Bloque 6 · El deber del hombre: la ley moral y el prefacio del Decálogo (P. 39–44)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

Cerrada la mitad doctrinal —lo que el hombre ha de creer (P. 4–38)—, el Catecismo abre la mitad del deber: lo que Dios exige del hombre (cf. P. 3). Este bloque es su puerta. Avanza en cinco pasos. Primero, qué es el deber: la obediencia a la voluntad revelada de Dios (P. 39). Segundo, dónde se reveló la regla: la ley moral fue la regla que Dios reveló primeramente al hombre para su obediencia (P. 40). Tercero, dónde está comprendida: sumariamente, en los Diez Mandamientos (P. 41). Cuarto, su suma: amar a Dios con todo el ser y al prójimo como a uno mismo (P. 42). Y quinto, su prefacio: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto», que enseña que, por ser Dios nuestro Señor, Dios y Redentor, estamos obligados a guardar todos sus mandamientos (P. 43–44). El orden importa: el deber (la ley) viene después de la fe (la doctrina), y el Decálogo se abre con el evangelio —«yo soy… tu Dios… que te saqué»— antes de mandar. La obediencia cristiana no es la condición de la redención, sino su fruto agradecido: Dios redime primero, y por eso obliga.

Texto catequético

P. 39. ¿Cuál es el deber que Dios exige del hombre? R. El deber que Dios exige del hombre es la obediencia a su voluntad revelada.

P. 40. ¿Qué reveló Dios primeramente al hombre como regla de su obediencia? R. La regla que Dios reveló primeramente al hombre para su obediencia fue la ley moral.

P. 41. ¿En qué está sumariamente comprendida la ley moral? R. La ley moral está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos.

P. 42. ¿Cuál es la suma de los Diez Mandamientos? R. La suma de los Diez Mandamientos es amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente; y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

P. 43. ¿Cuál es el prefacio de los Diez Mandamientos? R. El prefacio de los Diez Mandamientos está en estas palabras: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre».

P. 44. ¿Qué nos enseña el prefacio de los Diez Mandamientos? R. El prefacio de los Diez Mandamientos nos enseña que, por cuanto Dios es el Señor, y nuestro Dios y Redentor, estamos por ello obligados a guardar todos sus mandamientos.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde al capítulo 19 de la Confesión y a las preguntas de la ley del Mayor. CMe 39 y CMa 91: el deber coincide palabra por palabra —el Menor (P. 39) y el Mayor (CMa 91) dicen, ambos sin variante, «El deber que Dios exige del hombre es la obediencia a su voluntad revelada»—. CMe 40 y CMa 93 / CFW 19: la ley moral coincide —el Mayor la define con amplitud: «la declaración de la voluntad de Dios al género humano, que dirige y obliga a cada uno a la conformidad y obediencia a ella, personal, perfecta y perpetua… prometiendo vida si se cumple, y amenazando muerte si se quebranta» (CMa 93); el Menor la nombra como «la regla que Dios reveló primeramente al hombre»—. CMe 41 y CMa 98 / CFW 19.2: la comprensión en los Diez Mandamientos coincide —ambos abren con «la ley moral está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos»; el Menor (P. 41) cierra ahí, y el Mayor (CMa 98) prosigue con la promulgación en el Sinaí y la división en dos tablas—. CMe 42 y CMa 102: la suma coincide —el Menor da la suma entera (amor a Dios y al prójimo); el Mayor la divide: la suma de los cuatro primeros mandamientos es «amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón…» (CMa 102), y la de los seis restantes, amar al prójimo (CMa 122)—. CMe 43–44 y CMa 101: el prefacio coincide —el Mayor lo expone con amplitud: en él Dios «manifiesta su soberanía, como JEHOVÁ… y que es un Dios en pacto… el cual, como los sacó de su servidumbre en Egipto, así nos libra a nosotros de nuestra servidumbre espiritual; y que por tanto estamos obligados a tomarle a él solo por nuestro Dios, y a guardar todos sus mandamientos» (CMa 101); el Menor lo resume: «por cuanto Dios es el Señor, y nuestro Dios y Redentor, estamos por ello obligados a guardar todos sus mandamientos»—. La armonía es plena: la ley es una sola en los tres documentos, y el prefacio la funda en la redención.

Exposición

El deber: obediencia a la voluntad revelada (P. 39). «El deber que Dios exige del hombre es la obediencia a su voluntad revelada.» Tras enseñar lo que el hombre ha de creer, el Catecismo enseña lo que ha de hacer. Y lo define con precisión: el deber es la obediencia, no a cualquier voluntad supuesta de Dios, sino a su voluntad revelada —la que él ha dado a conocer en su Palabra, no sus designios secretos (cf. Dt 29:29)—. La regla del deber, como la regla de la fe (P. 2), es la Escritura: el hombre no inventa cómo agradar a Dios, sino que obedece lo que Dios ha revelado.

La ley moral, comprendida en los Diez Mandamientos (P. 40–41). «La regla que Dios reveló primeramente al hombre para su obediencia fue la ley moral» (P. 40). De las tres clases de ley que Dios dio (moral, ceremonial, judicial; cf. CFW 19), la moral es la regla permanente de la conducta —dada primero a Adán, escrita en su corazón (CFW 4.2), y promulgada después en el Sinaí—. Y esa ley moral «está sumariamente comprendida en los Diez Mandamientos» (P. 41): el Decálogo es el resumen que Dios mismo dio de su voluntad moral. No es una lista arbitraria de prohibiciones, sino el compendio de la ley que obliga a todos los hombres en todas las edades (cf. CFW 19.5).

