. Hemos de creer que en el día postrero habrá una resurrección general de los muertos, así de los justos como de los injustos; cuando los que se hallen entonces vivos serán transformados en un momento, y los mismos cuerpos de los muertos que fueron puestos en la tumba, siendo entonces reunidos otra vez con sus almas para siempre, serán levantados por el poder de Cristo. Los cuerpos de los justos, por el Espíritu de Cristo y en virtud de su resurrección como su cabeza, serán levantados en poder, espirituales, incorruptibles, y hechos semejantes a su cuerpo glorioso; y los cuerpos de los malvados serán levantados en deshonra por él como juez ofendido.

P. 88. ¿Qué seguirá inmediatamente después de la resurrección? R. Inmediatamente después de la resurrección seguirá el juicio general y final de los ángeles y de los hombres; cuyo día y hora ningún hombre conoce, para que todos velen y oren, y estén siempre preparados para la venida del Señor.

P. 89. ¿Qué se hará a los malvados en el día del juicio? R. En el día del juicio, los malvados serán puestos a la izquierda de Cristo y, sobre evidencia clara y plena convicción de sus propias conciencias, tendrán pronunciada contra ellos la temible pero justa sentencia de condenación; y entonces serán echados de la favorable presencia de Dios y de la gloriosa comunión con Cristo, sus santos y todos sus santos ángeles, al infierno, para ser castigados con tormentos indecibles, tanto de cuerpo como de alma, con el diablo y sus ángeles para siempre.

P. 90. ¿Qué se hará a los justos en el día del juicio? R. En el día del juicio, los justos, siendo arrebatados a Cristo en las nubes, serán puestos a su diestra y, allí abiertamente reconocidos y absueltos, se unirán a él en el juicio de los ángeles y hombres réprobos, y serán recibidos en el cielo, donde serán plena y eternamente librados de todo pecado y miseria, llenos de gozos inconcebibles, hechos perfectamente santos y felices en cuerpo y alma, en compañía de innumerables santos y ángeles santos, pero especialmente en la inmediata visión y fruición de Dios el Padre, de nuestro Señor Jesucristo y del Espíritu Santo, por toda la eternidad. Y esta es la perfecta y plena comunión que los miembros de la iglesia invisible gozarán con Cristo en gloria en la resurrección y el día del juicio.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde a los capítulos 13.2 (imperfección), 17 (perseverancia), 18 (seguridad), 32 (estado tras la muerte y resurrección) y 33 (juicio final) de la Confesión, y a CMe 36–38. CMa 79 / CFW 17.1: la perseverancia coincide —la Confesión: «Aquellos a quienes Dios ha aceptado en su Amado, eficazmente llamados y santificados por su Espíritu, no pueden caer del estado de gracia ni total ni finalmente, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán eternamente salvos» (17.1); el Mayor: «no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia, sino que son guardados por el poder de Dios, mediante la fe» (CMa 79)—. CMa 80 / CFW 18.1–2: la seguridad coincide —la Confesión: «los que verdaderamente creen en el Señor Jesús y lo aman con sinceridad, esforzándose por andar delante de él en toda buena conciencia, pueden en esta vida estar ciertamente seguros de que están en estado de gracia» (18.1); y el triple fundamento de la certeza que enumera el Mayor (las promesas, el discernir las gracias, el testimonio del Espíritu) es el de 18.2—. CMa 81 / CFW 18.3–4: que la certeza no es de la esencia de la fe (18.3), y puede debilitarse e interrumpirse sin que el creyente caiga en total desesperación (18.4), es común al Mayor y a la Confesión. CMa 83 y CMe 36: los beneficios en esta vida coinciden —el Menor: «la certeza del amor de Dios, la paz de conciencia, el gozo en el Espíritu Santo, el crecimiento en la gracia y la perseverancia en ella hasta el fin» (CMe 36); el Mayor: «el sentido del amor de Dios, de la paz de conciencia, del gozo en el Espíritu Santo y de la esperanza de la gloria» (CMa 83)—. CMa 86 y CMe 37 / CFW 32.1: el estado tras la muerte coincide —el Menor: «Las almas de los creyentes, en su muerte, son hechas perfectas en santidad y pasan inmediatamente a la gloria; y sus cuerpos, estando todavía unidos a Cristo, reposan en sus sepulcros hasta la resurrección» (CMe 37); la Confesión: «Las almas de los justos, siendo entonces perfeccionadas en santidad, son recibidas en los cielos altísimos, donde contemplan el rostro de Dios en luz y gloria… y las almas de los malvados son arrojadas al infierno» (32.1)—. CMa 87 / CFW 32.2–3: la resurrección del mismo cuerpo coincide con la Confesión (32.2–3). CMa 88–90 y CMe 38 / CFW 33: el juicio coincide —el Menor: «los creyentes… serán reconocidos y absueltos públicamente en el día del juicio, y hechos perfectamente bienaventurados en el pleno goce de Dios por toda la eternidad» (CMe 38); la Confesión: «Dios ha designado un día en el cual juzgará al mundo con justicia por Jesucristo… todas las personas… comparecerán ante el tribunal de Cristo» (33.1)—. La armonía es plena: el Mayor despliega con detalle (la perseverancia, P. 79; la seguridad, P. 80–81; el estado intermedio, P. 86; la resurrección, P. 87) lo que el Menor comprime en CMe 36–38.

