Bloque 10 · La incapacidad, el castigo del pecado, la fe y el arrepentimiento (P. 82–87)

Edición de estudio comentada

Tesis del bloque

Expuesto el Decálogo (Bloques 6–9), el Catecismo saca su conclusión y abre la puerta del evangelio. Avanza en dos movimientos. Primero, el veredicto de la ley: ningún hombre puede guardarla perfectamente, sino que la quebranta diariamente (P. 82); no todos los pecados son igualmente graves, pero (P. 83) todo pecado merece la ira y la maldición de Dios en esta vida y en la venidera (P. 84). Segundo, la respuesta del evangelio: para escapar de esa ira, Dios exige fe en Jesucristo y arrepentimiento para vida, con el uso diligente de los medios (P. 85) —la fe, gracia salvadora por la cual recibimos a Cristo y descansamos solo en él (P. 86); el arrepentimiento, gracia salvadora por la cual el pecador se vuelve de su pecado a Dios con dolor, odio del pecado y propósito de nueva obediencia (P. 87)—. La ley, así, cumple su oficio: no salva, sino que conduce a Cristo. Quien se mide por los Diez Mandamientos se sabe transgresor diario, merecedor de ira; y por eso huye a la fe y al arrepentimiento, que son los medios que Dios señaló para escapar de su ira y abrazar a Cristo.

Texto catequético

P. 82. ¿Puede algún hombre guardar perfectamente los mandamientos de Dios? R. Ningún mero hombre, desde la caída, puede en esta vida guardar perfectamente los mandamientos de Dios, sino que los quebranta diariamente en pensamiento, palabra y obra.

P. 83. ¿Son igualmente graves todas las transgresiones de la ley? R. Algunos pecados en sí mismos, y por razón de diversas agravantes, son más graves ante los ojos de Dios que otros.

P. 84. ¿Qué merece todo pecado? R. Todo pecado merece la ira y la maldición de Dios, tanto en esta vida como en la venidera.

P. 85. ¿Qué exige Dios de nosotros para que escapemos de su ira y maldición, debidas a nosotros por el pecado? R. Para escapar de la ira y maldición de Dios, debidas a nosotros por el pecado, Dios exige de nosotros fe en Jesucristo y arrepentimiento para vida, junto con el uso diligente de todos los medios externos por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención.

P. 86. ¿Qué es la fe en Jesucristo? R. La fe en Jesucristo es una gracia salvadora, por la cual le recibimos, y descansamos en él solo para salvación, tal como él nos es ofrecido en el evangelio.

P. 87. ¿Qué es el arrepentimiento para vida? R. El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora, por la cual un pecador, por un verdadero sentido de su pecado y por la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo, se vuelve de su pecado a Dios, con dolor y odio de él, y con pleno propósito de nueva obediencia, y esfuerzo por alcanzarla.

Armonía interna de los Estándares

Este bloque corresponde a los capítulos 14 (fe), 15 (arrepentimiento), 16.4–7 y 19.6 (la imposibilidad de guardar la ley) de la Confesión y a las preguntas paralelas del Mayor. CMe 82 y CMa 149 / CFW 16.4; 19.6: la incapacidad coincide —el Menor: «los quebranta diariamente en pensamiento, palabra y obra» (CMe 82); el Mayor: «diariamente los quebranta en pensamiento, palabra y obra», añadiendo «ni por sí mismo ni por gracia alguna recibida en esta vida» (CMa 149)—. CMe 83 y CMa 150–151: la desigualdad de los pecados y las «agravantes» coinciden (CMa 151 da el catálogo de agravantes). CMe 84 y CMa 152 / CFW 6.6: el demérito del pecado coincide —el Mayor añade que «no puede ser expiado sino por la sangre de Cristo» (CMa 152)—. CMe 85 y CMa 153: lo que Dios exige coincide, con el orden invertido —el Menor: «fe en Jesucristo y arrepentimiento para vida, junto con el uso diligente de… los medios» (CMe 85); el Mayor: «arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo, y el uso diligente de los medios externos…» (CMa 153)—. CMe 86 y CMa 72 / CFW 14: la fe coincide —el Menor: «le recibimos, y descansamos en él solo para salvación, tal como él nos es ofrecido en el evangelio» (CMe 86); el Mayor amplía: «recibe y descansa en Cristo y su justicia, ofrecidos en [la promesa]… para salvación» (CMa 72)—. CMe 87 y CMa 76 / CFW 15: el arrepentimiento coincide —ambos describen al pecador que, por el sentido de su pecado y la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo, se vuelve de su pecado a Dios con propósito de nueva obediencia (CMa 76)—. La armonía es plena: la ley condena, y la fe y el arrepentimiento, dones de la gracia, son la respuesta.

