Bloque 12 · El prefacio del Decálogo y los mandamientos primero y segundo (P. 101–110)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

Dadas las reglas de interpretación (Bloque 11, P. 99), el Catecismo expone ya el Decálogo. Este bloque cubre el prefacio y los dos primeros mandamientos —la primera tabla, el deber para con Dios—. En diez preguntas, en tres movimientos. El prefacio y la suma (P. 101–102): el prefacio —«Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto»— funda la obediencia en la soberanía de Dios y en su gracia redentora de pacto (P. 101); y la suma de los cuatro primeros mandamientos es amar a Dios con todo el ser (P. 102). El primer mandamiento (P. 103–106): manda tener al Dios verdadero por nuestro Dios y adorarle con todo el hombre (P. 104), y prohíbe el ateísmo, la idolatría y toda irreligión (P. 105); las palabras «delante de mí» agravan el pecado de tener otro Dios y nos ponen coram Deo (P. 106). El segundo mandamiento (P. 107–110): manda recibir y guardar puro y entero el culto que Dios ha instituido en su Palabra (P. 108) y prohíbe todo culto no instituido por él, en especial las imágenes de Dios (P. 109); sus razones anejas apelan al celo de Dios por su propio culto (P. 110). El primer mandamiento fija a quién adoramos; el segundo, cómo —el principio regulador del culto—. Lo que el Menor enuncia escuetamente (CMe 42–52), el Mayor lo despliega con largas enumeraciones de deberes y pecados.

Texto catequético

P. 101. ¿Cuál es el prefacio de los Diez Mandamientos? R. El prefacio de los Diez Mandamientos está contenido en estas palabras: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre». En ellas Dios manifiesta su soberanía, como JEHOVÁ, el Dios eterno, inmutable y todopoderoso, que tiene su ser en sí y de sí mismo, y que da ser a todas sus palabras y obras; y que es un Dios en pacto, como con Israel antiguamente, así con todo su pueblo; el cual, como los sacó de su servidumbre en Egipto, así nos libra a nosotros de nuestra servidumbre espiritual; y que por tanto estamos obligados a tomarle a él solo por nuestro Dios, y a guardar todos sus mandamientos.

P. 102. ¿Cuál es la suma de los cuatro mandamientos que contienen nuestro deber para con Dios? R. La suma de los cuatro mandamientos que contienen nuestro deber para con Dios es: amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente.

P. 103. ¿Cuál es el primer mandamiento? R. El primer mandamiento es: «No tendrás dioses ajenos delante de mí».

P. 104. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el primer mandamiento? R. Los deberes exigidos en el primer mandamiento son: conocer y reconocer a Dios como el único Dios verdadero, y nuestro Dios; y adorarle y glorificarle como tal: pensando en él, meditando en él, recordándole, estimándole en alto grado, honrándole, adorándole, escogiéndole, amándole, deseándole y temiéndole; creyéndole; confiando, esperando, deleitándonos y regocijándonos en él; siendo celosos por él; invocándole, dándole toda alabanza y gracias, y rindiéndole toda obediencia y sumisión con todo el hombre; cuidando en todas las cosas de agradarle, y doliéndonos cuando en algo es ofendido; y andando humildemente con él.

