Bloque 11 · La ley moral, sus usos y las reglas del Decálogo (P. 91–100)
Edición de estudio comentada
Tesis del bloque
Concluida la credenda —lo que hemos de creer acerca de Dios (P. 1–90)—, el Catecismo pasa, según su rúbrica, a la agenda: lo que Dios requiere como deber del hombre. Este bloque abre la segunda parte. En diez preguntas, en tres movimientos. El deber y la ley moral (P. 91–93): el deber del hombre es la obediencia a la voluntad revelada de Dios (P. 91); la regla revelada a Adán, y en él a todos, fue la ley moral (P. 92); la cual es la declaración de la voluntad de Dios que obliga a una obediencia personal, perfecta y perpetua de todo el hombre, prometiendo vida y amenazando muerte (P. 93). Los usos de la ley (P. 94–97): tras la caída nadie alcanza vida por la ley, pero tiene gran uso (P. 94) —para todos, mostrando el deber, convenciendo del pecado y llevando a Cristo (P. 95); para los no regenerados, despertándolos o dejándolos inexcusables (P. 96); y, especialmente, para los regenerados, que, libres de ella como pacto de obras, la guardan como regla de obediencia por gratitud (P. 97)—. El Decálogo y sus reglas (P. 98–100): la ley moral está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos (P. 98), para cuyo recto entendimiento se dan ocho reglas (P. 99), y en los cuales se ha de considerar el prefacio, la sustancia y las razones anejas (P. 100). Lo que el Menor enuncia escuetamente (CMe 39–41) y la Confesión expone en su capítulo 19, el Mayor lo precisa con la doctrina de los tres usos (P. 94–97) y las ocho reglas de interpretación (P. 99), que gobiernan toda la exposición del Decálogo que sigue.
Texto catequético
P. 91. ¿Cuál es el deber que Dios exige del hombre? R. El deber que Dios exige del hombre es la obediencia a su voluntad revelada.
P. 92. ¿Qué reveló Dios al principio al hombre como la regla de su obediencia? R. La regla de obediencia revelada a Adán en el estado de inocencia, y en él a todo el género humano, además de un mandamiento especial de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, fue la ley moral.
P. 93. ¿Qué es la ley moral? R. La ley moral es la declaración de la voluntad de Dios al género humano, que dirige y obliga a cada uno a la conformidad y obediencia a ella, personal, perfecta y perpetua, en el temple y disposición de todo el hombre, alma y cuerpo, y en el cumplimiento de todos aquellos deberes de santidad y justicia que debe a Dios y al hombre; prometiendo vida si se cumple, y amenazando muerte si se quebranta.
P. 94. ¿Hay algún uso de la ley moral para el hombre después de la caída? R. Aunque ningún hombre, después de la caída, puede alcanzar justicia y vida por la ley moral, hay sin embargo gran uso de ella, tanto común a todos los hombres, como peculiar ya a los no regenerados, ya a los regenerados.
P. 95. ¿De qué uso es la ley moral a todos los hombres? R. La ley moral es de uso a todos los hombres: para informarles de la santa naturaleza y voluntad de Dios, y de su deber, obligándolos a andar conforme a ella; para convencerlos de su incapacidad para guardarla y de la pecaminosa contaminación de su naturaleza, sus corazones y sus vidas; para humillarlos en el sentido de su pecado y miseria, y así ayudarles a ver más claramente la necesidad que tienen de Cristo y de la perfección de su obediencia.
P. 96. ¿Qué uso particular tiene la ley moral para los hombres no regenerados? R. La ley moral es de uso a los hombres no regenerados para despertar sus conciencias a huir de la ira venidera, y para empujarlos a Cristo; o bien, si continúan en el estado y camino del pecado, para dejarlos inexcusables y bajo la maldición de ella.