La suma: amor a Dios y al prójimo (P. 42). «La suma de los Diez Mandamientos es amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón… y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.» El Señor mismo dio esta suma (Mt 22:37–40): los Diez Mandamientos se reducen a dos amores —a Dios (los primeros cuatro, la primera tabla) y al prójimo (los otros seis, la segunda tabla)—. Y nótese que el resumen de la ley es el amor: la obediencia que Dios quiere no es la fría observancia de reglas, sino el amor —a Dios «con todo» el ser (corazón, alma, fuerzas, mente), y al prójimo «como a uno mismo»—. La ley, rectamente entendida, no se opone al amor: lo manda y lo define.

El prefacio: la ley fundada en la redención (P. 43–44). Antes de dar el primer mandamiento, Dios dice quién es: «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre» (P. 43). Este prefacio no es un detalle: es la clave de toda la ley. La P. 44 lo explica: «por cuanto Dios es el Señor, y nuestro Dios y Redentor, estamos por ello obligados a guardar todos sus mandamientos». Tres títulos fundan la obligación. Dios es «el Señor» (Jehová, el soberano que tiene su ser en sí mismo): por eso tiene derecho a mandar. Es «nuestro Dios» (el Dios en pacto): por eso es nuestro Señor. Y es «nuestro Redentor» (el que «nos saca de la casa de servidumbre»): por eso le debemos obediencia agradecida. Aquí está el orden del evangelio grabado en el corazón de la ley: Dios primero redime —saca de Egipto, libra de la servidumbre espiritual— y por eso manda. La obediencia no es el precio de la redención, sino su fruto. Israel no guardó la ley para salir de Egipto; salió de Egipto y por eso guardó la ley. Así también el cristiano: no obedece para ser salvo, sino porque ya fue redimido. El Decálogo se abre con la gracia.

Usos eclesiales

Este bloque enseña a la iglesia el lugar y el espíritu de la ley. Donde se enseña bien, el creyente obedece por gratitud, no por mérito: sabe que Dios lo redimió primero (el prefacio) y que por eso le debe obediencia; y mide su deber por la voluntad revelada, no por la costumbre ni el sentimiento.

En la catequesis. Conviene enseñar el orden credenda→agenda: la ley (P. 39) viene después de la fe (P. 4–38), no antes. Y conviene fijar el prefacio (P. 43–44) como clave de todo el Decálogo: la obediencia brota de la redención. La suma (P. 42) enseña que la ley es amor, contra el legalismo frío.

En la predicación. El prefacio (P. 44) predica el orden del evangelio: «yo soy… tu Dios… que te saqué» precede a «no tendrás». Predicar la ley sin el prefacio produce legalismo (obediencia para ser aceptado); predicarla con el prefacio produce gratitud (obediencia porque se es aceptado). La suma (P. 42) guarda contra reducir la ley a una lista: su corazón es el amor.

En la membresía y la formación. El que se forma en la fe aprende, con la P. 39, que la fe verdadera obedece (no hay fe sin frutos, cf. cap. 16), y, con el prefacio, que la obediencia es agradecida, no meritoria. El oficial debe exponer la triple distinción de la ley (moral, ceremonial, judicial; CFW 19), la permanencia de la ley moral (CFW 19.5), y el orden ley-evangelio que el prefacio enseña. De este bloque depende que la iglesia reciba la ley sin caer en el legalismo ni en el antinomismo.

Preguntas de estudio

  1. ¿Qué deber exige Dios del hombre, y por qué «revelada» (P. 39)?
  2. ¿Qué es la ley moral, y dónde está comprendida (P. 40–41)?
  3. ¿Cuál es la suma de los Diez Mandamientos, y qué dice de su corazón (P. 42)?
  4. ¿Qué tres títulos de Dios funda el prefacio, y qué obligación de cada uno (P. 44)?
  5. ¿Por qué el Decálogo se abre con «yo soy… que te saqué» antes de mandar? ¿Qué error excluye ese orden?
  6. ¿Cómo se relaciona este bloque con el orden credenda→agenda (P. 3) y con la doctrina de las buenas obras (CFW 16)?

Glosario del bloque

Deber — la obediencia a la voluntad revelada de Dios; lo que Dios exige del hombre (P. 39; CMa 91). Ley moral — la declaración permanente de la voluntad de Dios sobre la conducta, dada a Adán y promulgada en el Sinaí, comprendida en los Diez Mandamientos (P. 40–41; CMa 93; CFW 19). Decálogo (Diez Mandamientos) — el resumen que Dios dio de su ley moral, en dos tablas: deber para con Dios (1–4) y para con el prójimo (5–10) (P. 41). Suma de la ley — amar a Dios con todo el ser y al prójimo como a uno mismo (P. 42; Mt 22:37–40). Prefacio — las palabras «Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué…» (Éx 20:2), que fundan la obligación de la ley en la soberanía, el pacto y la redención de Dios (P. 43–44; CMa 101).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Menor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4; política de citación bíblica RVR60 (Decálogo y Padrenuestro), remitida al Presbiterio.
  • Catecismo Mayor: CMa 91 (el deber), 93 (la ley moral), 98 (los Diez Mandamientos), 101 (el prefacio), 102 y 122 (la suma de cada tabla) — paralelos directos.
  • Confesión: cap. 19 (De la ley de Dios) — fundamento de este bloque.
  • G. I. Williamson, The Shorter Catechism for Study Classes — preguntas de clase sobre P. 39–44.