P. 105. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el primer mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el primer mandamiento son: el ateísmo, en negar a Dios o no tener Dios; la idolatría, en tener o adorar más dioses que uno, o cualquiera con el Dios verdadero o en su lugar; el no tenerle y confesarle como Dios, y nuestro Dios; la omisión o descuido de cualquier cosa debida a él, exigida en este mandamiento; la ignorancia, el olvido, las falsas aprehensiones, las opiniones erróneas, los pensamientos indignos y malvados acerca de él; el escudriñar osado y curioso de sus secretos; toda profanidad, el odio a Dios; el amor propio, la búsqueda de sí mismo, y todo otro poner desordenado e inmoderado de nuestra mente, voluntad o afectos en otras cosas, quitándolos de él en todo o en parte; la vana credulidad, la incredulidad, la herejía, la falsa creencia, la desconfianza, la desesperación, la incorregibilidad y la insensibilidad bajo los juicios, la dureza de corazón, el orgullo, la presunción, la seguridad carnal, el tentar a Dios; el usar medios ilícitos y el confiar en los medios lícitos; los deleites y gozos carnales; el celo corrompido, ciego e indiscreto; la tibieza y la muerte en las cosas de Dios; el apartarnos y apostatar de Dios; el orar o dar cualquier adoración religiosa a santos, ángeles o cualquier otra criatura; todos los pactos y consultas con el diablo, y el prestar oído a sus sugerencias; el hacer a los hombres señores de nuestra fe y conciencia; el menospreciar y despreciar a Dios y sus mandamientos; el resistir y contristar a su Espíritu, el descontento y la impaciencia ante sus dispensaciones, el acusarle neciamente por los males que nos inflige; y el atribuir la alabanza de cualquier bien que somos, tenemos o podemos hacer, a la fortuna, a los ídolos, a nosotros mismos o a cualquier otra criatura.

P. 106. ¿Qué se nos enseña especialmente con estas palabras «delante de mí» en el primer mandamiento? R. Estas palabras «delante de mí», o «delante de mi rostro», en el primer mandamiento, nos enseñan que Dios, que ve todas las cosas, toma especial nota del pecado de tener cualquier otro Dios, y se desagrada mucho de él; para que esto sea un argumento que disuada de él, y lo agrave como una provocación sumamente desvergonzada; como también para persuadirnos a hacer como en su presencia todo cuanto hacemos en su servicio.

P. 107. ¿Cuál es el segundo mandamiento? R. El segundo mandamiento es: «No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos».

P. 108. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el segundo mandamiento? R. Los deberes exigidos en el segundo mandamiento son: el recibir, observar y guardar puras y enteras toda la adoración religiosa y las ordenanzas que Dios ha instituido en su Palabra; particularmente la oración y la acción de gracias en el nombre de Cristo; la lectura, predicación y oír de la Palabra; la administración y recepción de los sacramentos; el gobierno y la disciplina de la iglesia; el ministerio y su sostenimiento; el ayuno religioso; el jurar por el nombre de Dios y el hacerle votos; como también el desaprobar, detestar y oponerse a toda adoración falsa; y, según el lugar y vocación de cada uno, el remover la adoración falsa y todos los monumentos de idolatría.

P. 109. ¿Cuáles son los pecados prohibidos en el segundo mandamiento? R. Los pecados prohibidos en el segundo mandamiento son: todo idear, aconsejar, mandar, usar y de cualquier manera aprobar cualquier adoración religiosa no instituida por Dios mismo; el hacer cualquier representación de Dios, de todas o de cualquiera de las tres personas, ya sea interiormente en nuestra mente, o exteriormente en cualquier clase de imagen o semejanza de criatura alguna; todo adorar de ella, o a Dios en ella o por ella; el hacer cualquier representación de deidades fingidas, y toda adoración de ellas o servicio que les pertenezca; todas las invenciones supersticiosas que corrompen la adoración de Dios, añadiéndole o quitándole, ya sean inventadas y adoptadas por nosotros mismos, ya recibidas por tradición de otros, aunque sea bajo el título de antigüedad, costumbre, devoción, buena intención o cualquier otro pretexto; la simonía; el sacrilegio; y todo descuido, desprecio, estorbo y oposición a la adoración y a las ordenanzas que Dios ha designado.