Exposición

La santificación imperfecta (P. 78). La santificación es real, pero «imperfecta… por los restos del pecado que permanecen en cada parte» del creyente. De ahí que sea «a menudo vencido por las tentaciones», caiga en pecados, y que «sus mejores obras» sean «imperfectas y contaminadas a los ojos de Dios». El Catecismo es realista: no promete perfección en esta vida (contra el perfeccionismo), pero tampoco excusa el pecado (la guerra contra él es perpetua). Esta franqueza prepara la pregunta siguiente, que es de consuelo: si la santificación es tan imperfecta, ¿puede el creyente caer?

La perseverancia (P. 79). «Los verdaderos creyentes… no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia, sino que son guardados por el poder de Dios, mediante la fe, para salvación.» Nótese: no porque sean fuertes, sino por cinco anclas fuera de ellos —«el amor inmutable de Dios», «su decreto y pacto de darles perseverancia», «su unión inseparable con Cristo», «la continua intercesión de Cristo», y «el Espíritu y la simiente de Dios que permanecen en ellos»—. La perseverancia es de los santos porque es, primero, perseverancia de Dios con los santos. La precisión «total ni finalmente» es importante: el creyente puede caer en pecados graves (David, Pedro), pero no del estado de gracia de modo total y final. La seguridad no es de la criatura, sino del poder de Dios.

La seguridad (P. 80–81). ¿Puede el creyente saberlo? Sí, «infaliblemente» y «sin revelación extraordinaria» (P. 80), por triple fundamento: la fe «fundada en la verdad de las promesas de Dios», el Espíritu que capacita «para discernir en sí mismos aquellas gracias a las cuales están hechas las promesas», y el Espíritu que «da testimonio juntamente con su espíritu de que son hijos de Dios» (Ro 8:16). Contra Roma, que hacía de la seguridad una presunción: el creyente puede estar seguro. Pero —y aquí la sabiduría pastoral del Catecismo (P. 81)— esa certeza «no es de la esencia de la fe»: se puede tener fe verdadera y carecer aún de plena seguridad; esta «puede esperar mucho tiempo», y «debilitarse e interrumpirse» por pecados, tentaciones y deserciones. Con todo, el creyente «nunca» es dejado sin aquel sostén del Espíritu «que los guarda de hundirse en total desesperación». Así el Catecismo consuela al fuerte (puedes estar seguro) y al débil (la falta de seguridad no prueba la falta de fe).

La comunión en gloria: en esta vida (P. 82–83). La comunión en gloria no comienza tras la muerte, sino «en esta vida» (P. 82). El creyente goza ya «las primicias de la gloria» —porque, unido a Cristo su cabeza, tiene parte «en aquella gloria que él posee plenamente»— y, «como arras de ella», «el sentido del amor de Dios, la paz de conciencia, el gozo en el Espíritu Santo y la esperanza de la gloria» (P. 83). El Catecismo añade el contrapunto solemne: para los malvados, «el sentido de la ira… el horror de conciencia y una temerosa expectación del juicio» son ya «el comienzo de los tormentos» —el cielo y el infierno empiezan a saborearse aquí—.