Exposición

El veredicto de la ley (P. 82–84). Tras exponer los Diez Mandamientos, el Catecismo pregunta lo inevitable: «¿Puede algún hombre guardar perfectamente los mandamientos de Dios?» La respuesta es tajante: «Ningún mero hombre, desde la caída, puede en esta vida guardar perfectamente los mandamientos de Dios, sino que los quebranta diariamente en pensamiento, palabra y obra» (P. 82). La palabra «mero» guarda la excepción: Cristo, hombre verdadero pero no mero hombre, sí los guardó. Todos los demás los quebrantan diariamente y en los tres planos (pensamiento, palabra, obra). Luego el Catecismo precisa dos cosas. Primera (P. 83): no todos los pecados son igualmente graves —«algunos… por razón de diversas agravantes, son más graves ante los ojos de Dios que otros»—; hay grados de gravedad (contra la idea estoica de que todos los pecados son iguales). Segunda (P. 84): pero todo pecado, por pequeño que sea, «merece la ira y la maldición de Dios, tanto en esta vida como en la venidera» —ningún pecado es inocuo; todos merecen condena—. Este es el veredicto de la ley: el hombre la quebranta a diario, y cada quebrantamiento merece la ira. La ley no salva; condena. Y al condenar, cumple su oficio: lleva al pecador a buscar quién lo libre.

La respuesta del evangelio (P. 85–87). «¿Qué exige Dios de nosotros para que escapemos de su ira…?» (P. 85). La respuesta es el evangelio: «fe en Jesucristo y arrepentimiento para vida, junto con el uso diligente de todos los medios externos por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención». Tres cosas: la fe, el arrepentimiento y el uso de los medios (que el Bloque 11 expondrá). Nótese que estas no son obras meritorias que compren la salvación —son gracias salvadoras (P. 86, 87), dones que Dios obra—; pero son los medios que Dios señaló para escapar de su ira: por la fe se recibe a Cristo, y por el arrepentimiento se vuelve uno a Dios. La fe (P. 86) es «una gracia salvadora, por la cual le recibimos, y descansamos en él solo para salvación, tal como él nos es ofrecido en el evangelio» —no un mero asentir, sino un recibir y descansar: la fe descansa en Cristo solo, tal como el evangelio lo ofrece—. El arrepentimiento (P. 87) es «una gracia salvadora, por la cual un pecador, por un verdadero sentido de su pecado y por la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo, se vuelve de su pecado a Dios, con dolor y odio de él, y con pleno propósito de nueva obediencia, y esfuerzo por alcanzarla». Nótese su anatomía: nace de dos raíces (el sentido del pecado y la aprehensión de la misericordia —no solo terror, sino esperanza en Cristo—); su acto es volverse (del pecado a Dios); y lo acompañan el dolor, el odio del pecado y el propósito y esfuerzo de nueva obediencia. Fe y arrepentimiento son inseparables: la fe mira a Cristo, el arrepentimiento se aparta del pecado; son dos caras de la conversión.

Usos eclesiales

Este bloque es el corazón pastoral del Catecismo: el lugar donde la ley entrega al pecador al evangelio. Donde se enseña bien, el creyente no se desespera ante la ley ni se confía en sí mismo: sabe que no la guarda (P. 82) y que merece ira (P. 84), pero también que Dios le exige fe y arrepentimiento (P. 85), gracias que él mismo da. La ley lo humilla; el evangelio lo levanta.