P. 110. ¿Cuáles son las razones anejas al segundo mandamiento para reforzarlo más? R. Las razones anejas al segundo mandamiento para reforzarlo más, contenidas en estas palabras: «porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos», son: además de la soberanía de Dios sobre nosotros y su propiedad en nosotros, su ferviente celo por su propia adoración y su vengadora indignación contra toda adoración falsa, como fornicación espiritual que es; el contar a los quebrantadores de este mandamiento como quienes le aborrecen, amenazando castigarlos hasta diversas generaciones; y el estimar a los observadores de él como quienes le aman y guardan sus mandamientos, prometiéndoles misericordia hasta muchas generaciones.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde al capítulo 21 de la Confesión (De la adoración religiosa, en cuanto al principio regulador) y a CMe 42–52. CMa 101 y CMe 43–44: el prefacio coincide —ambos citan «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre»; el Menor enseña que «por cuanto Dios es el Señor, y nuestro Dios y Redentor, estamos por ello obligados a guardar todos sus mandamientos» (CMe 44); el Mayor lo amplía con la soberanía de Jehová y el pacto (CMa 101)—. CMa 102 y CMe 42: la suma —cuidado con la diferencia: el Mayor da la suma de la primera tabla, «amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente» (CMa 102); el Menor da en CMe 42 la suma de los diez, que incluye además «y a nuestro prójimo como a nosotros mismos» (la segunda tabla, que el Mayor reserva para P. 122)—. CMa 103 y CMe 45: el primer mandamiento coincide al pie de la letra —ambos: «No tendrás dioses ajenos delante de mí»—. CMa 104 y CMe 46: los deberes coinciden en sustancia —el Menor: «que conozcamos y reconozcamos a Dios como el único Dios verdadero y nuestro Dios, y que como a tal le adoremos y le glorifiquemos» (CMe 46); el Mayor despliega esa adoración en una larga enumeración (CMa 104)—. CMa 105 y CMe 47: los pecados coinciden —el Menor los resume («negar al Dios verdadero, o no adorarle… y el dar a cualquier otro la adoración… que a él solo se deben», CMe 47); el Mayor enumera—. CMa 106 y CMe 48: el «delante de mí» coincide —el Menor: «Dios, que ve todas las cosas, advierte el pecado de tener cualquier otro dios, y se desagrada de él en gran manera» (CMe 48)—. CMa 107 y CMe 49: el segundo mandamiento coincide al pie de la letra. CMa 108 y CMe 50 / CFW 21.1: los deberes coinciden, con variante verbal —el Mayor: «recibir, observar y guardar puros y enteros todo el culto religioso y las ordenanzas que Dios ha instituido en su Palabra» (CMa 108); el Menor: «guardemos puros e íntegros todo el culto religioso y las ordenanzas que Dios ha instituido en su Palabra» (CMe 50)—; la Confesión funda el principio: «la manera aceptable de adorar al Dios verdadero ha sido instituida por él mismo… que no se le puede adorar según las imaginaciones e invenciones de los hombres… ni de ninguna otra manera no prescrita en la Santa Escritura» (21.1). CMa 109 y CMe 51: los pecados coinciden —el Menor: «dar culto a Dios por medio de imágenes, o de cualquier otro modo no instituido en su Palabra» (CMe 51)—. CMa 110 y CMe 52: las razones anejas coinciden —el Menor: «la soberanía de Dios sobre nosotros, su propiedad sobre nosotros, y el celo que tiene por su propio culto» (CMe 52)—. La armonía es plena: el Mayor enumera lo que el Menor comprime, y la Confesión (21.1) da el fundamento del principio regulador.

Exposición

El prefacio (P. 101). «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.» Antes de mandar, Dios se presenta. Y lo hace en dos claves. Soberanía: «JEHOVÁ, el Dios eterno, inmutable y todopoderoso, que tiene su ser en sí y de sí mismo» —el que es, manda con autoridad absoluta—. Gracia de pacto: «un Dios en pacto… que, como los sacó de su servidumbre en Egipto, así nos libra de nuestra servidumbre espiritual» —el que redime, manda con derecho de Redentor—. De ambas cosas se sigue la obligación: «estamos obligados a tomarle a él solo por nuestro Dios, y a guardar todos sus mandamientos». La ley no llega como yugo de un extraño, sino como la voluntad del Dios que ya nos redimió: el deber brota de la gracia.

La suma de la primera tabla (P. 102). «Amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente.» Los cuatro primeros mandamientos se resumen en el amor a Dios —no un sentimiento vago, sino el amor que se concreta en los mandamientos siguientes—.