La muerte de los justos (P. 84–85). Todos mueren, «por cuanto todos pecaron» (P. 84): la muerte es la paga del pecado. ¿Por qué, entonces, mueren los justos, si sus pecados son perdonados? Porque, «aun en la muerte», son «librados de su aguijón y maldición» (P. 85): la muerte ya no es condenación, sino el paso por el cual Dios los libra «perfectamente del pecado y de la miseria» y los hace «capaces de la ulterior comunión con Cristo en gloria». Para el creyente, la muerte deja de ser enemiga y se vuelve sierva: «aunque mueren, esto procede del amor de Dios».

Inmediatamente después de la muerte (P. 86). «Sus almas son entonces hechas perfectas en santidad y recibidas en los más altos cielos, donde contemplan el rostro de Dios en luz y gloria.» El alma del creyente es glorificada al instante de morir —no duerme (contra el sueño del alma) ni se purga (no hay purgatorio: CFW 32.1, «fuera de estos dos lugares… ninguno»)—. Y el cuerpo no queda abandonado: «aun en la muerte» continúa «unido a Cristo» y «reposa en sus tumbas como en sus lechos» —imagen tierna: la tumba del creyente es un lecho de descanso hasta el despertar—. Para los malvados, en cambio, las almas son «arrojadas al infierno» y los cuerpos guardados «como en sus prisiones».

La resurrección (P. 87). «Habrá una resurrección general de los muertos, así de los justos como de los injustos.» Resurrección del mismo cuerpo: «los mismos cuerpos de los muertos que fueron puestos en la tumba… reunidos otra vez con sus almas para siempre». Los cuerpos de los justos, «en virtud de su resurrección como su cabeza», serán «levantados en poder, espirituales, incorruptibles, y hechos semejantes a su cuerpo glorioso» (Flp 3:21; 1 Co 15); los de los malvados, «en deshonra». La resurrección es corporal y universal, no una metáfora.

El juicio (P. 88–90). Tras la resurrección, «el juicio general y final de los ángeles y de los hombres» (P. 88), cuyo día nadie conoce —«para que todos velen y oren»—. A los malvados (P. 89) se les pronuncia «la temible pero justa sentencia de condenación», y son echados «al infierno, para ser castigados con tormentos indecibles… con el diablo y sus ángeles para siempre». A los justos (P. 90), «arrebatados a Cristo en las nubes», puestos a su diestra, «abiertamente reconocidos y absueltos», se les recibe en el cielo, «plena y eternamente librados de todo pecado y miseria… perfectamente santos y felices en cuerpo y alma… pero especialmente en la inmediata visión y fruición de Dios el Padre, de nuestro Señor Jesucristo y del Espíritu Santo, por toda la eternidad». Aquí el Catecismo cierra el círculo: lo que abrió en P. 1 —el fin del hombre es glorificar a Dios y gozar de él para siempre— se consuma en la visión beatífica. La doctrina entera desemboca en la adoración eterna.

Usos eclesiales

Este bloque forma el conocimiento de la esperanza cristiana: la perseverancia, la seguridad y la gloria. Donde se enseña bien, el creyente descansa en que Dios lo guardará hasta el fin y vive a la luz de la eternidad, sin presunción ni desesperación.

En la catequesis. El Mayor permite enseñar la perseverancia fundada en Dios (P. 79), la seguridad posible pero no esencial a la fe (P. 80–81), el estado intermedio (P. 86), la resurrección corporal (P. 87) y el juicio final (P. 88–90). Enséñese el estado intermedio con cuidado, contra el sueño del alma y el purgatorio (P. 86; CFW 32.1).

En la predicación. Predíquese la perseverancia como consuelo (Dios guarda a los suyos), no como excusa (P. 79). Predíquese la muerte del creyente sin terror —«librada de su aguijón» (P. 85)— y la del impío con solemnidad. Predíquese la visión beatífica (P. 90) como la meta que da sentido a todo: vivimos para gozar de Dios para siempre.

En la formación. El oficial debe exponer la perseverancia frente al arminianismo (P. 79; CFW 17); la seguridad frente a Roma y la presunción (P. 80–81; CFW 18); el estado intermedio frente al sueño del alma y el purgatorio (P. 86; CFW 32.1); la resurrección corporal del mismo cuerpo (P. 87; CFW 32.2–3); y el juicio final y el castigo eterno (P. 88–90; CFW 33). Debe consolar al creyente sin seguridad (P. 81) sin abaratar la seguridad disponible (P. 80).