En la catequesis. Conviene enseñar el uso de la ley que lleva a Cristo (P. 82–84): la ley no se enseña para que el hombre se justifique cumpliéndola, sino para que se sepa transgresor y busque al Salvador. Y conviene definir la fe (P. 86) como recibir y descansar (no mero asentir) y el arrepentimiento (P. 87) por sus dos raíces (sentido del pecado + aprehensión de la misericordia), guardando contra el remordimiento sin esperanza (que es desesperación, no arrepentimiento).

En la predicación. La secuencia P. 82–87 es la estructura misma de la predicación del evangelio: la ley descubre el pecado y la ira (P. 82–84), y el evangelio ofrece a Cristo, recibido por fe y arrepentimiento (P. 85–87). Predicar la ira sin el remedio desespera; predicar el remedio sin la ira lo abarata. La definición de la fe (P. 86) guarda contra el mero asentimiento intelectual; la del arrepentimiento (P. 87), contra el dolor sin conversión.

En la membresía y la formación. El que profesa la fe ha de poder, con P. 86–87, dar razón de la fe (recibir y descansar en Cristo) y del arrepentimiento (volverse del pecado a Dios). El oficial debe sostener la incapacidad del hombre caído (P. 82; cf. CFW 16.4) contra el perfeccionismo, la desigualdad de los pecados con su demérito universal (P. 83–84), y la naturaleza de la fe y el arrepentimiento como gracias salvadoras (dones, no obras meritorias), inseparables entre sí (cf. CFW 14–15). De este bloque depende que la iglesia predique la ley y el evangelio en su justo orden.

Preguntas de estudio

  1. ¿Puede algún hombre guardar perfectamente la ley, y qué guarda la cláusula «mero hombre» (P. 82)?
  2. ¿Son iguales todos los pecados? ¿Qué merece cada uno (P. 83–84)?
  3. ¿Qué tres cosas exige Dios para escapar de su ira (P. 85)? ¿Son obras meritorias?
  4. ¿Qué es la fe en Jesucristo, y qué la distingue del mero asentimiento (P. 86)?
  5. ¿Cuáles son las dos raíces del arrepentimiento, y por qué importa la segunda (P. 87)?
  6. ¿Por qué fe y arrepentimiento son inseparables, y por qué el Menor y el Mayor los nombran en distinto orden (P. 85; CMa 153)?
  7. ¿Cómo cumple la ley su oficio de llevar a Cristo (P. 82–85)?

Glosario del bloque

Incapacidad — la imposibilidad del hombre caído de guardar perfectamente la ley; la quebranta diariamente (P. 82; CMa 149; CFW 16.4). Agravantes — las circunstancias que hacen a unos pecados más graves que otros ante Dios (P. 83; CMa 151). Demérito del pecado — que todo pecado, aun el menor, merece la ira y maldición de Dios en esta vida y en la venidera (P. 84; CMa 152). Fe en Jesucristo — gracia salvadora por la cual recibimos a Cristo y descansamos en él solo para salvación, tal como se ofrece en el evangelio (P. 86; CMa 72; CFW 14). Arrepentimiento para vida — gracia salvadora por la cual el pecador, por el sentido de su pecado y la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo, se vuelve de su pecado a Dios con propósito de nueva obediencia (P. 87; CMa 76; CFW 15). Gracia salvadora — don obrado por Dios (no obra meritoria del hombre); así se llaman tanto la fe como el arrepentimiento (P. 86–87).

Bibliografía comentada

  • Texto base: Catecismo Menor de Westminster, edición de estudio IPR; Glosario IPR v2.4 («agravantes», P. 83).
  • Catecismo Mayor: CMa 149 (la incapacidad), 150–151 (las agravantes), 152 (el demérito), 153 (lo que Dios exige), 72 (la fe justificadora), 76 (el arrepentimiento) — paralelos directos.
  • Confesión: caps. 14 (De la fe salvadora), 15 (Del arrepentimiento para vida), 16.4 y 19.6 (la imposibilidad de guardar la ley) — fundamento de este bloque.
  • G. I. Williamson, The Shorter Catechism for Study Classes — preguntas de clase sobre P. 82–87.