P. 97. ¿Qué uso especial tiene la ley moral para los regenerados? R. Aunque los que son regenerados y creen en Cristo son librados de la ley moral como pacto de obras, de modo que por ella no son ni justificados ni condenados, sin embargo, además de los usos generales de ella comunes a ellos con todos los hombres, es de uso especial para mostrarles cuánto están obligados a Cristo por haberla cumplido él y haber sufrido la maldición de ella en lugar de ellos y para su bien; y para moverlos así a mayor gratitud, y a expresarla en un mayor cuidado de conformarse a ella como la regla de su obediencia.
P. 98. ¿Dónde está sumariamente comprendida la ley moral? R. La ley moral está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos, que fueron pronunciados por la voz de Dios sobre el monte Sinaí y escritos por él en dos tablas de piedra, y constan en el capítulo veinte del Éxodo; conteniendo los cuatro primeros mandamientos nuestro deber para con Dios, y los otros seis nuestro deber para con el hombre.
P. 99. ¿Qué reglas han de observarse para el recto entendimiento de los Diez Mandamientos? R. Para el recto entendimiento de los Diez Mandamientos han de observarse estas reglas: 1. Que la ley es perfecta, y obliga a cada uno a la plena conformidad de todo el hombre con la justicia de ella, y a entera obediencia para siempre, de modo que exige la máxima perfección de cada deber y prohíbe el menor grado de cada pecado. 2. Que es espiritual, y así alcanza el entendimiento, la voluntad, los afectos y todas las demás potencias del alma, así como las palabras, las obras y los gestos. 3. Que una y la misma cosa, bajo diversos respectos, es exigida o prohibida en varios mandamientos. 4. Que donde un deber es mandado, el pecado contrario es prohibido; y donde un pecado es prohibido, el deber contrario es mandado; así también, donde una promesa va aneja, la amenaza contraria está incluida; y donde una amenaza va aneja, la promesa contraria está incluida. 5. Que lo que Dios prohíbe, en ningún tiempo ha de hacerse; lo que manda, es siempre nuestro deber; y sin embargo, no todo deber particular ha de hacerse en todo tiempo. 6. Que bajo un pecado o deber quedan prohibidos o mandados todos los de la misma especie, junto con todas sus causas, medios, ocasiones y apariencias, y las provocaciones a ellos. 7. Que lo que nos es prohibido o mandado a nosotros mismos, estamos obligados, según nuestros lugares, a procurar que sea evitado o cumplido por otros, conforme al deber de sus lugares. 8. Que en lo que es mandado a otros, estamos obligados, según nuestros lugares y vocaciones, a ayudarles; y a guardarnos de participar con otros en lo que les está prohibido.
P. 100. ¿Qué cosas especiales hemos de considerar en los Diez Mandamientos? R. Hemos de considerar, en los Diez Mandamientos, el prefacio, la sustancia de los mandamientos mismos, y las diversas razones anejas a algunos de ellos para reforzarlos más.
Armonía interna de los Estándares
Este bloque corresponde al capítulo 19 de la Confesión (De la ley de Dios) y a CMe 39–41. CMa 91 y CMe 39: el deber coincide al pie de la letra —el Menor (P. 39) y el Mayor (P. 91) dicen, ambos sin variante, «El deber que Dios exige del hombre es la obediencia a su voluntad revelada»—. CMa 92 y CMe 40 / CFW 19.1: la regla coincide —el Menor: «La regla que Dios reveló primeramente al hombre para su obediencia fue la ley moral» (CMe 40); el Mayor añade el mandamiento especial del árbol (CMa 92); la Confesión la viste de pacto: «Dios dio a Adán una ley, como pacto de obras… prometió la vida por su cumplimiento y amenazó con la muerte por su quebrantamiento» (19.1)—. CMa 93 / CFW 19.5: la obligación perpetua coincide —la Confesión: «La ley moral obliga para siempre a todos, tanto a los justificados como a los demás, a su obediencia… Y Cristo en el evangelio en ninguna manera disuelve esta obligación, sino que la fortalece mucho más» (19.5)—. CMa 94–97 / CFW 19.6: los usos para el regenerado coinciden —la Confesión: «Aunque los verdaderos creyentes