El primer mandamiento: a quién adoramos (P. 103–106). «No tendrás dioses ajenos delante de mí» fija el objeto del culto: el Dios verdadero, y él solo. Los deberes (P. 104) son sobre todo del corazón: conocer y reconocer a Dios como nuestro Dios, y «adorarle y glorificarle como tal» —pensando, amando, temiendo, confiando, esperando, gozándonos en él, invocándole, rindiéndole toda obediencia «con todo el hombre», y «andando humildemente con él»—. Es la religión interior, no el mero rito. Los pecados (P. 105) recorren toda la gama de la falsa religión y la irreligión: el ateísmo y la idolatría, pero también la ignorancia, la incredulidad, la desconfianza, la presunción, la seguridad carnal, la tibieza, la apostasía, «el orar… a santos, ángeles o cualquier otra criatura», «el hacer a los hombres señores de nuestra fe y conciencia», y «el atribuir la alabanza de cualquier bien… a la fortuna, a los ídolos, a nosotros mismos». La lista muestra cuán hondo cala el mandamiento (B11, regla 6): no solo el ídolo de palo, sino todo desplazamiento del corazón. Y «delante de mí» (P. 106) lo agrava: Dios «ve todas las cosas» y toma «especial nota» de la idolatría —de modo que hemos de hacer todo «como en su presencia»—.

El segundo mandamiento: cómo adoramos (P. 107–110). Si el primero fija a quién, el segundo fija cómo. Aquí está el principio regulador del culto: los deberes (P. 108) son «recibir, observar y guardar puras y enteras toda la adoración religiosa y las ordenanzas que Dios ha instituido en su Palabra» —solo lo que Dios ha mandado, ni más ni menos (CFW 21.1)—, enumerando la oración, la Palabra, los sacramentos, el gobierno y la disciplina, el ministerio, el ayuno, los votos; y, del otro lado, «desaprobar, detestar y oponerse a toda adoración falsa» y «remover… los monumentos de idolatría». Los pecados (P. 109) son, en consecuencia, «todo culto religioso no instituido por Dios mismo» —incluida «cualquier representación de Dios… ya sea interiormente en nuestra mente, o exteriormente en cualquier clase de imagen»—, y «todas las invenciones supersticiosas que corrompen el culto… añadiéndole o quitándole», aunque se amparen en «antigüedad, costumbre, devoción, buena intención o cualquier otro pretexto». El mandamiento prohíbe, pues, no solo adorar ídolos, sino inventar el culto: la voluntad humana no es regla del culto, sino la Palabra. Las razones anejas (P. 110) lo refuerzan con el «ferviente celo» de Dios por su culto y su «vengadora indignación contra toda adoración falsa, como fornicación espiritual que es» —la idolatría es adulterio contra el Dios del pacto—.

Usos eclesiales

Este bloque forma el conocimiento del culto debido a Dios: a quién (primer mandamiento) y cómo (segundo). Donde se enseña bien, la iglesia adora al Dios verdadero del modo que él ha mandado, sin idolatría ni invención humana.

En la catequesis. El Mayor permite enseñar la religión del corazón (P. 104), la hondura del primer mandamiento (P. 105) y el principio regulador del culto (P. 108) —solo lo que Dios instituye en su Palabra—, con su corolario: la prohibición de imágenes de Dios, aun mentales (P. 109). Enséñese el prefacio (P. 101) para que la obediencia se entienda como respuesta a la redención.

En la predicación. Predíquese el primer mandamiento contra los ídolos del corazón (la confianza en la criatura, el amor propio, P. 105), no solo contra los de palo. Predíquese el segundo como guarda del culto: adoramos a Dios como él manda, no como nos place; y la idolatría como «fornicación espiritual» (P. 110) que provoca su celo.