Errores que el bloque corrige

  • Apostasía arminiana: que los verdaderos creyentes pueden caer total y finalmente de la gracia. Responde P. 79 («no pueden caer total ni finalmente») y CFW 17.1 («no pueden caer del estado de gracia ni total ni finalmente»), guardados por el poder de Dios.
  • Negación romana de la seguridad: que nadie puede estar cierto de su salvación. Responde P. 80: el creyente puede estar «infaliblemente seguro», por las promesas y el testimonio del Espíritu.
  • Presunción / falsa seguridad: que toda confianza es seguridad verdadera. Responde P. 80–81 (y CFW 18.1): los hipócritas se engañan; la certeza verdadera examina las gracias y descansa en las promesas.
  • Perfeccionismo: que el creyente puede ser perfectamente santo aquí. Responde P. 78: «sus mejores obras son imperfectas y contaminadas».
  • Sueño del alma (psicopaniquismo): que el alma duerme entre la muerte y la resurrección. Responde P. 86: las almas son «hechas perfectas en santidad» y «contemplan el rostro de Dios».
  • Purgatorio: que las almas se purgan antes del cielo. Responde CFW 32.1: «fuera de estos dos lugares… la Escritura no reconoce ninguno».
  • Resurrección meramente espiritual; aniquilacionismo: Responde P. 87 («los mismos cuerpos») y P. 89 («para siempre»).

Preguntas de estudio

  1. ¿De dónde procede la imperfección de la santificación, y contra qué error (P. 78)?
  2. ¿Cuáles son las cinco «anclas» de la perseverancia, y dónde está fundada (P. 79)?
  3. ¿Qué significa que los creyentes no pueden caer «total ni finalmente» del estado de gracia (P. 79)?
  4. ¿Sobre qué triple fundamento puede el creyente estar infaliblemente seguro (P. 80)?
  5. ¿Por qué la seguridad «no es de la esencia de la fe», y qué consuelo hay para quien carece de ella (P. 81)?
  6. ¿Por qué mueren los justos, si sus pecados están perdonados (P. 85)?
  7. ¿Qué enseña el Catecismo sobre el estado del alma y del cuerpo tras la muerte, y contra qué errores (P. 86)?
  8. ¿Cómo cierra el Catecismo (P. 90) el círculo abierto en P. 1?

Glosario del bloque

Perseverancia de los santos — que los verdaderos creyentes no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia, guardados por el poder de Dios mediante la fe (P. 79; CFW 17.1). Seguridad de la salvación — la certeza infalible, posible al creyente, fundada en las promesas de Dios, el discernir las gracias y el testimonio del Espíritu (P. 80; CFW 18). Certeza no esencial a la fe — que se puede tener fe verdadera sin plena seguridad, la cual puede tardar o debilitarse, sin caer en total desesperación (P. 81). Primicias / arras de la gloria — los goces de la gloria ya comunicados en esta vida: amor de Dios, paz, gozo, esperanza (P. 83). Estado intermedio — la condición del alma entre la muerte y la resurrección: glorificada al instante y recibida en los cielos (los justos), o arrojada al infierno (los malvados); sin purgatorio ni sueño del alma (P. 86; CFW 32.1). Resurrección del mismo cuerpo — el levantamiento, en el día postrero, de los mismos cuerpos reunidos con sus almas; los justos glorificados, semejantes al cuerpo de Cristo (P. 87). Juicio final — el juicio general de ángeles y hombres tras la resurrección: condenación de los malvados, absolución de los justos (P. 88–90; CFW 33). Visión y fruición de Dios (visión beatífica) — la inmediata contemplación y gozo de Dios por toda la eternidad, fin último del hombre (P. 90; cf. P. 1).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (secciones T: los postreros; U: el fin del hombre).
  • Catecismo Menor: CMe 36 (beneficios en esta vida), 37 (beneficios en la muerte), 38 (beneficios en la resurrección) — resumen que el Mayor despliega en P. 78–90.
  • Confesión: caps. 13.2 (imperfección de la santificación), 17 (De la perseverancia de los santos), 18 (De la seguridad de la gracia y de la salvación), 32 (Del estado de los hombres después de la muerte y de la resurrección) y 33 (Del juicio final); véanse los cap-17, cap-18, cap-32 y cap-33 de esta edición de fusión.
  • T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).