no están bajo la ley como pacto de obras, para ser por ella justificados o condenados, sin embargo, ella es de gran utilidad para ellos… como regla de vida» (19.6); el Mayor: «son librados de la ley moral como pacto de obras… sin embargo… es de uso especial… para moverlos a mayor gratitud, y a expresarla en un mayor cuidado de conformarse a ella como la regla de su obediencia» (CMa 97)—. CMa 98 y CMe 41 / CFW 19.2: la comprensión en los Diez Mandamientos coincide —ambos abren con «la ley moral está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos»; el Menor (P. 41) cierra ahí, y el Mayor (P. 98) prosigue: «que fueron pronunciados por la voz de Dios sobre el monte Sinaí y escritos por él en dos tablas de piedra… los cuatro primeros mandamientos nuestro deber para con Dios, y los otros seis nuestro deber para con el hombre»; la Confesión coincide: «entregada por Dios en el monte Sinaí en diez mandamientos, escritos en dos tablas; los cuatro primeros… nuestro deber hacia Dios, y los otros seis nuestro deber hacia el hombre» (19.2)—. CMa 99: las ocho reglas de interpretación son propias del Mayor (ni el Menor ni la Confesión las formulan). La armonía es plena: el Mayor aporta los tres usos (P. 94–97) y las ocho reglas (P. 99) como instrumental propio.
Exposición
El deber del hombre (P. 91). «El deber que Dios exige del hombre es la obediencia a su voluntad revelada.» Con esta frase el Catecismo cruza de la fe al deber. Nótese: la medida del deber es la voluntad revelada de Dios —no lo que el hombre juzgue, sienta o acostumbre, sino lo que Dios ha mandado en su Palabra—. Y el orden importa: primero lo que Dios ha hecho (la credenda, P. 1–90), después lo que el hombre debe (la agenda) —el imperativo brota del indicativo, la obediencia de la gracia—.
La ley moral (P. 92–93). La regla revelada a Adán «en el estado de inocencia, y en él a todo el género humano», fue «la ley moral» (P. 92), además del mandamiento especial del árbol. Esta ley moral es «la declaración de la voluntad de Dios… que dirige y obliga a cada uno a la conformidad y obediencia a ella, personal, perfecta y perpetua, en el temple y disposición de todo el hombre, alma y cuerpo… prometiendo vida si se cumple, y amenazando muerte si se quebranta» (P. 93). En su forma original, dada a Adán, la ley moral es el pacto de obras (CFW 19.1; B5): exige obediencia perfecta y promete vida. Esa misma ley, tras la caída, sigue obligando perpetuamente (CFW 19.5), aunque ya nadie puede alcanzar vida por ella.
Los usos de la ley (P. 94–97). Esta es la contribución más rica del bloque. Tras la caída, «ningún hombre… puede alcanzar justicia y vida por la ley moral» (P. 94) —se cierra de entrada la puerta al legalismo—; pero «hay sin embargo gran uso de ella», en tres registros. Para todos (P. 95): la ley informa de la voluntad de Dios y del deber, convence «de su incapacidad para guardarla y de la pecaminosa contaminación de su naturaleza», y humilla, para ayudarles a ver más claramente «la necesidad que tienen de Cristo y de la perfección de su obediencia» —la ley como espejo que descubre el pecado y como ayo que conduce a Cristo—. Para los no regenerados (P. 96): despierta la conciencia «a huir de la ira venidera» y empuja a Cristo; o, si persisten, los deja «inexcusables y bajo la maldición». Para los regenerados (P. 97): aquí el punto reformado decisivo. El creyente es librado de la ley como pacto de obras, de modo que por ella ya no se justifica ni se condena —no busca en ella su justicia—; pero la ley sigue teniendo «uso especial» para él: le muestra cuánto debe a Cristo «por haberla cumplido él y haber sufrido la maldición de ella en lugar de ellos y para su bien», y lo mueve «a mayor gratitud, y a expresarla en un mayor cuidado de conformarse a ella como la regla de su obediencia». Este es el tercer uso de la ley (tertius usus legis): la ley como regla de vida para el redimido —no para ganar la salvación (legalismo), pero tampoco abolida (antinomismo), sino abrazada con gratitud por el que ya es salvo—.