En la formación. El oficial debe exponer el principio regulador del culto (P. 108; CFW 21.1) frente al principio «normativo» (que permite todo lo no prohibido); la prohibición de imágenes de Dios (P. 109) frente a la iconografía; el culto a los santos y ángeles como pecado contra el primer mandamiento (P. 105); y el prefacio como fundamento de gracia de toda obediencia (P. 101).

Errores que el bloque corrige

  • Idolatría y politeísmo: tener o adorar más dioses que uno, o la criatura junto al Creador. Responde P. 105 (primer mandamiento).
  • Culto a los santos y ángeles (romano): Responde P. 105: «el orar o dar cualquier adoración religiosa a santos, ángeles o cualquier otra criatura».
  • Will-worship / culto inventado (principio «normativo»): que se puede adorar a Dios de cualquier modo no prohibido. Responde P. 108 y CFW 21.1: solo el culto «que Dios ha instituido en su Palabra».
  • Imágenes de Dios (iconografía romana y oriental): Responde P. 109: prohíbe «cualquier representación de Dios… interiormente en nuestra mente, o exteriormente en cualquier clase de imagen».
  • Superstición y tradición sobre la Palabra: las invenciones «bajo el título de antigüedad, costumbre, devoción, buena intención». Responde P. 109.
  • Idolatría del corazón / confianza en la criatura: Responde P. 105: el amor propio y el poner desordenado de los afectos en otras cosas.

Preguntas de estudio

  1. ¿En qué dos pilares funda el prefacio la obligación de obedecer (P. 101)?
  2. ¿Cómo se relaciona el prefacio (gracia redentora) con los mandamientos (deber)?
  3. ¿Qué diferencia hay entre la suma del Mayor (P. 102) y la del Menor (CMe 42)?
  4. ¿Por qué los deberes del primer mandamiento son sobre todo del corazón (P. 104)?
  5. ¿Qué amplitud tiene la lista de pecados del primer mandamiento, y qué enseña sobre la idolatría (P. 105)?
  6. ¿Qué nos enseñan las palabras «delante de mí» (P. 106)?
  7. ¿Qué es el principio regulador del culto, y dónde se funda (P. 108; CFW 21.1)?
  8. ¿Por qué prohíbe el segundo mandamiento toda imagen de Dios, aun la mental (P. 109)?

Glosario del bloque

Prefacio del Decálogo — las palabras «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué…», que fundan la obediencia en la soberanía de Dios y su gracia redentora de pacto (P. 101; CMe 43–44). Primer mandamiento — manda tener y adorar al Dios verdadero como nuestro Dios; prohíbe el ateísmo, la idolatría y toda irreligión (P. 103–105). «Delante de mí» (coram Deo) — que Dios ve todo y agrava la idolatría; hemos de obrar como en su presencia (P. 106). Segundo mandamiento — manda el culto que Dios ha instituido; prohíbe todo culto no instituido, en especial las imágenes de Dios (P. 107–109). Principio regulador del culto — que solo se adora a Dios del modo que él ha mandado en su Palabra, no por invención humana (P. 108; CFW 21.1). Imágenes de Dios — prohibidas todas, aun las mentales, de cualquiera de las tres personas (P. 109). Fornicación espiritual — la idolatría como adulterio contra el Dios del pacto, que provoca su celo (P. 110). Monumentos de idolatría — los objetos del culto falso, que se han de remover según el lugar y vocación de cada uno (P. 108).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Mayor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 (sección H bis: el culto y la adoración; cotejo de variantes «puros y enteros» / «puros e íntegros»).
  • Catecismo Menor: CMe 43–44 (prefacio), 42 (la suma de los diez), 45–48 (primer mandamiento), 49–52 (segundo mandamiento) — resúmenes que el Mayor despliega.
  • Confesión: capítulo 21 (De la adoración religiosa y del día de reposo), §1: el principio regulador del culto —solo lo prescrito en la Escritura—; véase el cap-21 de esta edición de fusión.
  • T. Ridgley, Commentary on the Larger Catechism; J. G. Vos, The Westminster Larger Catechism: A Commentary — exposiciones clásicas (voces de corroboración, bajo el Catecismo).