El Decálogo (P. 98). «La ley moral está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos» —pronunciados por Dios en Sinaí, escritos en dos tablas, Éxodo 20—, «conteniendo los cuatro primeros mandamientos nuestro deber para con Dios, y los otros seis nuestro deber para con el hombre». La división en dos tablas (amor a Dios, amor al prójimo) estructura todo el resto del Catecismo.
Las ocho reglas (P. 99). Antes de exponer mandamiento por mandamiento, el Catecismo da el método. Las ocho reglas guardan contra una lectura superficial del Decálogo: la ley es perfecta (exige «la máxima perfección de cada deber» y prohíbe «el menor grado de cada pecado», regla 1); es espiritual (alcanza «el entendimiento, la voluntad, los afectos… así como las palabras, las obras y los gestos», regla 2 —el Decálogo no regula solo la conducta externa, sino el corazón, cf. Mt 5—); cada mandamiento opera por sinécdoque (lo mandado prohíbe lo contrario, y al revés; la promesa aneja incluye la amenaza, regla 4); y su alcance es amplio (bajo cada pecado o deber se incluyen «todas sus causas, medios, ocasiones y apariencias», regla 6). Las reglas 7 y 8 extienden el deber a otros (procurar que el deber se cumpla y el pecado se evite, según nuestro lugar). Estas reglas explican por qué, en los bloques siguientes, cada mandamiento exige y prohíbe mucho más que su letra inmediata.
El plan del Decálogo (P. 100). En cada mandamiento se ha de considerar «el prefacio, la sustancia… y las diversas razones anejas a algunos de ellos para reforzarlos más» —el esquema con que el Catecismo expondrá el Decálogo (P. 101 ss.)—.
Usos eclesiales
Este bloque forma el conocimiento del deber y de la ley, sin el cual ni el evangelio se entiende (la ley descubre el pecado) ni la vida cristiana se ordena (la ley es regla de obediencia). Donde se enseña bien, el oyente no opone ley y gracia, sino que usa la ley para conocer su pecado y huir a Cristo, y, ya en Cristo, para andar agradecido.
En la catequesis. El Mayor permite enseñar los tres usos de la ley (P. 94–97) —en especial el tercero (regla de vida, P. 97), que distingue al reformado del antinomiano— y las ocho reglas (P. 99), que enseñan a leer el Decálogo en su hondura espiritual (regla 2) y amplitud (regla 6).
En la predicación. Predíquese la ley en sus dos filos: para el impenitente, como espejo que descubre el pecado y empuja a Cristo (P. 95–96); para el creyente, como regla de gratitud, no de condenación (P. 97). Predíquese la espiritualidad de la ley (P. 99, regla 2): el Decálogo juzga el corazón, no solo la mano.
En la formación. El oficial debe exponer la distinción ley/evangelio sin separarlas; los tres usos (P. 94–97); el tercer uso frente al antinomismo y la justificación por la ley frente al legalismo (P. 97; CFW 19.6); la permanencia de la ley moral frente a su abrogación dispensacional (P. 92, 98; CFW 19.5); y las ocho reglas (P. 99) como hermenéutica del Decálogo. Debe poder aplicar la regla 2 (espiritualidad) y la 4 (sinécdoque) a cada mandamiento.
Errores que el bloque corrige
- Antinomianismo: que el creyente, libre de la ley, no la tiene por regla. Responde P. 97: el regenerado guarda la ley «como la regla de su obediencia», por gratitud (tertius usus).
- Legalismo: que se alcanza justicia y vida guardando la ley moral. Responde P. 94: «ningún hombre, después de la caída, puede alcanzar justicia y vida por la ley moral».
- Neonomianismo: que el evangelio es una «nueva ley» cuyas condiciones (fe y arrepentimiento) fundan la aceptación. Responde P. 97: el creyente es libre de la ley como pacto de obras; no se justifica por condición alguna, sino que guarda la ley por gratitud.
- Abrogación dispensacional de la ley moral: que la ley moral ya no obliga. Responde P. 92, 98 y CFW 19.5: la ley moral obliga para siempre; Cristo la fortalece, no la disuelve.
- Lectura superficial / externalista del Decálogo: que la ley regula solo la conducta visible. Responde P. 99, regla 2: la ley es espiritual, alcanza «el entendimiento, la voluntad, los afectos».
- Minimalismo moral: que solo se prohíbe la letra del pecado. Responde P. 99, reglas 4 y 6: lo mandado prohíbe lo contrario, e incluye «causas, medios, ocasiones y apariencias».
Preguntas de estudio
- ¿Por qué la medida del deber es la voluntad «revelada» de Dios, y no otra (P. 91)?
- ¿Qué relación hay entre la ley moral y el pacto de obras (P. 92–93; CFW 19.1)?
- ¿Cuáles son los tres usos de la ley, y a quién sirve cada uno (P. 94–97)?
- ¿Qué significa que el regenerado es libre de la ley «como pacto de obras» pero no «como regla» (P. 97)?
- ¿Cómo guarda el tercer uso de la ley a la vez contra el legalismo y el antinomismo (P. 97)?
- ¿Qué enseña la regla 2 (la espiritualidad de la ley), y qué cambia en cómo leemos el Decálogo (P. 99)?
- ¿Cómo funciona la regla 4 (la sinécdoque) en cada mandamiento (P. 99)?
- ¿Qué tres cosas hemos de considerar en cada mandamiento (P. 100)?
Glosario del bloque
Deber — la obediencia a la voluntad revelada de Dios (P. 91; CMe 39). Ley moral — la declaración de la voluntad de Dios que obliga a todo el hombre a obediencia personal, perfecta y perpetua, promete vida y amenaza muerte; dada en la creación, resumida en el Decálogo (P. 92–93). Tres usos de la ley — el común a todos (espejo que descubre el pecado y lleva a Cristo, P. 95), el peculiar a los no regenerados (despertar o dejar inexcusables, P. 96) y el especial a los regenerados (regla de vida, P. 97). Tercer uso de la ley (tertius usus legis) — la ley como regla de obediencia para el creyente, abrazada por gratitud, no para justificación (P. 97; CFW 19.6). Ley como pacto de obras vs. como regla — el creyente es libre de la ley como pacto de obras (no se justifica ni se condena por ella), pero la guarda como regla de vida (P. 97). Espiritualidad de la ley — que la ley alcanza el entendimiento, la voluntad y los afectos, no solo la conducta externa (P. 99, regla 2; Mt 5). Reglas del Decálogo — las ocho reglas para el recto entendimiento de los Diez Mandamientos: perfección, espiritualidad, sinécdoque, amplitud (causas, medios, ocasiones), y la responsabilidad por otros (P. 99). Dos tablas — la división del Decálogo: los cuatro primeros mandamientos, el deber para con Dios; los otros seis, el deber para con el hombre (P. 98; CFW 19.2).
Bibliografía comentada
- Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (instrumento rector terminológico).
- Catecismo Menor: CMe 39 (el deber), 40 (la regla = ley moral), 41 (comprendida en los Diez Mandamientos), 42 (la suma de los diez, que el Mayor desdobla por tablas en P. 102 —deber para con Dios— y P. 122 —deber para con el hombre) — el Menor no expone los tres usos ni las ocho reglas.
- Confesión: capítulo 19 (De la ley de Dios): la ley dada a Adán como pacto de obras (19.1), continuada y entregada en Sinaí (19.2), su permanencia perpetua (19.5) y sus usos para el creyente (19.6); véase el cap-19 de esta edición de fusión.
- T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).
